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Historias en el reverso de una foto

Reportaje. Lluís Bonancia es coleccionista de fotografías familiares antiguas. Con paciencia y constancia consigue poner nombre a muchas caras del pasado

Norián Muñoz

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Historias en el reverso de una foto

Historias en el reverso de una foto

Lluís Bonancia pertenece a la tercera generación de una casta de ebanistas tarraconenses, pero en su tiempo libre se dedica a alimentar una afición que, reconoce sonriente, «se me está yendo de las manos». 

Y es que Bonancia colecciona fotografías antiguas de las cuales ya atesora unas 12.000, la mayoría fechadas entre los años 1850 y 1930. Las escanea, restaura y muchas las sube a su blog: tarragonavintage.

Cuenta que todo comenzó cuando el médico, por motivos de salud, le dijo que debería buscarse un hobby. Comenzó con los árboles genealógicos y, a través de ellos, se enteró de la existencia de un fotógrafo tarraconense de apellido Pallejà que trabajó a finales del siglo XIX y que sería familia lejana suya.

Fue así como comenzó a hacerse con lotes de fotografías antiguas que compraba en mercadillos. Son todas fotos de particulares y generalmente terminan a la venta cuando muere alguna persona mayor y la familia que queda ya no reconoce a los personajes que les miran desde el pasado.

Pero la peculiaridad de Bonancia es que no sólo se dedica a atesorar imágenes, sino que se empeña, con curiosidad y constancia, en sacar del anonimato aquellas caras. Cuando lo consigue se ocupa, además, de situarlas en un contexto tanto geográfico como histórico.
Para esta labor de hormiguita cualquier dato es bueno, desde una dedicatoria en el reverso de la imagen, hasta cualquier otro detalle. Todo lo demás es ir tirando del hilo con visitas a hemerotecas y archivos. Contó, además, con la inestimable colaboración del fotógrafo y coleccionista Joaquim Cabezas Rectoret, fallecido hace unos meses.

El vice-cónsul fotógrafo
Es así como ha dado con auténtica joyas, como la colección que, con toda probabilidad, pertenecía al que fuera vice-cónsul de Francia en Tarragona, Olivier Ordinaire, quien ejerció en la ciudad entre 1886 y 1893.

Este fotógrafo aficionado dejó una completa colección de estampas de la Tarragona de finales del siglo XIX. Se pueden ver imágenes como la que abre el reportaje, de una mujer leyendo la prensa en le Rambla Nova, entonces Rambla de San Juan.

Abundan, además, fotos del entorno del Portal de Sant Antoni, donde tenía su residencia. Allí igual se ven militares en un desfile, que gente abasteciéndose en la Font d’Armanyà, en una época en la que no llegaba el agua corriente a los hogares.

En una de sus imágenes puede intuirse, incluso, cómo se colocaban las barandillas del Balcó del Mediterrani.

Reencontrarse con los abuelos
La consecuencia colateral de estas averiguaciones ha sido, en muchos casos, que algunas familias consiguen poner cara a antepasados de los que ni siquiera conocían su existencia.

Es así como ha dado con imágenes de la familia burguesa Bacardí que vivía en Barcelona durante la Guerra del Francès, o con Josep Monegal Nogués, quien fuera alcalde de la ciudad condal.

También cuenta con una buena compilación de imágenes de la familia Borbón-Parma, una de las ramas italianas de la Casa de Borbón española y pretendientes carlistas al trono de España.

También ha dado con fotos únicas que le han pedido para libros históricos y personajes que se han quedado en el imaginario colectivo. Es el caso de Saturnino Calleja, editor, pedagogo y escritor, autor de libros de educación primaria y de lecturas infantiles pero recordado, sobre todo, por la popular frase de tener «más cuento que calleja».

Entre las estampas hay muchas imágenes que pueden sorprender a cualquier tarraconense, como ver El Serrallo nevado en 1917 o las vías de cuando por la ciudad circulaba un tranvía. Hay también curiosas estampas de instituciones de la ciudad como el Club Gimnàstic o el Col·legi La Salle.

Se puede ver la evolución de las profesiones que hoy conocemos. Un ejemplo son una serie de instantáneas de los bomberos de Barcelona en 1920 . Y de oficios perdidos, como recuerda un recio botero perpetrado para reparar un tonel, fotografiado en Tarragona a finales del XIX.

La niña violinista
Pese a todo, en la colección de Bonancia hay imágenes que todavía no han encontrado su identidad, pero su sola contemplación ya es un placer, como la foto coloreada de una niña pequeña con un violín.

Aunque si lo que se quiere es encontrar vidas interesantes, un paseo por la página de Bonancia (aunque la organización es algo arbitraria), puede dar para mucho. Es el caso sugerente de una foto de Luisa Velasco, una de las hermanas que formaban el dúo de bailarinas y cantantes  ‘Las Camelias’ a finales del siglo XIX. Originarias de Andalucía, actuaron por diferentes escenarios de España, Europa y América. Lo curioso es que la foto es de un estudio de Londres, donde dieron clases de canto y baile y se publicitaron en diferentes periódicos de la ciudad. Toda una novela.

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