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¡Hay relevo!

No les dan miedo ni los tambores de Calanda ni las cornetas, los aspirantes de las agrupaciones de la Setmana Santa tarraconense demostraron que están preparados para salir y tomar la calle.

N.Riu

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El encuentro acabó con una pieza conjunta entre todos los participantes. Foto: Pere Ferré

El encuentro acabó con una pieza conjunta entre todos los participantes. Foto: Pere Ferré

El sábado por la mañana es sinónimo de día de mercado de la fruta y la verdura en la Part Alta. Sin embargo, ayer en las angostas calles del núcleo histórico se cruzaban carros de la compra con grupos de turistas –sobre todo franceses y muchos jubilados– y algunas vestas.

Aunque la gente no tenga ni idea de qué se está celebrando, o no sabe dónde tiene lugar, el pequeño mundo que queda en el interior de la muralla se mueve sobre unas reglas preestablecidas. Cuando las escaleras de la Catedral cada vez están más llenas de gente sentada es que algo está pasando. Y enseguida uno se da cuenta de ello cuando el retumbar de los timbales, que amplifica su sonoridad a causa de las estrechas calles, se va haciendo cada vez más fuerte a medida que se aproximan a la Plaça Santiago Russinyol.

Los anfitriones eran la banda de aspirantes de los nazarenos, que como tal fueron los encargados de abrir el camino desde Sant Miquel. Les seguían la docena de niños de la Escola del Gremi de Marejants, que el Viernes Santo acompañarán al Sant Sepulcre y al Sant Enterrament. Aunque en esta ocasión tenían a una baja representación, los grandes tambores de Calanda que los acompañan les dieron una presencia que despertó los primeros aplausos.

La nota de color en esta ocasión la protagonizaron los aspirantes del Nostre Pare Jesús de la Passió, los únicos que ayer rompían el negro de los trajes, con su vesta de color blanco. Unos veinte jovencísimos de seis a doce años siguieron con una muestra que arrancó grandes aplausos con la entrada a plaza de la Banda Infantil de La Soledat. «Madre mía, pero mira que criaturas más ricas», decía una señora de edad de entre el público, que no podía dejar de contemplar a los niños que tienen el lujo de acompañar a la Mare de Déu de la Soledat en la procesión del Sábado y durante la recogida de los pasos.

La clausura la hacían los nazarenos, que acompañados de los timbales y cornetas, ofrecieron alguna de las piezas que acompañan a El Cirineu.

Si se compara con los años de historia que rodea a cada uno de los elementos de la Semana Santa tarraconense, las bandas de timbales y tambores son relativamente jóvenes. Sobre todo las de los aspirantes. Y prueba de ello es que la más antigua de las agrupaciones que actuó ayer era la de La Soledat, de 1991, mientras que la del Nostre Pare Jesús de la Passió este año cumple el segunda aniversario.Pese a ello, se han convertido en el instrumento necesario para que los niños entren y participen de la actividad de las cofradías y puedan garantizar el relevo y la continuidad. Y, de momento, tal y como pudo verse en esta primera muestra infantil, en los próximos años está asegurado. La fuerza y el empeño que les mueve lo demostraron en la improvisada pieza de despedida que hizo levantar al público con sus aplausos.

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