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IPHES, excavar en tiempos de pandemia

Campaña de verano en yacimientos concretos de la Península, entre rigurosas medidas de seguridad

Gloria Aznar

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Gran Dolina, Atapuerca, en Burgos. Foto: Andreu Ollé

Gran Dolina, Atapuerca, en Burgos. Foto: Andreu Ollé

Estrictas medidas de seguridad,  menos personal y yacimientos, así como menor tiempo en ellos resumen la campaña de verano del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES). Las excavaciones, no obstante, han dejado un buen sabor de boca y los profesionales coinciden en la importancia de «no parar. Reajustar los objetivos, pero seguir trabajando». 

«Nos hemos concentrado en yacimientos concretos, en la Península», manifiesta Robert Sala, director del IPHES. «Abric Romaní, Atapuerca, el Barranc de la Boella, el Camp dels Ninots, el Roc de les Orenetes y la Bauma dels Fadrins han sido algunos». Entre las campañas aplazadas se encuentran especialmente las del extranjero. «En el caso de Marruecos hemos pedido una invitación a la universidad con la que trabajamos. También preparamos la documentación para tenerla a punto por si se da la circunstancia de que podemos ir en diciembre, pero no depende de nosotros», explica Robert, quien debía viajar al país africano junto a Palmira Saladié y Gema Chacón. Asimismo, diferentes programas de cooperación, como el de Israel, se encuentran a la espera de la apertura de fronteras. Mientras, los esfuerzos se concentran en publicaciones y analíticas de materiales pendientes.

Camp dels Ninots, Caldes de Malavella. Foto: Gerard Campeny

Atapuerca, en Burgos, fue de  los primeros en abrirse, no exento de cierta tensión. «Es un yacimiento bandera, gigantesco, clave para dar sensación de normalidad, en la medida de lo posible», apunta Marina Mosquera, quien comenta que «este año se han abierto cuatro yacimientos, con un tercio del personal. Son La Sima del Elefante, Gran Dolina alta, Cueva Fantasma y la entrada a la Galería de las Estatuas». La profesora de la Universitat Rovira i Virgili (URV) detalla las actuaciones que han consistido, sobre todo, en acondicionamiento para posteriores campañas . «Es el caso de Elefante, por ejemplo, para poder excavar una gran superficie de uno de los niveles más importantes, del Pleistoceno inferior». Sin embargo, Marina hace hincapié en el protocolo que se siguió en todo momento. «La Fundación Atapuerca ha hecho un esfuerzo enorme. Desde la mañana hasta la noche siempre ha habido una persona velando por la seguridad. A la hora del alojamiento, manutención, transporte y también en las excavaciones». Como ejemplo, cada investigador tenía en cubos su propio instrumental, que se desinfectaba a diario».

Abric Romaní, en Capellades. Foto: Palmira Saladié

Mientras, en el Abric Romaní, en Capellades, también se consiguió avanzar, «aunque en un principio todo parecía que nada iba a ser igual», cuenta Gema Chacón, codirectora junto con Eudald Carbonell y Palmira Saladié. Así, se han podido recuperar «más de 1.500 registros», en uno de los yacimientos principales para el estudio de las poblaciones neandertales a nivel europeo pero, especialmente, de la Península y en el que se han excavado desde el año 83 casi 20 niveles arqueológicos.

«Tenemos una secuencia de ocupación humana de grupos neandertales de los 40.000 hasta los 15-10.000 años», manifiesta Gema desde París, donde es investigadora asociada en el Museo de Historia Natural. «En el Abric Romaní desarrollaban su día a día. Situado en un punto estratégico, en el estrecho de Capellades con el río Anoia, disponían de recursos vegetales, animales como el caballo, el ciervo y el uro y de las rocas para realizar las herramientas líticas. Y por el tipo de sedimentación, se conservan muy bien los restos. Es como una instantánea de la vida que llevaban». 

Barranc de la Boella, en La Canonja. Foto: Ariadna Timoneda/IPHES

Los primeros europeos
También en el Barranc de la Boella los homininos tenían unas condiciones idóneas. «Estudiamos las llegadas de los primeros humanos al Continente, las poblaciones más antiguas de Europa», señala Palmira Saladié, quien también ha excavado este verano en Atapuerca y en el Abric Romaní.

Situado en La Canonja, proporcionaba recursos, «pero al mismo tiempo era hostil para los homininos de hace un millón de años porque lo que encontramos son unos grandes depredadores que probablemente hacían que estos humanos corrieran un gran riesgo. Hienas, jaguares o leones de 300 kilos que tenían que saber cómo enfrentar», revela Palmira. Asimismo, es significativo el conjunto de herramientas líticas, «probablemente de los más importantes de esta cronología en Europa. Hemos encontrado las evidencias de las primeras hachas de mano en Europa, en un millón de años. Hasta que no se hallaron en La Boella, la llegada de este tipo de tecnología se situaba en 500.000 años, pero en 2007 pudimos retrasarlo a un millón de años. Y esto nos dice muchas cosas sobre la colonización, los movimientos de los humanos en el territorio y sus migraciones desde Asia hacia Europa.

El Roc de les Orenetes, en El Ripollès. Foto: Ramón Busquets

El Ripollès
Arrels prehistòriques

En El Ripollès están recuperando trabajos que Eudald Carbonell hizo hace más de 40 años. El investigador Carlos Tornero cuenta que el proyecto Arrels Prehistòriques concierne a dos yacimientos, El Roc de les Orenetes y la Bauma dels Fadrins.

Justamente Les Orenetes fue el primero en abrirse tras el confinamiento. «Al ser un pueblo de montaña, Queralb, con una población muy envejecida, el Ayuntamiento nos puso restricciones, como desplazarnos de casa a la excavación, manteniendo el mínimo contacto con los residentes». Se trata de «una alfombra de huesos, de más de 50 individuos, de todas las edades y ambos sexos», revela Carlos. «Mezclados, porque el sistema de excavación era como nuestros nichos. Retiraban hacia atrás los cuerpos ya descompuestos para colocar el nuevo cadáver».

Yacimientos
Atapuerca; Arrels Prehistòriques ; El Barranc de la Boella o el Abric Romaní,  algunos de los proyectos en los que se ha trabajado.

Por su parte, «La Bauma dels Fadrins tiene una ocupación mesolítica y neolítica. Estamos en la transición entre el final del Pleistoceno y el inicio del Holoceno. Entre los últimos cazadores recolectores y la llegada de los primeros pastores, con dos momentos de ocupación superpuestos». 

Los siguientes pasos del IPHES irán en consonancia con las medidas sanitarias que se decreten en los diferentes países. Los congresos tienen lugar en línea y aunque los viajes al extranjero o el confinamiento han retrasado algunos trabajos, Palmira defiende que «desde mi punto personal, lo más triste y lo que más nos ha afectado ha sido la pérdida del contacto personal porque nuestra ocupación que tiene una parte de creación, de inspiración, de ver trabajar a los demás», concluye.

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