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¿Hay que liberar las patentes de las vacunas?

Doctores de la URV, médicos en Joan XXIII y el Sant Joan, expertos en propiedad industrial, epidemiólogos y economistas debaten sobre expropiar para producir más. La ciencia, a favor

Raúl Cosano

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El debate es espinoso y cuenta con muchas voces a favor y algunas en contra. EFE

El debate es espinoso y cuenta con muchas voces a favor y algunas en contra. EFE

La escasez de vacunas que impide inmunizar con la rapidez deseable ha hecho aflorar el debate sobre si hay que levantar las patentes para permitir un incremento de la producción. Cada vez son más las voces que reclaman obligar a las farmacéuticas a compartir su explotación exclusiva.

El debate es espinoso y cuenta con muchas voces a favor y algunas en contra. El Col·legi Oficial de Metges de Tarragona (COMT), a través del posicionamiento del Consell de Col·legis de Metges de Catalunya, apuesta por que las dosis sean «un bien público universal». El ente médico provincial recuerda que «estas vacunas son también una realidad gracias, en buena parte, a la financiación pública de la investigación» y aboga por una liberalización que respete «el principio básico de la propiedad intelectual» pero que «haga posible mejorar sustancialmente la capacidad de producción y distribución».

El COMT reconoce que «las barreras son muchas, incluyendo las limitaciones que pueden suponer las patentes y la falta de transferencia de conocimiento para poder multiplicar la producción mundial». Los médicos consideran que, «ante una crisis global sin precedentes, creemos necesarias medidas que estén a la altura para responder, por encima de barreras e intereses, a criterios de salud pública».

En parecida línea opina buena parte de la ciencia y, sobre todo, los sanitarios, exhaustos tras más de un año de lucha contra el SARS-CoV-2. Catedráticos de la URV, médicos en los hospitales Joan XXIII y Sant Joan, epidemiólogos o incluso doctores de laboratorios privados de Tarragona son contundentes y piden una negociación política que acabe por liberar estas licencias para que más farmacéuticas puedan fabricar antígenos, eso sí, contemplando algún tipo de compensación y reconocimiento a las marcas que han impulsado estos compuestos contra la Covid-19. Esta misma semana, cerca de 200 exmandatarios mundiales y premios Nobel han reclamado ese levantamiento de patentes para acelerar el final de la pandemia.

La misma OMS también ha apoyado la postura para facturar profilácticos a gran escala y a precios inferiores. Pero las posturas no son unánimes. Desde la ciencia o desde el punto de vista económico, hay expertos que, además de incidir en su complejidad, defienden no caer en medidas tan drásticas y optar por soluciones intermedias que no desincentiven la investigación en la todavía larga carrera farmacológica contra el coronavirus. Acuerdos y alianzas concretas con laboratorios para que se fabrique más o aumentar la exigencia en los contratos pueden ser algunas alternativas más suaves. 

«Existen fórmulas intermedias»

Montse Olona. Epidemióloga, doctora en el Hospital Joan XXIII y profesora en la URV

«Llevamos tiempo discutiendo sobre este debate, incluso antes de la pandemia. En el contexto actual, liberalizar puede ser un planteamiento para que más gente pueda producir pero pensar que eso solucionará el problema de escasez es algo simple si no se analiza todo, los pros y los contras. Hay una dificultad inicial de producción y distribución pero creo que, antes que la liberalización, se pueden usar fórmulas intermedias como las licencias de producción, una fórmula para incrementar los acuerdos entre laboratorios. Necesitamos que siga habiendo más investigación y nos conviene que la industria continúe interesada. Se pueden explorar otra vías, como se ha hecho con los grupos de investigación, que han funcionado muy bien. Tiene que haber acuerdos entre generadores de vacunas y productores y, además, darle poder al sistema Covax, de la OMS, para llevar las vacunas a todos los países. Nuestro mundo es un equilibrio de fuerzas, y tomar decisiones tan unilaterales como la expropiación son demasiado simplistas. No tengo claro que sirvan. Hay que respetar la propiedad intelectual. Creo que hay alternativas que pasan por alianzas para que se pueda incrementar la fabricación». 

«Es factible y muy necesario»

Àlex Arenas. Físico y catedrático de Ingeniería Informática y Matemáticas URV

«Liberar las patentes es algo absolutamente necesario y, desde el punto de vista humanitario, sería lo mejor para evitar cualquier lucha económica. La pandemia es algo mundial que no superaremos hasta que todo el planeta esté vacunado, y eso quiere decir también entrar en África y en países muy pobres donde las vacunas difícilmente llegan. En una pandemia mundial no tiene sentido que no se hayan liberalizado patentes».

