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Institut Cal·lípolis: Derrumbar barreras a punta de balonazos

Alumnosdel centro preparan actividades para la escuela de educación especial Solc, que está justo al lado

Norián Muñoz

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Había preparadas actividades adaptadas a las que acabaron jugando todos juntos.  FOTO: Lluís Milián

Había preparadas actividades adaptadas a las que acabaron jugando todos juntos. FOTO: Lluís Milián

Las barreras, ¿dónde están? Sería fácil pensar que una persona con discapacidad las encuentra por todas partes, pero lo cierto es que ayer, viendo las carreras, la diversión, las caídas, las risas, las camisetas sudadas... que poblaban las pistas del Complex Educatiu de Tarragona, esas barreras no aparecían por ninguna parte.

Y es que aquel grupo de chavales de distintas edades concentrado en seguir el balón de turno: el de rugby, de fútbol, de balonmano, de voley, de básquet... era en realidad un grupo de vecinos, de esos que están puerta con puerta y quedan para jugar. Se trata de alumnos de los grados de Educación Física del Institut Cal·lipolis y los de la Escola de educación especial Solc, que está al lado.

Ayer, para conmemorar el Día Mundial de la Actividad Física, los alumnos del Cal·lipolis prepararon actividades adaptadas para los chicos de Solc. Era el punto final de una colaboración que han estado llevando a cabo desde que comenzó el curso.

Cuenta Serapi Colombo, profesor de Solc, que antes de esta jornada enviaron a los alumnos de Cal·lipolis la lista de los participantes con información detallada de los grupos. La idea era que, con esa información, pudieran diseñar actividades a medida de las distintas capacidades de movilidad, de comprensión de instrucciones y características particulares de cada uno.

Albert Coscollola, profesor de  Actividades Físicas con personas con Discapacidad, una asignatura específica que se ve durante el Ciclo Formativo de Grado Superior de Animación de actividades físico-deportivas, cuenta que con esa información los alumnos tienen que diseñar actividades adaptadas a los distintos niveles que puede haber en un grupo. Eso sí, sin perder nunca de vista la parte lúdica del juego, porque a la hora de jugar estaban todos juntos, los alumnos del instituto y los de la escuela.

Explica Marta Ferrús, una de las alumnas del instituto, que es la oportunidad de poner en práctica de una manera directa lo que se ha aprendido en clase. Al principio, reconoce, no se sabe muy bien cómo irán las cosas, pero días así están llenos de sorpresas, como la de aquel chico en silla de ruedas que, a priori, parecía que iba a tener muchas dificultades para una actividad de baloncesto y, al final, termina desenvolviéndose con toda naturalidad.

Su compañero Arnau García reconocía también que es una experiencia muy provechosa en la que se aprende mucho. «Te das cuenta de que tienen muchas más capacidades de las que crees, que se esfuerzan en prestar atención, en seguir las normas...».

Pero la gran sorpresa, admiten ambos, es la diversión, porque al final es de lo que se trata, de jugar mezclados y en el calor de un partidillo es fácil olvidarse de las diferencias. «Transmiten mucha alegría, mucho entusiasmo, es muy divertido», explica Arnau.

Comenzamos a hablar también con un grupo de alumnas de Solc, unas están entusiasmadas y se ponen a contar los deportes que han probado mientras otra dice con aplastante sinceridad que aquello le parece muy cansado. Justo en ese momento alguien grita: «¡Se están duchando!, ¡Se están duchando todos!». Se refería a que empezaba a llover con fuerza en medio de un día radiante.

Seguramente será otra anécdota para contar en esta amistad entre vecinos. «Luego se encuentran por los pasillos, se saludan, se abrazan, son buenos vecinos», reconocen los profes. 

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