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Jordi Salavert, el músico y lutier de la Part Alta

Reportaje. En su pequeño taller de la calle d’En Granada, en un edificio catalogado que se apoya sobre la muralla romana, pone a punto y arregla instrumentos de viento

DÁNEL ARZAMENDI BALERDI

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Jordi Salavert con su padre, en el taller de la Part Alta. FOTO: PERE FERRÉ

Jordi Salavert con su padre, en el taller de la Part Alta. FOTO: PERE FERRÉ

El término luthier o lutier designaba inicialmente a los artesanos que construían instrumentos musicales de cuerda. Sin embargo, con el paso del tiempo, esta palabra de origen francés ha terminado refiriéndose también a quienes reparan todo tipo de instrumentos, un arte que exige conocimiento, habilidad, sensibilidad y precisión. Unos bajos del Carrer d’En Granada acogen el pequeño taller donde Jordi Salavert ejerce este peculiar oficio.

Lutier, profesor, instrumentista

Fue alumno del Conservatorio de la Diputación durante los años nómadas de esta institución: Antiga Audiencia, Teresianas y Casa Montoliu. Trabaja en un local próximo a Ca la Garsa, en un edificio catalogado que se apoya sobre la muralla romana. La afición por la música le viene de familia, Su padre es un gran músico y trabajó como carpintero en la Part Alta. Hace años ofreció una entrevista por la que su hijo se siente muy agradecido, ya que permitió conservar muchas anécdotas e historias del pasado. «En aquella época se crearon varias bandas pero no llegaron a hacerse profesionales, porque el tema no aguantaba. Tarragona es a veces una mala madre para sus hijos».

Jordi tiene su establecimiento repleto de instrumentos de viento, algunos actuales y otros mucho más antiguos. Entre estos últimos se encuentra una vieja trompa, con diversas bombas intercambiables que permiten tocar en todos los tonos. «Ésta, concretamente, es de la Escuela Superior de Música de Catalunya, donde tienen cuatro en total. Allí también tengo un pequeño taller, pero yo siempre voy cargado con las herramientas que creo que voy a necesitar». Repartidos por la sala, también destacan un bello clarinete bajo y una trompeta con un extraordinario trabajo en metal.

Como instrumentista, ahora está centrado en un proyecto musical único: Estació Klezmer

La principal dedicación -pero no única- de este lutier es poner a punto y reparar diferentes tipos de instrumentos de viento. Hace un tiempo también trabajaba piezas muy antiguas, aunque ahora «lo de resucitar viejas glorias ya no lo veo. No quiero restaurar. Yo me dedico a este oficio por satisfacción, pero también para ganarme la vida, y la relación con algunos de estos clientes puede ser complicada, porque tienen un presupuesto, comienzas a desmontar, y luego aparecen cosas. Al final terminas haciendo favores, porque esto requiere mucho tiempo, y no compensa». Por otro lado, también debe lidiar con la presión de los plazos, «porque todo el mundo quiere las cosas para ya». Además, «hay marcas muy fáciles de trabajar, porque piensan en el lutier, y otras que requieren mucho más trabajo para hacer lo mismo. No quiero ser prepotente, pero terminaré poniendo una lista con las marcas más delicadas y las que no arreglo. El mantenimiento es básico porque hace que el instrumento dure y no es caro».

Además de su labor en el taller, este artesano también está vinculado al mundo de la enseñanza musical. Trabaja como técnico en la Escuela Superior de Música de Catalunya, donde pondrá en marcha una prueba piloto dentro de tres años, sobre unos nuevos estudios en colaboración con la Universidad de Restauración de Barcelona. Además es profesor de formación corporal en los conservatorios de la comarca.

En tercer lugar, Jordi también es intérprete de clarinete y de flabiol, aunque comenzó tocando el saxofón y otros instrumentos tradicionales catalanes para tocar la sardana. Reconoce su preferencia por las sinfonías y los cuartetos de cuerda de Haydn, así como por las óperas de Mozart. En su día estudió clarinetes históricos, y es especialista en instrumentos de época y sus réplicas. «Estuve cinco años tocando exclusivamente instrumentos antiguos y ahora estoy haciendo lo contrario. Y no pasa nada. Es una pasada un instrumento moderno después de haber pasado por esto». También toca la percusión en un conjunto que interpreta «unas canciones sefarditas muy bonitas».

En su faceta como instrumentista, ahora mismo se encuentra centrado en un proyecto musical muy especial. «Primero éramos un grupo de amigos, pero ahora se ha convertido en algo muy grande. Es un espectáculo con texto y música: ‘Estació Klezmer’. Habla, al mismo tiempo, sobre una bonita historia de amor y sobre el Holocausto. El origen de esta obra arranca al final de la II Guerra Mundial, cuando cinco o seis personas sobrevivieron a un campo de concentración con setenta mil prisioneros. Uno de ellos, Moshe Haelion, mantuvo una entrevista en Tel-Aviv con el autor de la narración.

Actuará en Santa Tecla

Este testimonio dio a luz una historia que combina el amor, el dolor, el ingenio, la sabiduría y el humor. «A partir de aquí nos hemos liado a cantar ópera, con bailarinas, clarinete, violín, guitarra, diapositivas… Somos una mezcla de músicos profesionales y amateurs, y actuamos el 21 de septiembre en la Antiga Audiencia» en el marco de las actividades de Santa Tecla. Sin duda, será una magnífica ocasión para disfrutar de un espectáculo musical único.

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