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Joan Punyet, nieto de Joan Miró: "Me sentaba con mi abuelo a ver a Charles Chaplin"

Joan presenta el jueves día 8 en Mont-roig el libro ‘Miró&Music’ sobre la influencia de los grandes compositores en la obra del pintor universal

Gloria Aznar

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Joan Punyet, artista y nieto del pintor Joan Miró. FOTO: Arxiu Fundació Mas Miró, 2019

Joan Punyet, artista y nieto del pintor Joan Miró. FOTO: Arxiu Fundació Mas Miró, 2019

Joan Punyet es un artista, pero también es nieto de Joan Miró, hecho que, de uno u otro modo, le ha marcado su vida. Tanto es así que durante casi dos décadas, Punyet ha trabajado en el libro Miró&Music, que mañana presenta en el Mas Miró de Mont-roig, investigación sobre la influencia que los grandes compositores mundiales tuvieron sobre la obra de su abuelo.

¿Qué importancia tenía la música en la obra de su abuelo?
Lo diré de una manera muy esquemática. Él quería que su pintura fuera como un poema musicado por un pintor. Cuando descubrí los discos que tenía en casa y la correspondencia con todos los músicos importantes del siglo XX, empecé a entender la gran influencia de la música en su creación artística.

¿Cómo se inició esta investigación?
La chispa saltó hace 40 años. Yo tenía 10 cuando subía a casa de mis abuelos, en Mallorca. Lo veía sentado en la butaca, escuchando música, con una especie de introspección mágica porque él decía que las tardes eran de poesía y de música. En aquel momento ya fui capaz de entender la importancia que tenían ambas disciplinas unidas como fuentes de inspiración para viajar más allá de la parte más física de la pintura para acceder a la espiritual y a la celestial.

Siempre me decía, Joan, sigue tus intuiciones. Tienes que hacer lo que realmente te cree una tensión espiritual

¿Qué relación tenía con su abuelo?
Muy intensa, de escuchar música, de bajar a su estudio a ver cómo pintaba, de charlar con él, de sentarme a su lado por las tardes cuando dibujaba, de ver juntos a Charles Chaplin. Grandes momentos de un niño de diez años con su abuelo de 85. Murió con 90 años. Yo tenía 15.

¿Era consciente entonces de la importancia de Joan Miró?
En 1978 empecé a tener conciencia de quién era porque fue el día en que bajé con él a su estudio. Descubrí aquel mundo de pintura, escultura, libros, dibujos, olor a trementina, disolvente... Era un campo de batalla. Y me pregunté, ¿qué hace este hombre? Y así fue cómo descubrí el mágico momento de ver el Miró pintor y no únicamente un hombre que siempre estaba rodeado de personalidades. Era una persona muy culta y muy trabajadora.

Está muy bien Ferrari Land y PortAventura pero poder visitar el estudio de Joan Miró en Mont-roig es un milagro

¿Le dio algún consejo?
Siempre decía, Joan, sigue tus intuiciones. Joan, sigue tu corazón. Tienes que hacer lo que realmente te cree una tensión espiritual, una chispa en el alma. Tienes que seguir siempre el camino del alma.

¿Pasó algún verano en el Mas de Mont-roig con él?
No tuve nunca la suerte de pasar un solo día en Mas Miró con él. Me hubiera encantado entrar en el estudio, pero nunca coincidimos. Yo era demasiado joven. 

Tuve una relación muy intensa con él, de escuchar música, de bajar a su estudio a ver cómo pintaba, de charlar

¿Recuerda que tuviera alguna manía?
Lo que más le obsesionaba era el orden y el protocolo diario, mensual y anual que se había establecido. Era un hombre de gran proyección, dentro de las limitaciones de la época, en que no había ni móvil, ni Whastapps ni mails. Pero él se apuntaba en la agenda toda la programación de días, meses y años y cuando bajaba al estudio todo tenía que estar donde él lo había dejado.

¿Qué ha significado para usted ser nieto de Joan Miró?
Un gran privilegio, un honor y una gran responsabilidad porque es muy importante que las familias de artistas partan desde la premisa de que se tiene que continuar la sucesión de un legado mundial. Y en Catalunya tenemos que emplear la Fundació Mas Miró como un revulsivo a nivel internacional porque está muy bien Ferrari Land, PortAventura, el cámping o Salou. Pero poder visitar su estudio, en Mont-roig, es un milagro.

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