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Incrementan los episodios de inseguridad en la Part Alta de Tarragona

En los últimos meses varias personas han sufrido hurtos, que en algunos casos han ido acompañados de violencia. Restauradores y vecinos piden más vigilancia

Núria Riu

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Por la noche hay algunas de las calles de la Part Alta que están especialmente oscuras, lo que incrementa la sensación de inseguridad. FOTO: Pere Ferré

Por la noche hay algunas de las calles de la Part Alta que están especialmente oscuras, lo que incrementa la sensación de inseguridad. FOTO: Pere Ferré

El viernes de la semana pasada, J. P. salía de un bar de la Part Alta. Eran las tres de la madrugada. Iba caminando a su casa cuando en la Baixada Pescateria fue interceptado por dos chicos. «Se lanzaron sobre mi y me pidieron si llevaba algo. Me tiraron del suelo, me cogieron del cuello y me forcejearon», explica. No llevaba dinero encima, pero le quitaron el móvil. Asegura que hace unos dos años ya vivió una situación similar en esta misma calle. 

J.P. sufre parálisis cerebral y le afecta el andar. «Al tener dificultades de movimiento intento evitar las escaleras que hay al final de la calle Major, siempre voy por el local de la Jove ya que me permite pasar con más facilidad», relata.

El día siguiente tenía las marcas en el cuello. Asegura que intentó denunciar el robo, pero el sábado no había la furgoneta de la Guàrdia Urbana que durante el verano permanece debajo de las escaleras de la Catedral, así es que no siguió adelante. 

Unos días antes, G.T.R. vivió una situación similar. Alrededor de las dos de la madrugada estaba en la Baixada de la Misericòrdia, «estaba hablando con un amigo y se nos plantaron dos jóvenes, uno a cada lado. Querían robarnos e intentaron pegarnos». En este caso, había más gente por la zona, los atacados se encararon con los jóvenes y el episodio acabó en un susto. G.T.R. vive en la Part Alta de toda la vida. Asegura que no los había visto nunca en la zona, pero que en los últimos tiempos se han dado otros episodios. «A los tres días vi que había como veinte o treinta jóvenes discutiéndose en el mismo sitio. La gente tiene miedo, porque hay mucha inseguridad», concluye.

Controlar la entrada libre

Ambos casos tenían lugar en la zona entre la Baixada de la Misericòrdia y Pescateria. Las callejuelas próximas a este ámbito, que se extiende hasta la calle de la Nau, conforman el radio en el que se estarían moviendo. Hace algunos meses que esto ya lo detectaron los propietarios y clientes de El Cau. «Al tener entrada libre, lo que pasaba es que la gente dejaba los bolsos y pertenencias a la vista con toda tranquilidad y cualquier persona entraba y les robaban las carteras, chaquetas o móviles», manifiesta Marc Tena, camarero del establecimiento. El propio establecimiento había sufrido algún hurto. Asegura que «cada dos por tres» había problemas.

El Cau resolvió el problema haciendo pagar una entrada y controlando el acceso

Los responsables del local recomendaban a los afectados que acudieran a Mossos, para denunciarlo. Revisaron las imágenes de las cámaras de seguridad y consiguieron identificar a algunos de los jóvenes. «Los cogían, los detenían y como no podían hacer nada más al cabo de poco volvían a estar en la calle», apunta. Pese a ello, esto les permitió que pudieran conocer algunas de las caras. Así es que hace unos dos meses decidieron que se pagara una entrada –de 3,50 euros con una consumición– y de esta forma se limitaba la entrada y se ha abortado el problema. «Ahora siguen pululando por allí y cuando ven que sale alguien que a lo mejor ha bebido una copa de más van a por él», añade Tena. Asegura que todos los locales nocturnos de la noche están en alerta.
Tena defiende que «la Guàrdia Urbana debería estar por allí controlando». Dice que algunas de las personas que han causado problemas ya los conocen, otros son nuevos, y que en algunos casos andan con armas blancas para intimidar a sus víctimas y quitarles sus pertenencias.

Alerta al recoger

Los restauradores también han alertado de la situación. «No es que los clientes tengan miedo porque cuando ellos están cenando no se percibe esta sensación. Es a partir de más tarde, hacia las dos de la madrugada, cuando estamos recogiendo que lo sufrimos», apunta Javier Escribano, presidente de la Associació d’Empresaris d’Hosteleria de Tarragona Ciutat. Explica que «de un año para aquí hay que andarse con mil ojos», y que tienen que cerrar todas las puertas mientras están recogiendo para evitar que les roben, cosa que ya les ha pasado en alguna ocasión. Otra de las medidas que ha adoptado es que cuando acaba de trabajar acompaña a las camareras hasta la Rambla Vella, para que no tengan que andar solas y puedan coger un taxi. Y es que hace unos días, a una trabajadora de un establecimiento de la Plaça del Fòrum la atracaron cuando salía de su puesto de trabajo. Querían quitarle el móvil, al final les dio 20 euros y los asaltantes se fueron. «No se entiende como en determinadas horas de la noche no hay más presencia policial, porque con el Port Esportiu pasó lo mismo. Los que estuvimos allí ya lo vimos y ahora está pasando también en la Part Alta», manifiesta. 

Para el presidente de la Associació de Veïns de la Part Alta, Manel Rovira, «es cierto que hay inseguridad, pero no puede culpabilizarse a los chicos de la Mercè. Que salen a la calle, sí. Y supongo que alguno se irá de madre, pero no podemos meterlos a todos en el mismo saco». 

Este dirigente vecinal defiende que no puede atribuirse la situación a la presencia del centro de menores ya que «son cosas que están pasando en toda la ciudad. No podemos decir que no se puede entrar a la Part Alta porque es más insegura que otras zonas, ya que se estaría generando una alarma que no se corresponde con la realidad».

Pese a ello, Rovira defiende que debería incrementarse la presencia policial en el núcleo histórico, y no tan solo por las noches, sino también durante los días en los que la presencia de turistas es superior, debido a la llegada de los cruceros.

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