«No podemos ir en contra del mercado que ha posibilitado estos fármacos y hace falta un reconocimiento, pero también hay que tener en cuenta que estas investigaciones se han fomentado en buena parte desde la pública. Se puede encontrar un equilibrio y es algo fácil si hay buena voluntad. En esta situación hay que tomar decisiones valientes y humanas. Las reticencias económicas que podría haber se resolverían en una mesa de negociación. Con la polio se consiguió, lo que ocurre es que el sistema tiende hacia una economía de mercado que en estos momentos resulta contraproducente y entran estrategias geopolíticas que no deberían, pero levantar las patentes es algo factible». 

«Es posible expropiar pero hay que compensar»

José-Daniel Vila Robert. Ingeniero, exdirector de Patentes Ministerio de Industria y Energía

«Los productos farmacéuticos se protegen a través de la figura de las patentes, tanto a su procedimiento como al producto. Tiene que haber un equilibrio de intereses entre las farmacéuticas y el Estado. Las patentes son necesarias porque los proyectos médicos y farmacéuticos son carísimos y, sin la cobertura que ofrecen, nadie se pondría a investigar». 

«Podría darse la situación en la que un laboratorio produzca poco intencionadamente pero las leyes de patentes tienen un mecanismo de licencias obligatorias para obligar a fabricar más y que eso no suceda. Hay que tener en cuenta que los laboratorios son sociedades cuyo objetivo es ganar dinero. Hay mecanismos que se pueden aplicar antes que la expropiación forzosa, como hacer que las marcas cumplan con unos determinados niveles de fabricación. En todo caso, la liberalización forzosa y total sería posible pero entonces se tendría que ver de qué manera se compensa el gasto en investigación, como pasa en todas las expropiaciones». 

«Tenemos que exigir en los contratos»

Agustí Segarra esta semana en la redacción del ‘Diari’. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ
Agustí Segarra. Catedrático de Economía Aplicada en la URV

«La viabilidad no es fácil. Quitar unos derechos legítimos de la empresas y por los que pagan un importe no es sencillo. Lo que hay que hacer es, cuando los contratos mercantiles que se firman no se cumplen, actuar, como está haciendo la UE. Sacar un derecho a la brava es difícil porque de entrada hay que poner de acuerdo a todos los países. El crecimiento de la producción es exponencial y entrarán más marcas y puede ser que en poco tiempo nos estén sobrando vacunas en los países ricos. Podemos llegar a tener 15 o 20 marcas y eso también hará que el mercado sea más competitivo. Lo que hay que hacer, para intentar combatir la pandemia desde el punto de vista global, es llevar esas vacunas a todo el planeta a través de la OMS, que debería recuperar la financiación de los estados que ha ido perdiendo. El fondo Covax debería permitir eso. A largo plazo hay que hacer una reforma del sistema de patentes, que refleje bien la importancia de la financiación pública en las farmacéuticas, aunque esa colaboración mixta sea buena: el Estado hace la investigación básica pero es más eficiente que el último trabajo lo haga la empresa privada». 

«Ahora urgen estas medidas extraordinarias»

Antoni Castro. Decano Facultat Medicina URV y jefe de medicina interna en el Sant Joan

«Hay una necesidad planetaria, fuera de lo habitual, y en estas situaciones extraordinarias hacen falta medidas extraordinarias. Lo que ha pasado con la Covid-19 rompe todos los moldes y cuestiona muchas cosas de los sistemas productivos, de la dependencia de algunos países por el material sanitario. Todos dependenos de la industria farmacéutica, que es la única que puede fabricar el único mecanismo eficaz contra la Covid-19, que son las vacunas. Hay que hacer todo lo posible para que, más allá del beneficio privado, que es muy loable y noble, se ponga la vacuna en manos de la ciudadanía».

«Los organismos internacionales deberían tener la potestad de hacerlo, entendiendo que habrá que compensar esa inversión que han hecho las marcas. Es muy racional y tiene todo el sentido del mundo pensar eso, sin menospreciar la importancia de la investigación. De la misma manera en que pides al sanitario que aguante, que arriesgue su vida en la pandemia, también la industria farmacéutica debería aportar su parte de sacrificio. Pero soy escéptico. Es decepcionante la falta de capacidad de Europa para reclutar vacunas. No tengo esperanzas en grandes cambios. Llegamos tarde a muchas cosas. Confío poco en los modelos de gobernanza internacional».

