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Héroes atormentados en una familia muy peculiar

#seriesenvena
‘La academia Umbrella’.
La última serie de Netflix se basa en los cómics de Gerard Way y Gabriel Ba para la editorial Dark Horse

Yolanda Fernández

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La familia Hargreeves, un compendio de superhéroes nada comunes. Foto: Netflix

La familia Hargreeves, un compendio de superhéroes nada comunes. Foto: Netflix

Si tu padre es un loco autoritario, tu madre un androide y tu mayordomo un orangután parlanchín... ¿qué puede salir mal? Pues mucho me temo que casi todo.

En La academia Umbrella tenemos a una familia disfuncional formada por los anteriormente nombrados y siete hijos. Pero ¿de dónde han salido?

Todo comienza en octubre de 1989, cuando cuarenta y tres mujeres de todo el mundo dieron a luz. Nada raro si no fuese por el hecho de que ninguna de ellas estaba embarazada al levantarse de la cama ese día. Siete de los bebés nacidos fueron adoptados por un excéntrico multimillonario llamado Reginald Hargreeves, inventor que los crió de forma estricta para ser la élite de la humanidad, pues cada uno de los bebés tenía un poder especial: teletrasportación, superfuerza, rapidez. Menos una de las hijas que solo sabía tocar el violín.

 

El duelo une... o no
Pasan los años y cada uno ha terminado haciendo su vida y la academia desaparece como tal. Pero el funeral de su padre, que ha muerto repentinamente, los obliga a reunirse de nuevo.

Cada uno de los miembros de la familia ha evolucionado de manera muy distinta a como se esperaba. Era tal el nivel de exigencia y autoridad del padre que ni siquiera les llamaba por sus nombres, sino que les puso un número. ¿Puede une relación paterno-filial ser más fría? Así tenemos al Número Uno Luther (Tom Hopper), que vive en la Luna y posee súper fuerza, el Número Dos Diego (David Castañeda), rápido y habilidoso con los cuchillos, la Número Tres Allison (Emmy Raver-Lampman), una famosa actriz que con solo susurrarte algo consigue que lo hagas, el Número Cuatro Klaus (Robert Sheenan), un drogadicto que consigue hablar con los muertos, el Número Cinco (Aidan Gallagher), que posee el poder de la teletransportación y finalmente tenemos a Vanya (Ellen Page), la Número Siete de los hijos que en principio no posee ningún poder y solo toca el violín, eso sí, como los ángeles. El Número Seis Ben (Justin H. Min), murió sin que de momento se sepa cómo fue. El único que tiene contacto con él es Klaus debido a su habilidad para comunicarse con los muertos. Esta crianza marca y cuando vuelven a encontrarse de adultos no es que sean la familia más unida del mundo. Si a eso le sumamos que Número cinco vuelve de uno de sus viajes al futuro y avisa de que tienen menos de una semana para salvar al mundo y que además Número uno sospecha que su padre realmente ha sido asesinado, la cosa se complica y mucho.

Caótica y desordenada
La academia Umbrella se basa en los cómics de Gerard Way y Gabriel Ba con lo que su punto de partida ya es bueno, pero no sé si el desarrollo termina de ser todo lo bueno que podría haber sido.

Soy consciente de que la propia naturaleza de los personajes se presta al caos y la locura. No he visto yo un grupo más ecléctico de superhéroes en una misma serie en mi vida. Y claro, conformar un producto compacto y que no decaiga en ningún momento es bastante complicado.

 

La serie fluye como si de una montaña rusa se tratara, tiene un comienzo bastante sorpresivo y con toques de humor y sarcasmo maravillosos pero de pronto decae y hay momentos en que, o bien porque hay situaciones que llegan a ser verdaderamente rocambolescas o bien porque se mezclan géneros bastantes opuestos entre sí, a mí no me termina de convencer totalmente. Eso sí, hay instantes que solo por ellos ya merece la pena verla. Apetece ver cómo unos personajes con súper poderes que suponemos tendrían que ser perfectos y felices tienen los mismos problemas y complejos que el resto de nosotros.

La academia Umbrella, sin ser una obra maestra del género, entretiene y mucho y yo creo que con eso ya basta.

Y si con todo esto todavía no os he convencido para verla solo por el último capítulo hay que hacerlo sí o sí. Sin discusión.

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