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Hipotermia terapéutica a un bebé con falta de oxígeno para evitarle secuelas

El bebé, que sufrió falta de oxígeno debido a la rotura del útero de su madre, permanecerá a 33,5º C durante tres días
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El recién nacido en la UCI neonatal de Joan XXIII con el aparato que mantiene su temperatura estable en 33,5 grados.  Foto: Juli Nomdedeu

El recién nacido en la UCI neonatal de Joan XXIII con el aparato que mantiene su temperatura estable en 33,5 grados. Foto: Juli Nomdedeu

«Por fin hemos podido armar el puzzle», reconoce, sin conseguir ocultar su entusiasmo, el doctor Ricardo Closa, jefe de pediatría del Hospital Universitari de Tarragona Joan XXIII. Se refiere a que por fin este sábado, después de más de un año de preparación, el hospital por primera vez ha conseguido aplicar la hipotermia terapéutica a un bebé nacido en el hospital.

Se trata de una técnica que ya se emplea en otros hospitales en todo el mundo y que consiste en bajar la temperatura de los bebés que han sufrido falta de oxígeno y sangre en el cerebro antes, durante o inmediatamente después del parto. Este cuadro, que se conoce como encefalopatía hipóxico-isquémica, en función de su gravedad, ocasiona distintas alteraciones neurológicas. Se calcula que se dan 1,5 casos por cada mil nacimientos, por lo que en la demarcación de Tarragona, con unos cho mil nacidos al año, la incidencia estaría entre 5 y 6 casos anuales.

La intención al bajar la temperatura, explica Closa, es «disminuir el número de células que mueren y lograr que las que se salven lo hagan en mejores condiciones». Con ello mejoran las posibilidades de que el recién nacido no tenga lesiones y aumenta la probabilidad de que sobreviva sin discapacidad.

 

Larga preparación

La oportunidad de aplicar la técnica se presentó este sábado: una madre con un embarazo de 38 semanas (a término) que se encontraba en el hospital sufrió una rotura del útero. Tuvieron que practicarle una cesárea de emergencia. «Fue una situación grave, el bebé ya estaba fuera del útero, en el abdomen», relata.

En ese momento se le realizaron distintas pruebas para confirmar el sufrimiento por falta de oxígeno que había sufrido el bebé, que debió ser intubado inmediatamente. A partir de allí se decidió someterle a la hipotermia, una técnica que sólo está recomendada para recién nacidos de más de 34 semanas y que no tienen malformaciones. Debe aplicarse, además, en las siguientes seis horas después del parto (cuanto antes, mejor) y debe mantenerse durante 72 horas, tres días, que en el caso de este recién nacido terminarán hoy por la tarde, cuando le comenzarán a subir la temperatura gradualmente.

Gracias a unos parches por los que circula agua, puede mantenerse la temperatura entre 33 y 34 grados. Además, las constante vitales y neurológicas son controladas en todo momento.

Para tratar estos casos fue necesario, además de adquirir los aparatos necesarios, la preparación del personal, tanto de pediatras y enfermeras como de otros especialistas como cardiólogos, neurólogos y radiólogos, entre otros. Justamente la semana pasada habían tenido la última de una serie de sesiones conjuntas. Hasta entonces, los especialistas también habían estado practicando sobre maniquíes y formándose en otros hospitales donde se practica la técnica.

 

Antes se viajaba a Barcelona

Hasta ahora los bebés que podían beneficiarse de esta técnica debían ser trasladados urgentemente a Barcelona. Lo único que se podía hacer en Tarragona era no calentarles, como se hace habitualmente. Además, está el agravante de que la ambulancia especializada para el traslado debe venir expresamente desde Barcelona, una situación que también está en vías de solventarse en los próximos meses.

Apunta Closa que estas circunstancias sirven para recordar la importancia de que el embarazo sea controlado, especialmente en la última etapa, y de que el niño pueda ser valorado inmediatamente al nacer. «A veces la situación (de falta de oxígeno al feto) pasa desapercibida y no podemos saberlo hasta que vemos signos al nacer», explica.

En lo que respecta a los padres, Closa reconoce que comunicar situaciones tan críticas es muy complicado, «porque siempre hay que informar con responsabilidad». Los resultados en este caso en particular se comenzarán a ver cuando se suba la temperatura. No obstante, «cada niño responde de una manera diferente al tratamiento y al sufrimiento», advierte.

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