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Tarragona Presidente de Icomos

Jordi Tesserras: «Tarraco pasa justito el chequeo de la Unesco»

Entrevista. En 2022 deberán presentarse los informes periódicos en los que se valorará la hoja de ruta y el estado de conservación del conjunto Patrimonio de la Humanidad

NÚRIA RIU

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El presidente de Icomos España, Jordi Tresserras, en la Necròpolis Paleocristiana.  FOTO: ALFREDO GONZÁLEZEL RELIEVE DE LA DIOSA MINERVA, EN LA MURALLA.  FOTO: FABIÁN ACIDRES

El presidente de Icomos España, Jordi Tresserras, en la Necròpolis Paleocristiana. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZEL RELIEVE DE LA DIOSA MINERVA, EN LA MURALLA. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Jordi Tresserras Juan (Barcelona, 1967) es desde el pasado mes de junio el presidente de Icomos España (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios), un organismo que asesora a la Unesco en materia de Patrimonio de la Humanidad.

Hemos quedado en la Necròpolis Paleocristiana. ¿Por qué ha elegido este punto?

Es el sitio más desconocido de los espacios Patromonio Mundial de Tarragona y cuando se hace el circuito se deja fuera. Forma parte de la Tarragona romana y creo que es la conexión entre el conjunto de la Part Alta y este espacio con la Part Baixa portuaria, que hace que tienes un recurso más para visitar.

En 2016 el fiscal de Tarragona presentó una denuncia para investigar al antiguo director del Museu Arqueològic ya que este espacio había estado más de veinte años cerrado. ¿Se entiende?

La Necròpolis tiene este problema de la accesibilidad en el edificio y el tema de las cubiertas, que se han roto. En estos momentos hay un plan, pero ahora la prioridad es el museo. Este es un recinto de titularidad del Ministerio, con la gestión cedida a la Generalitat bajo la esfera de la Agència Catalana del Patrimoni y esto siempre es complejo. Estaba cerrado porque había goteras y había un falso techo con palomas muertas.

¿Se abordará cuando acaben las obras del Museu Arqueològic?

Sí, es uno de los puntos que planteamos cuando se hizo la Taula de Patrimoni, que ahora ha priorizado el Amfiteatre, que está cerrado y que tiene un andamio que cuesta 2.500 euros cada mes al Ayuntamiento.

¿Se entiende que esto estuviera cerrado durante 20 años?

No, y así lo ponía de manifiesto el informe que hizo Icomos, que sé que dolió, pero es que no estábamos diciendo nada de nuevo y sirvió para que se sentaran.

En este caso en concreto hay una persona a quien se acusa de tres delitos: sustracción de bienes, daños al patrimonio cultural y prevaricación. ¿Hay precedentes?

Es un caso complejo que forma parte de la dejadez del patrimonio. No hacer conservación preventiva era uno de los puntos clave, pero esto ha cambiado con la idea de asumir nuevos roles para concebir Tarraco como una unidad.

¿Ayuntamiento, Generalitat y Estado trabajan alineados ahora?

Sí y es fundamental, sin olvidar a la Rovira i Virgili, que tiene a gente como Joaquín Ruiz de Arbulo, que también es miembro del ICAC, o la RSAT, que representa a la sociedad civil. La mesa era necesaria para esto. Falta articular a los vecinos, porque hay asociaciones interesadas en poder decir la suya. Algunas se han puesto en contacto con nosotros para canalizar las quejas y fue interesante porque tuvimos una reunión con la Associació Cultural de la Part Alta y los vecinos de Merceria que nos solicitaron un proceso participativo y a partir de ahí lo presentamos a la FAVT y lo apoyaron. Se está hablando.

Es una prueba de que los tarraconenses tienen interés por el patrimonio.

Es muy interesante porque se pusieron en contacto para abrir una vía de colaboración y de participación. Ellos viven con el patrimonio y no hay una ventana única, por lo que tienen la sensación de que van de un sitio a otro. Y, en cambio, es interesante porque entienden que lo romano es importante, pero quieren que se trabaje en conjunto por el patrimonio de la ciudad y que este llegue a los barrios.

Hace poco más de dos años que escuchábamos hablar casi por primera vez de Icomos a raíz de la denuncia de un trabajador en la que se daba un toque de atención. ¿Qué evolución ha visto en este periodo?

Es interesante porque hemos conseguido que se creara la Taula de Patrimoni y esto ha permitido que la Generalitat y el Ayuntamiento hicieran más piña y que las instituciones públicas, que son las titulares de estos monumentos, colaborasen más. Me sigue faltando un actor que es clave, que es el Arzobispado y el Capítulo de la Catedral. Es complejo, pero vemos que están dispuestos a colaborar.

¿En qué se ha avanzado?

En hacer una hoja de ruta común y que sea una puerta abierta porque cuando hay cualquier tema, automáticamente se informa de lo que está pasando y el seguimiento que se hace. Es una especie de ventana única, que permite canalizarlo todo y sobre todo da agilidad. Antes había un desprendimiento, tenía que hacerse un informe y lo tenías todo después de un mes. La operatividad se perdía.