«Es la forma de producir en masa»

Mònica Bulló. Doctora, profesora de Bioquímica y Biotecnología URV

«La liberalización favorecería la producción, de la que ahora estamos cortos. Supondría un incremento prácticamente inmediato. Estamos en una situación excepcional pero también es cierto que la industria ha hecho un esfuerzo para poner estos productos en el mercado. Hay una investigación que se debe reconocer, aunque también se han volcado muchos esfuerzos públicos». 

«Estamos en una pandemia mundial y, como tal, la situación es extrema. Si un país no tiene acceso a la vacuna ahí se puede generar un foco de infección. Se tiene que hacer un balance y atender a un equilibrio, ver lo que estas farmacéuticas han invertido de fondos propios y el rendimiento que obtienen. No estamos diciendo que no se compre y no se pague por la vacuna, sino de liberalizar la producción para que llegue a mucha gente. Todo es cuestión de ver cómo, a nivel internacional, se puede dar ese reconocimiento a esos proyectos. No hay que hacer un enfoque desde el punto de vista de los estados o de la UE, sino internacional. La única forma de que se consiga una producción en masa y llegar a mucha más gente sería esa liberalización». 

«Ha habido una inversión pública»

Josep Guarro. Catedrático de Microbiología en la URV e investigador

«Algunos de los laboratorios que han desarrollado las vacunas han tenido fondos públicos, así que no está tan claro que el beneficio que obtengan deba ser solo para ellos. Es una batalla y un debate largo, porque a veces cuesta mucho ver quién es el propietario de esas empresas. Muchos estados europeos han aportado bastantes fondos públicos, así que cabe preguntarse de quién es esa propiedad intelectual. Liberalizar la producción de estas vacunas es algo totalmente deseable y conveniente en esta situación de emergencia que vivimos. No hablamos de que nos estemos enfrentando a una enfermedad pequeña, sino de algo que tiene muchísimo alcance. ¿Hasta qué punto haber destinado dinero público a esas investigaciones no legitima que un gobierno pueda liberalizar? Habría que discutirlo y debatirlo, poner precios que fueran razonables, negociar y llegar a acuerdos. Es algo que puede ayudar mucho a combatir la pandemia, puede facilitar la producción y permitir llegar antes a la inmunidad de rebaño, que es lo que queremos todos». 

«Las patentes deben ser universales»

Joan Inglés. Doctor de la Unitat de Vigilància de la Salut del Hospital Sant Joan

«Las farmacéuticas han recibido dinero público, con una financiación global. Estas marcas que han producido las vacunas se han aprovechado de investigaciones comunes y compartidas. Que se compartiera el genoma del virus desde el inicio, que las publicaciones fueran abiertas y gratuitas, que además se haya financiado con dinero común, y que ahora las patentes no se compartan, me parece fuera de sentido y kafkiano. Hay que compartir patentes para que toda la industria con capacidad de producir se pueda poner a fabricar de forma mavisa. Las patentes tienen que ser universales. Los laboratorios que han hecho las vacunas reciben una estructura genética del virus que ya estaba hecha. Eso no lo han tenido que investigar. Sabían cosas del SARS-CoV-2 porque se compartieron y no invirtieron ni un céntimo en eso. Es un proceso complicado. Habría que compensar, ya que supondrá facilitar a la competencia la línea de investigación de las futuras vacunas de ARN, que son la nueva generación, pero todo es negociable y seguro que se puede llegar a acuerdos. Hay que recompensar pero no podemos mantener esta exclusividad». 

«Puede haber una liberalización temporal»

Francisco Algaba. Doctor y profesor en la URV, coordinador de la unidad biología molecular en Laboratorios Eldine

«La vacuna debe llegar a todos los países de manera urgente para avanzar hacia una inmunidad mundial. Es una cuestión de justicia y de eficacia pero, sobre todo, de ética médica. Como sanitarios, nuestra máxima es salvaguardar la vida de las personas y mejorarla tanto como sea posible. En este aspecto, la situación ideal sería análoga a la del descubrimiento de la vacuna de la polio hace más de 60 años por el doctor Salk con su célebre frase: «No hay patente. ¿Acaso se puede patentar el sol?».«Por otro lado, también se debe tener en cuenta que las compañías y los gobiernos que han desarrollado la vacuna han invertido millones y millones en investigación, controles de seguridad, personal y producción para tener la vacuna lista en menos de un año, un hito completamente histórico. Liberar las patentes es una solución para esta pandemia, pero nadie nos asegura que no vayamos a sufrir otra en el futuro. Necesitaremos que toda la maquinaria científicoempresarial se ponga a trabajar de nuevo. Dada la emergencia, una posible solución sería una liberalización temporal de las patentes».

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