Islas de plástico a la deriva

La crisis sanitaria por el Covid-19 amenaza las medidas tomadas para limitar el uso de un material difícil de desechar

Ana Rivera

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Basura plástica. Foto: Ethic

Basura plástica. Foto: Ethic

Desarrollado en el siglo XIX, el plástico se creó con la finalidad de utilizarlo para realizar piezas y otros objetos resistentes y duraderos en el tiempo. Según explican, el gran avance llegó en el año 1907 cuando el químico belga Leo Baekeland desarrolló la baquelita, considerada como la primera sustancia plástica sintética fabricada en serie. El uso de este material se empezó a masificar gracias a su bajo coste, resistencia y pulcritud en la década de los 50, llegándose a consumir nada más y nada menos que 2 millones de toneladas. El grave problema surgió entonces, cuando se decidió crear productos desechables de usar y tirar con un material prácticamente eterno. Con una degradación que se oscila entre 150 y 1000 años, a diario consumimos productos cuya vida útil son tan sólo unos minutos. El coste medioambiental es de dimensiones catastróficas. Lo que demuestra que el problema no es el material en sí, ya que también tiene beneficios constatables, sino el uso desproporcionado e irracional que estamos haciendo de él.

5B: l  Más de 5 billones de fragmentos de plástico flotan en los océanos. 

Actualmente se estima que nuestro planeta cuenta con casi un 80% de basura plástica: unos doce millones de toneladas al año surcan los océanos de nuestro planeta, tan infestados que hasta en ocasiones se han avistado islas flotantes de este material. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se calcula que generamos 300 millones de toneladas (40 kilos por persona) de residuos plásticos cada año. Otro dato: cada minuto se consumen en el mundo 1 millón de botellas plásticas. 

Pero recordemos que eso son sólo cifras del último año. La punta del iceberg: el último informe de National Geographic, que se publicó el pasado mes de junio, tenemos que lidiar con 8.300 millones de toneladas del plástico fabricado desde los años 50. Según indican, de estas 8.300 toneladas, más de 6.300 millones se han convertido en residuos. Y de esos residuos, 5.700 millones de toneladas no han pasado nunca por un contenedor de reciclaje. 
Además el problema no se elimina tan sólo con el reciclaje, ya que su quema implica una grave contaminación que conlleva a un impacto negativo en la salud y la generación de gases de efecto invernadero, ayudando a acelerar así el cambio climático.


Temor al contagio

Aunque la Unión Europea decidió plantarle cara al plástico el pasado 2019 fijando, entre muchos otros objetivos, la prohibición de comercialización de productos de plástico de un solo uso para los cuales haya alternativas asequibles como pajitas, bastoncillos de los oídos, cubiertos, platos y vasos de plástico para 2021, que los países tendrían que recuperar el 90% de las botellas de plástico en 2029, que en 2025 el 25% del plástico de las botellas deberá ser reciclado y el 30% en 2030, además de una mayor responsabilidad para los fabricantes, el coronavirus está haciendo tambalearlo. 

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El temor al contagio  ha aumentado el uso de este material indestructible: guantes de un solo uso, productos protegidos por recipientes de plástico,  mamparas protectoras, el uso de bolsas de plástico para las compras a granel… Además, las compras a domicilio, en las que se usa más plástico, han aumentado considerablemente: tan sólo en marzo, en más de 80% con respecto al año anterior, según la consultora Nielsen.

Según confirman los datos desde la organización ecológica Ecoembes, aunque los desechos industriales han caído un 30% debido a la escasa demanda de productos, el contenedor amarillo se ha llenado un 15% más por consumo particular más durante el encierro, lo que podría indicar que los hábitos de consumo están cambiando. Esgrimiendo esta excusa, están resurgiendo muchas voces que presionan para forzar dar marcha atrás en las medidas ecológicas tomadas por la UE y fomentando nuevamente el uso de los plásticos por muchos más años. Existe la posibilidad que frenar el crecimiento masivo de microplásticos en los océanos deje de ser una prioridad ante la crisis del Covid-19.

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Todo ello significaría un grave retroceso en la lucha contra este material aprovechándose de un momento de shock social que provocaría extender su uso en el tiempo y dejando a la deriva islas de plástico. 

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