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Incertidumbre entre los empleados de Miasa tras el incendio de la nave

Los trabajadores esperaban este lunes por la mañana indicaciones de la compañía a las puertas de la empresa, mientras los bomberos extinguían pequeños focos. El fuego se quedó cerca de un local con material inflamable y corrosivo, lo que evitó un percance mayor

Raúl Cosano

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Empleados de Miasa, a las puertas del recinto, esperaban indicaciones de la empresa. FOTO: Pere Ferré

Empleados de Miasa, a las puertas del recinto, esperaban indicaciones de la empresa. FOTO: Pere Ferré

Sentados a las puertas de la firma Miasa Logística, los empleados esperaban noticias sobre su futuro sumidos en la incertidumbre. Algunos, con paraguas, se protegían de la lluvia. Allí han acudido este lunes por la mañana como si fueran a trabajar, aun sabiendo que una de las naves de la empresa salió ardiendo el sábado por la noche, afectando a 4.800 metros cuadrados y desatando la alarma, en plena madrugada, en los vecinos de los barrios de Ponent. 

Miasa, creada en 2004, es una compañía dedicada al almacenaje de productos químicos para su posterior carga y distribución a los clientes. Los trabajadores de esta empresa en el Polígon Entrevies aguardaban a novedades, armados de paciencia y conscientes de lo prematuro de la situación; tanto que aún los bomberos se dedicaron durante todo el día de ayer a labores de revisión y control. «Todavía tenemos vehículos trabajando. Estamos haciendo una labor de acabado y extinción completa de los focos que aún tenemos. Son muy pequeños y no revisten mayor importancia, pero tienen que quedar extinguidos por completo antes de poder retirar el material», explicaba Albert Ventosa, jefe de emergencias de Bombers en la región de Tarragona. 

Algunos escombros aún humeaban e impedían el acceso al interior de la nave calcinada. Peritos de la Generalitat se dedicaron a hacer inspecciones y fotografías desde fuera. También hicieron acto de presencia patrullas de los Mossos. «La situación es de una cubierta caída y una estructura colapsada. Aún hay productos o mercancías que están quemando. Cuesta mucho extinguir algunos rincones», narra Ventosa.

De haber llegado el fuego a la nave anexa, la extinción habría sido más larga y delicada 

Tras la intervención de los bomberos, será el turno de la progresiva –y seguramente ardua– retirada del material y de una eventual reconstrucción por completo, sólo de la nave afectada, si la empresa, que aún no ha hecho declaraciones, así lo considera.

En ese sentido, a pesar de la aparatosidad del incendio, las consecuencias podían haber sido mucho peores. «La nave ha quemado completamente y con colapso de estructura, pero los almacenes anexos se han salvado. No estaríamos hablando de una ruina total», explica Ventosa. Ahí estaba el gran objetivo del cuerpo de bomberos desde un primer momento de su actuación: salvar las naves adyacentes. «Se trabajó muy bien para evitar el gran peligro. La nave de al lado contenía productos inflamables corrosivos. De haberse quemado, los riesgos habrían sido similares pero hubiéramos tenido un incendio más grave, más grande y mucho más complejo»

Aspecto que ofrecía la nave calcinada este lunes por la mañana. Foto: Pere Ferré

Un mapa de la distribución del recinto usado por Bombers muestra cómo la nave que quemó contenía productos como alcohol, aerosoles o detergentes y justo al lado se ubicaba otra con material inflamable y corrosivo. Ahí radicaba el riesgo. Una tercera nave, separada físicamente y también salvada, se encontraba vacía. 

La propia compañía, en su página web, explica cómo funciona su sistema de distribución: «Separamos entre familias de productos, considerando las características de peligrosidad de los productos y sus incompatibilidades, agrupamos por características semejantes y aislamos los de características especiales, con su correcto etiquetaje que nos permite identificar y conocer el peligro».

«Era un fuego muy visible, en verano, con gente en la calle. Se entiende que pueda generar inquietud», explica Albert Ventosa

Dos días después del suceso, aún dura el miedo en los tarraconenses, sobre todo entre los vecinos de  barrios de Ponent como Campclar o La Floresta. Algunos de ellos huyeron con el coche presos del pánico, rememorando otras diásporas históricas. 

Instalaciones de la empresa Miasa Logística, con la nave siniestrada al fondo. Foto: Pere Ferré

Ventosa, desde Bombers, entiende el comportamiento dadas las circunstancias pero niega que hubiera grandes riesgos para la población: «Obviamente, estamos hablando de un fuego de una magnitud grande, de noche, en un periodo estival, con mucha gente en fiestas populares de zonas cercanas. Era un fuego muy visible y se entiende que pueda generar mucha inquietud». 

Sin embargo, a pesar de la espectacularidad, se pudo controlar pronto la situación. «Cuando llegamos, hicimos un análisis del riesgo y ya vimos que en el entorno inmediato no había riesgo grave por las condiciones tóxicas. La situación nunca fue especialmente grave», cuenta Ventosa, que añade: «En todo momento se pidieron mediciones de la calidad del aire, que resultaron negativas. Dos técnicos de medio ambiente monitorizaban la zona constantemente. Dicho esto, un incendio tan grande y evidente y tan al lado de la industria química puede generar inquietud». 

Aerosoles en los aledaños del local afectado, otro de los rastros aún visibles. Foto: Pere Ferré

El incendio se declaró la madrugada del sábado al domingo en esta nave dedicada al almacenamiento de productos químicos. El Pla d’Emergències Químiques Plaseqcat estuvo activado durante 14 horas. Se decretó el confinamiento en las industrias más cercanas. No se dictaminó el confinamiento de la población por la evolución favorable de la columna de humo, muy vertical, y por las mediciones de aire, que descartaron la presencia de productos tóxicos. 

La investigación continuará en los próximos días, entre otras cosas para conocer cuál es el origen del fuego, algo que, de momento, es muy complicado de saber. «Aún es pronto para saberlo pero se trabajará en esa línea para ver qué ha pasado», cuenta Ventosa. Grandes charcos de agua se extendían por parte de las instalaciones, como los muelles de carga, donde todavía permanecía algún camión.

Esta compañía, que es 'business partner' de la Associació Empresarial Química de Tarragona (AEQT), tiene una superficie total de 20.000 metros cuadrados. De ellos, 10.000 son recintos cubiertos para el almacenaje de productos, distribuidos en distintas categorías como inflamables, corrosivos, nocivos, tóxicos, muy tóxicos, peróxidos orgánicos o biocidas. 

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