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Homenaje a los oficios: el señor Emili Vercher

Olvido. Nuestra sociedad se ha trabado de aspiraciones universitarias y se ha olvidado de la maestría, de las profesiones y de los oficios

ENRIC CASANOVAS

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El maestro Emili Vercher. FOTO: Cedida

El maestro Emili Vercher. FOTO: Cedida

Demasiado a menudo, los arquitectos se afanan en darse premios. Premios FAD, PRITZKER, ALEJANDRO DE LA SOTA... Hay centenares de premios. Un determinado rol social se ha instalado para reconocer en tiempo real, sin esperar el poso de los años, el ejercicio de la buena arquitectura, según algunos. La recién estrenada Ley de la Arquitectura, en Catalunya, utiliza en su articulado más de 62 veces el vocablo arquitectura. Y la palabra construcción, creo que solo aparece 4. Tristemente se disocia la arquitectura de su ejecución, como un todo. La arquitectura quiere caminar aparte de la construcción y ello no es posible. Son tiempos en que los oficios han quedado relegados a nada. Los oficios de la construcción ni se premian, ni se reconocen, ni se potencian. Y hay verdaderos oficios maravillosos, ejercidos por auténticos maestros. Por ello, este artículo es un sentido homenaje a un oficio vivo, a un artista, a un maestro de la restauración y la pintura afincado en Santes Creus: es el señor Emili Vercher. Los que hemos tenido suerte de trabajar con él, aunque sea pocas veces, reconocemos que el arquitecto es a la arquitectura como la construcción a los oficios. Y los oficios son el latir de la arquitectura. Un bello triangulo indisociable.

Entre sus humildes trabajos, el señor Vercher ha dado color a la restauración del Campanar de Valls, a la portalada del Monasterio de Santes Creus, así como otras tantísimas obras destacables. Yo solo conozco algunas. Ha trabajado con el color como pocos saben. Bote en mano, con brochas gordas, medianas o pinceles finos, arenas finas, lechadas de cal o agua de cal mezcladas con pigmentos naturales y tierras de colores traídas de tierras lejanas. Un maestro dando rienda suelta a su sabiduría para conseguir recuperar texturas, tonalidades y colores de vetustas fachadas y portaladas del XIX. Estucados, esgrafiados, madera. No hay nada que se le resista al señor Vercher en el arte de recuperar el color sobre pátinas envejecidas sobre morteros de cal, estucos o sobre maderas nobles decoradas, o superficies diversas.

Le conocí en 2011, en una de las fachadas de la Rambla Nova 75 que conseguimos recuperar. Las patinas de color del XIX estaban ocultas y un detallado estudio de color nos permitió ver una riqueza cromática inacabable. Y el señor Vercher fue el artífice de mis pequeñas decisiones, mano a mano, arquitecto y maestro colaborando para recuperar colores perdidos. Es como pasar fotogramas de blanco y negro a color a partir de un estudio histórico. Rascando viejas capas, eliminando suciedad de actuaciones sobrevenidas conseguimos ver color debajo del gris. No hay idea que se sostenga sin una buena mano ejecutora y entendí que premiar a la arquitectura implica premiar y reconocer a tantos artesanos y maestros de oficios que como lo es el señor Vercher son fundamentales para nosotros y para una sociedad culta.

Últimamente, nuestra sociedad se ha trabado solo de aspiraciones universitarias y se ha olvidado de la maestría, de las profesiones y de los oficios. Y si no nos damos prisa, pronto se podrá imprimir a escala 1:1 la casa Batlló con tecnología moderna pero seremos incapaces de fabricar una sola pieza cerámica original para sustituirla. O pronto no podremos fabricar un color con pigmentos naturales porque nadie alcanzará a saber cómo.

La sociedad, la arquitectura y los arquitectos y la buena construcción le deben mucho a señores como Emili Vercher. Y no menos que la posibilidad de escribir un libro sobre su oficio, o dar clases magistrales para formar nuevos restauradores. Es por ello que me gustaría que los colegios profesionales tuvieran la certeza, la sensibilidad y el don de la oportunidad de no dejar escapar ocasiones como estas para que arquitectos como yo podamos saber alguna cosita más sobre la pintura a la cal, sobre pigmentos, y cuantas cosas podrían brotar de los labios y las manos sabias de un oficio tan bonito.

Gracias señor Vercher, gracias maestro, por haber dado color al menos a alguna de mis obras, por colorear al alma de un humilde arquitecto. Le animo a dejar su legado en manos de otros aprendices a maestro. Si nuestra cultura no es capaz de preservar esta idea sobre la restauración, en menos de 20 años nuestras ciudades solo podrán ser imitaciones de cartón yeso coloreadas y seremos plenamente incapaces de fabricar una baldosa de cerámica vidriada, o un vitral, o restaurar una policromía en madera.

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