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Jordi Tiñena: Trazos de una vida

Homenaje. Casi un año después de su fallecimiento su mujer, Berta Ramos, habla del hombre que fue

Gloria Aznar

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Jordi Tiñena en una imagen de 2016. FOTO: Cedida/Xavi Jurio

Jordi Tiñena en una imagen de 2016. FOTO: Cedida/Xavi Jurio

«A Jordi le gustaría que lo recordaran como una buena persona. Sé que es un tópico, pero en su caso es cierto». Son palabras de una emocionada Berta Ramos, viuda del profesor y escritor tarraconense fallecido el pasado 23 de marzo de 2018 quien, coincidiendo con las Jornades Tiñena que arrancan hoy, recibió al ‘Diari’ en su hogar. La mesa de trabajo, repleta de documentos y libros junto a un ordenador apagado espera intacta en un luminoso despacho en el que no caben más volúmenes. 

Tiñena era profesor, era escritor, era padre y marido, pero también una persona comprometida política y socialmente, más allá de sus clases en el Institut Públic Campclar donde trabajó desde 1982 y del que también fue director durante un tiempo. Jordi Tiñena era licenciado en Filología Hispánica, en Filología catalana y catedrático de Lengua y Literatura catalana en Secundaria y vio la necesidad de presentar los clásicos catalanes a sus alumnos, mayoritariamente castellanohablantes. Por este motivo «se decidió a hacer las versiones y a editarlos en catalán moderno, adaptados a sus estudiantes.

Primero lo hizo en ciclostil y fotocopias, porque estamos hablando de los años 80 y después con las editoriales Bromera, en Valencia y Laertes, en Barcelona», explica Berta. Recuerda también cómo se preocupaba por estos alumnos y subraya que era un hombre «introvertido y reservado pero que en clase se transformaba». ‘Nos lo pasamos muy bien’, le contaba Jordi, quien «abrió el centro a las familias, con las que había mucha armonía. Encontró muy buenos compañeros en el instituto y se implicaron mucho en una época, en los 80 y los 90, en que los padres creían en la educación como un ascensor social», relata Berta. 

Pero las tardes eran para él. «Era muy disciplinado. Cuando llegaba del instituto se ponía a escribir, que es lo que más le gustaba en el mundo. Era un lletraferit», cuenta. Y cuando Berta llegaba a casa tras una larga jornada trabajando como periodista, la esperaban «las tres o cuatro páginas que había escrito durante el día. Siempre me las dejaba por si me las quería leer», refiere. Y añade que «era muy rápido y también se documentaba muy rápido. Le gustaba trabajar solo. Era una persona muy segura de sí misma e incluso él mismo reconoció en una entrevista al ‘Diari’ que esto podía ser un defecto y no una virtud». La disciplina y el trabajo constante eran rasgos de su carácter que intentó no abandonar a pesar de la enfermedad. «Entre novela y novela, traducía sus libros al castellano y los subía a Amazon. Él era muy hábil informáticamente. Fue el primer escritor de toda Catalunya que tuvo web, y la mantenía él», comenta Berta. (usuaris.tinet.cat/jta/).  

«Más humano con todos»
Jordi Tiñena era un apasionado de la vida, un lector empedernido desde niño, «por las buenas influencias de los profesores de La Salle», le gustaba el cine, pero por encima de todo le gustaba «navegar», revela su mujer. «Éramos un grupo de amigos de toda la vida, cinco parejas y decidimos comprar un velero pequeño, de segunda mano. Al principio yo era la entusiasta pero después esto cambió. Yo me mareaba y él disfrutaba mucho. Descubrió la navegación y la astronomía y le encantaba». Con la misma vitalidad encaró su enfermedad, un cáncer de pulmón que se le diagnosticó en 2012. «Los últimos seis años de su vida estuvieron determinados por ella pero enseguida la asumió e hizo lo posible por vivir. Cambió los hábitos alimentarios, probó terapias complementarias y tuvo mucha fuerza de voluntad.

Siguió un tratamiento de inmunoterapia en la Vall d’Hebron, hecho que le alargó la vida y le facilitó que pudiera escribir sus tres últimas obras». Le cambió el carácter, sí, pero para mejor. «Aprendió a vivir con la incertidumbre, se volvió más humano con los demás y empezó a relativizar lo que no era importante. Siempre pensé que sería el hombre milagro, que sobreviviría», subraya con tristeza. Son muchos los recuerdos, son muchas las vivencias, las luchas juntos como contra la dictadura de Franco en pos de la democracia.

«Éramos jóvenes e idealistas. Formábamos parte del Partit del Treball, que estaba a la izquierda del PSUC. Estábamos muy comprometidos. Él fue un hombre de izquierdas, toda la vida», explica la que ha sido compañera del escritor durante toda su vida y feminista ya en los años 70. Berta se muestra agradecida con la ciudad, con los escritores del Camp, con los amigos y colaboradores que hacen posible las jornadas en honor a Jordi.

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