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Irregularidades y desperfectos deterioran la imagen de la ciudad de Tarragona

Los recortes debido a la crisis económica son el argumento más utilizado por el Ayuntamiento como ´justificación´
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Escaleras nuevas que no llevan a ninguna parte, cerca del río Francolí. Foto: Luís Milián

Escaleras nuevas que no llevan a ninguna parte, cerca del río Francolí. Foto: Luís Milián

Pasear por la ciudad lo hacemos los ciudadanos y lo hacen los turistas. La diferencia es que las zonas por donde andan los visitantes suelen ser llanas y se encuentran en un entorno agradable, aunque siempre hay alguna excepción.

Por el contrario, los vecinos nos sorprendemos con irregularidades en el pavimento, mobiliario urbano sin sentido y alguna que otra calle donde hay tuberías que trepan por las paredes, con cantos extremadamente peligrosos para los transeúntes.

Los recortes debido a la crisis económica son el argumento más utilizado por parte del Ayuntamiento, en un intento de «justificar» el mal estado en que se encuentran determinados espacios de la ciudad. Los mandatarios se remiten una y otra vez a la necesidad de reducir el presupuesto. Además, parece que sin afluencia de visitantes, escasea aún más la implicación municipal.

De bache en bache

El bullicio de la Plaça de la Font llega a su punto álgido al atardecer, con bares y restaurantes a rebosar de turistas y locales. La situación de la calle paralela a la emblemática plaza, el carrer de Sant Domènec que lleva a la Plaça del Sedassos, es lamentable.

Las irregularidades a lo largo de la acera son visibles desde el principio de la calle. Circular con un cochecito para bebés es una odisea. Los baches se suceden a lo largo del pavimento, que tiene las esquinas deformadas y aperturas de todos los tamaños entre baldosa y baldosa.

Además está la falta de higiene. El agua se estanca en los agujeros de las aceras y la insuficiencia de papeleras contribuye en la suciedad de la calle, paradójicamente, repleta de restaurantes y entre las más turísticas.

En el carrer dels Ferrers que ofrece vistas a la Plaça dels Sedassos, paralelo a la maltrecha Sant Domènec, faltan parte de las baldosas que forman el pavimento supuestamente llano.

Personas mayores, con problemas de movilidad o padres con cochecitos para bebés evitan los tramos irregulares para reducir la posibilidad de sufrir algún incidente desafortunado.

Escaleras sin sentido

La remodelación del barrio de pescadores de Tarragona, El Serrallo, se materializa en el renovado paseo marítimo y se pone en duda en la fachada aún en obras del Pòsit de Pescadors.

La voluntad de acometer las reformas choca con el escaso presupuesto del Ayuntamiento que acaba a veces, de forma inexplicable, en obras sin sentido. Presupuesto malgastado.

Detrás del edificio de la Tabacalera y a la derecha del río Francolí, hay unas escaleras nuevas, con una bonita barandilla metalizada, que no llevan a ninguna parte. Son siete escalones para subir y bajar. Probablemente muy útiles para los runners, aquellos que hacen ejercicio y salen a correr cerca del río. Puede ser un buen método para calentar el cuerpo antes de empezar la carrera o para bajar pulsaciones al terminar, pero resultan inútiles en cuanto a accesibilidad para el ciudadano de a pie.

Aceras demasiado estrechas

La Part Baixa de Tarragona, zona de entrada a la ciudad por vía terrestre y marítima, ofrece una primera impresión descuidada y sin mantenimiento. La estrechez de las calles cerca del Palau de Congressos es blanco de críticas desde hace años.

La mayoría de aceras apenas alcanzan los 90 centímetros reglamentarios del código de accesibilidad, a causa de las farolas, señales de tráfico y contenedores que obstaculizan el paso.

Además, a esta situación debe añadirse la falta de mantenimiento, que se plasma en las calles de Pau del Protectorat, General Contreras y Orosi entre otras, que se encuentran en estado de completo abandono.

Los vecinos de la zona son mayoritariamente población envejecida que sigue viviendo en sus casas de siempre. Denuncian el mal estado del pavimento, que les obliga a circular por tramos de carretera en algunas ocasiones con la peligrosidad que conlleva esta situación.

Además, conviene tener en cuenta las dificultades añadidas que sufren las personas con movilidad reducida o las familias que pasean a sus hijos en cochecitos para bebés.

El presidente de l’Associació de Veïns del Port, Pepe Ruiz, destaca la falta de atención que recibe la Part Baixa de Tarragona y la zona cercana al puerto. Ruiz añade que «la inversión del Ayuntamiento es mínima, ya que el turismo no pasa por aquí».

Cañerías degradadas

En la Part Alta abundan los baches en las aceras y las irregularidades en el pavimento, además de una larga lista de tuberías rotas que inundan las calles menos conocidas de la zona.

Subiendo la Baixada del Roser y cruzando el Arc d’en Toda, la antigua ruta de bares de mujeres, llegamos al carrer Civaderia. Bajando por esta calle en la esquina con el poco conocido carrer Mediona, hay una cañería color salmón, fracturada a la altura de las piernas.

Esta anomalía puede resultar peligrosa para los niños que juegan en la calle, y los ancianos que, sin conocer el estado de la tubería, pasean demasiado cerca de la pared. Pero este no se trata de un caso aislado.

Siguiendo por la misma calle pero en la esquina con el carrer de les Moles, se encuentra otra cañería en el mismo estado, sin utilidad y con un agujero considerable en el suelo que puede provocar alguna que otra caída desafortunada. Jordi Ferrer, presidente de la Associació de Veïns La Catedral denuncia que «la Part Alta sufre un estado de abandono que se debe a la falta de interés del Ayuntamiento».

Los casos de tuberías en mal estado son frecuentes en el Casco Antiguo, así como agujeros en las paredes y humedades en las fachadas de los edificios viejos, que ofrecen una visión degradada de una de las zonas más visitadas de la ciudad.

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