¿Qué han tratado?

Hasta el momento las reuniones han sido básicamente por el Amfiteatre.

¿Es lo que más preocupa?

Lo es porque es el elemento icónico de Tarragona y el hecho de que esté cerrado preocupa. Hay problemas estructurales y el tema de las gradas, porque aquí tenemos un debate sobre si hay que mantener la reconstrucción de los setenta o no. Yo soy partidario de que no se utilizan para el público y no tienen un sentido, por lo que podrían eliminarse perfectamente y hacer un acceso por aquella parte. Estamos estudiando el qué, porque también forma parte de la historia del monumento y hay un tema de costes.

¿Eliminar la parte de las gradas cambiaría la estética?

No, porque es una parte de las gradas que no se utilizaba y que se puso para dar la sensación de cómo podía haber sido el Amfiteatre, pero no tienen sentido para explicar el monumento.

Está a punto de acabar la actuación de urgencia. ¿Y después qué?

Continúan las obras para la consolidación y después hay la parte de la museografía, que es muy importante ya que podrá visitarse de forma concertada la parte más próxima al mar, que es impactante.

¿El objetivo es convertirlo en el monumento icónico?

Sí, es una de las fotografías que todo el mundo se lleva ya que ha sido el emblema de la Tarraco romana y se está consiguiendo poner el hilo en la aguja.

¿Cree que se trabajaba de forma individualizada?

Era como si cada uno tuviera su parcela, sin una interconexión y esto ha cambiado. El alcalde ha sido muy cauto, pero ha ejercido un papel en el que ha dicho que el Ayuntamiento está ahí y yo puedo ejercer de elemento coordinador. Después que todos se pongan las medallas, pero que se hagan las cosas.

Se han anunciado muchas intervenciones, pero sobre el terreno no es tan rápido.

El problema es que no hay un plan de gestión de todo el conjunto. Hay el Pla de Muralles, el Pla Especial de la Part Alta y un plan de gestión de patrimonio, que no se había implementado. Tenemos que ver cómo se articula todo esto.

¿El gran problema ha sido la falta de colaboración?

Sí. El espíritu tarraconense es más de criticar que de actuar o de buscar soluciones. Con la mesa de trabajo la idea es sumar y ver qué propones. Es el punto este de participación, en el que se ha menospreciado el papel de la gente de Tarragona, que también tiene ideas y propuestas, y que ahora con las vías que se están creando, también tienen voz. La parte más festiva parecía como si no les interesara el patrimonio y no es así.

Una visión siempre de cara al turista y no hacia los ciudadanos.

Sí, porque nadie se había dirigido a los vecinos y estos quieren poder decir la suya y poder hablar de los usos.

Con la pandemia han empezado a hacerse actos en el Pont del Diable y el Fòrum de la Colònia, cuando antes los tarraconenses no iban.

El patrimonio está para vivirlo y no tan solo para los turistas. La gente debe sentir que forma parte de esa historia, pero está muy bien centrarnos en el patrimonio mundial pero hay que trabajar mucho más todo lo otro.

¿Qué hacemos con Tabacalera?

Había un plan de usos que no se ha implementado. No sé, yo puse la Tabacalera y la Savinosa en la lista roja del patrimonio de Hispania Nostra y siguen allí, porque no se ha avanzado. Hay que hacer algo que permita tener un uso ciudadano y su conservación. La Quinta de Sant Rafael que será lo próximo que irá a la lista roja.

¿Hay más espacios susceptibles?

No, estos tres ya son potentes, pero es que la familia la cedió para que los tarraconenses hicieran un uso.

¿El Ayuntamiento os está dando toda la información?

Sí, ha cambiado a positivo y hay más fluidez, pero hay temas que siguen allí, como Ca l’Ardiaca, que no se sabe el qué.

¿Ha llegado a peligrar el título de Tarraco como Patrimonio de la Humanidad?

No, pero el año que viene hay que presentarse los informes periódicos a la Unesco. 2022 es clave y Tarraco aún tiene un problema, ya que falta un plan de gestión o un ente, porque la Taula de Treball tan solo es de la Tarragona romana. Como la Generalitat gestiona la Vila dels Munts y Centcelles estaría cubierto, pero queda Roda de Berà. Este podría ser el ente que faltaba, pero no hay un plan concreto de cómo se trabajará el patrimonio de Tarraco a corto, medio y largo plazo. y aquí deben ponerse las pilas.

¿Qué se revisará?

Hay que hacer una revisión de todos los bienes patrimonio mundial, sobre todo del estado de conservación y después también del modelo de gestión, las actividades para hacerlo accesible, si hay impactos negativos, etc.

¿Tarraco superaría el chequeo?

Pasa justito, pero pasa. Hay problemas de conservación preventiva en los que se está trabajando, pero falta un plan de gestión.

¿Qué debería pasar para que quitaran esta designación?

Que realmente no hubiera un plan de gestión operativo y que el patrimonio estuviera más degradado de lo que está. Si no se hubieran hecho actuaciones, podrían haber dado un toque de atención, pero no para retirar.

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