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«El accidente de Iqoxe ha echado por tierra el trabajo de muchos años»

Esta profesional es jefa de mantenimiento de una industria química. También ha participado en el programa STEM, de la URV, para incentivar el interés entre los jóvenes por las carreras científicas

GLORIA AZNAR

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Judith Banús en el complejo petroquímico de Tarragona, su lugar habitual de trabajo. FOTO: ALBA MARINÉ

Judith Banús en el complejo petroquímico de Tarragona, su lugar habitual de trabajo. FOTO: ALBA MARINÉ

Judith Banús fue estudiante de las primeras promociones que se impartieron en Tarragona de Ingeniería Química Superior. Tras realizar el proyecto de final de carrera en Berlín y algunas prácticas, entró en el mundo laboral en la sección de la inspección, en una empresa de servicios de la industria química, con la que tuvo la oportunidad de trabajar en las grandes paradas, siempre «en el sector bastante masculino del montaje», como explica. Su vida profesional ha transcurrido también en grandes empresas multinacionales, entre Tarragona y Alemania. Actualmente es jefa de mantenimiento de una industria química, con una treintena de personas a su cargo, además del personal de las empresas contratadas.

¿En su época de estudiante había pocas chicas en Ingeniería química?

No. Había bastantes. Pero después desaparecieron y prácticamente a lo largo de mi carrera profesional no he coincidido con ninguna. Ahora cada vez hay más, pero al principio eran muy pocas trabajando en la industria como tal.

¿La han tratado de forma diferente por ser mujer?

No. Nunca. Ha sido todo lo contrario, me he sentido respetada. Sí que es cierto que al inicio de empezar a trabajar en las paradas, recibía las típicas miradas de bicho raro. Porque en el sector de montaje es muy duro. Bastante masculino y especial. Pero cuando empecé a trabajar en Elix Polymers, que es donde estoy actualmente, entré directamente en el departamento de ingeniería y mantenimiento y nunca he tenido ningún problema de discriminación.

¿Qué quiere decir muy duro?

Son 12 horas diarias durante treinta días seguidos. Y el trabajo que realizaba era físico.

Tras el accidente de Iqoxe, ¿ha cambiado la percepción de la ciudadanía sobre la industria con la que convive?

Desgraciadamente, sí. Además, el accidente lo viví como jefa de seguridad. Estaba de guardia y me tocó gestionar toda la emergencia. En el sector hemos trabajado durante mucho tiempo por dar una buena imagen, sobre todo desde la AEQT, de la que yo también he formado parte en varias comisiones. Y también porque damos prosperidad a toda la zona. Y en temas de legislación son superestrictos. Hasta que no estás dentro no se sabe los controles de inspección que llegas a pasar. Y este accidente ha echado por tierra el trabajo de muchos años. Ha hecho mucho daño porque es muy mala imagen. Nos ha hecho retroceder en el tiempo.

Entonces, ¿estamos seguros a pesar de que se hagan viejas?

Evidentemente. Ojalá mis hijos pudieran entrar a trabajar en el sector. Yo estoy todos los días y en ningún momento he tenido la sensación de inseguridad, ni mucho menos.

Si hablamos de la calidad del aire...

Es como todo. Es un precio que tenemos que pagar. No negaremos que hay chimeneas, pero también la gente que vive en Barcelona está rodeada de muchos coches. Tienes que encontrar un equilibrio.

¿Cómo contactó con el programa STEM de la URV para motivar a los jóvenes para que cursen carreras científicas?

Nos llegó a través de la AEQT, del contacto de la Universidad de Deusto y también de Dow Chemical. Me pareció muy interesante porque al final, en tu día a día, ves pocas chicas. No somos iguales. Y nosotras tenemos unas cualidades que para ciertas posiciones es una lástima que no se aprovechen más.

¿No somos iguales?

No. Somos muy diferentes y tenemos cualidades diferentes, apropiadas para unas cosas u otras.

¿Cómo fue la experiencia?

Participé en un programa que empezó el año pasado porque nos formaron como mentores. Tuve la experiencia precisamente en el colegio de mis hijos, en sexto de Primaria. Es la edad en la que está enfocado el programa, ya que es justamente la franja en la que el tema tiene más influencia. Pero no pudimos acabar, a causa de la Covid. Aunque nos quedaron un par de sesiones, es una de las experiencias más gratificantes que he tenido. Y también por la postura de los niños. Por ejemplo, en un caso un chico hacía ballet y explicó que le ocurría lo mismo, pero al revés. Se abrieron debates muy interesantes.

¿Qué ocurre para que en sexto las chicas decidan que estas carreras no van con ellas?

Aún hay muchos prejuicios. Creo que costará un tiempo. Solo hay que ver los propios juguetes. Y según los últimos estudios publicados por la URV, parece que hay un retroceso. Que cada vez más en las carreras tecnológicas y de ingeniería hay menos chicas. Y por esto precisamente me apunté. Es una situación que se tiene que revertir.

¿Qué les dice para motivarlas?

Que tienen que ser libres para escoger, que no se dejen influenciar. Que tienen que hacer lo que les gusta porque entonces serán felices. Es cuando te sientes realizada. Y, sobre todo, que no tengan en cuenta ninguna de las barreras ficticias que a veces nos hacen creer que existen. Además, es una salida profesional que te abre muchas puertas y te permite vivir con una cierta calidad de vida. No es fácil, porque a mí también me costó llegar a donde estoy ahora, pero vale la pena intentarlo. Y lo tenemos aquí.

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