Jorge Acebo (cineasta): «Son malos tiempos para la disidencia»

El tarraconense estrena mañana en la Filmoteca de Catalunya su primer largometraje, ‘Occidente’, rodado en Tarragona y León

JAVIER DÍAZ PLAZA

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Jorge Acebo, a la izquieda, da instrucciones a los actores Gonzalo Cunill y Francesc Garrido durante el rodaje. Foto: cedida

Jorge Acebo, a la izquieda, da instrucciones a los actores Gonzalo Cunill y Francesc Garrido durante el rodaje. Foto: cedida

El director de cine tarraconense Jorge Acebo estrena mañana (20.00 horas) su primer largometraje, Occidente, en la Filmoteca de Catalunya, en Barcelona. Se trata de un «drama metafísico» rodado en 2017 en Tarragona y en la comarca leonesa de El Bierzo, que ya ha pasado con éxito por los festivales de Girona, Ponferrada y Turín. Está producido por la compañía independiente El dedo en el ojo, y protagonizado por Francesc Garrido, Paula Bertolín y Gonzalo Cunill. Acebo confía en «seguir haciendo algún pase en salas» y que el filme «acabe en alguna plataforma online». A partir de agosto estará disponible en Italia en una plataforma de internet. 

La película llega por fin a una sala. ¿Por qué en la Filmoteca de Catalunya?

Sencillamente, han querido estrenar la película. Al tratarse de un proyecto al margen de las modas actuales, una propuesta diferente a las habituales, encajaba perfectamente en los planteamientos que posee un lugar como la Filmoteca. Es un honor estrenar en un lugar que forma parte también de mi formación cinematográfica. Cuando estudié cine en Barcelona hace ya algunos años, era la ventana cinematográfica que nos permitía acceder a toda la riqueza del cine. Se cierra, en cierta manera, un círculo personal.

Parir una cinta independiente imagino que debe tener parte buena y su lado oscuro. 

La ventaja obvia es poder controlar el trabajo, colaborar codo con codo en una dirección, sin injerencias. Esto tiene un peaje elevado: la escasez de recursos. Pero cuando planteas proyectos de este tipo, tienes dos opciones si no obtienes la financiación de las vías habituales -ayudas públicas y televisiones, básicamente-. La primera, rendirte. La segunda, intentar llevarlo a cabo sabiendo que tendrás que sacrificar mucho por el camino. Huelga decir que la primera no debe entrar jamás en los planes de nadie.

¿Por qué le cuesta tanto a este tipo de películas llegar a las salas comerciales? 

Algunos pueden pensar que, al ser proyectos más alternativos, no hay un público para ellos, lo que es una falacia. No se estrenan películas como Occidente porque quienes controlan el negocio, distribuidores, agentes, grandes productoras y algunos festivales, deciden qué y qué no, según sus criterios de mercado e intereses y, en ocasiones, hasta su gusto. Así de sencillo. A pesar de la exigencia de nuestra película con el espectador, es un proyecto que resulta interesante para cierto público tal vez más cinéfilo, y su calidad está fuera de toda duda. Tal vez son malos tiempos para la disidencia y la Covid-19 tampoco ayuda a ningún proyecto.

¿El cine se ha convertido en un negocio frívolo? 

El cine no es nada. Lo que hay, explicado de una manera sencilla, son empresas y personas pugnando por hacer dinero, trabajadores buscando su sustento, y en ocasiones, películas que pretenden decirnos algo, tocar al sujeto. Evidentemente, no para todos. Y no pasa nada porque sea así. Puedo estar equivocado, y tampoco sucede nada. Que cada uno ejerza y dote de valor su vida cultural como considera oportuno, o como es capaz.

Usted defiende que en el cine debe haber una visión humanista de la vida, con el individuo en el centro. 

Estoy en un momento en el que creo que cada uno ha de plantar cara a la situación actual como sepa. Pero sí que sostengo que cualquier expresión artística debe regirse en esencia por aportar y dotar al ser humano de la opción de ser mejor, de crecer, espiritualmente hablando, aunque suene a idea inocente en el actual mundo infantil del cálculo y los negocios. Y digo infantil expresamente porque tengo la sensación de que personas con cierta madurez no nos llevarían por los derroteros en los que actualmente estamos. Si hablamos en el caso particular de la cultura, prácticamente solo es entendida como consumo. 

¿A qué se refiere? 

Hay una apariencia de que es algo importante, pero en realidad, es subsidiaria, un elemento sin valor más allá del entretenimiento pasajero. No me interesa extenderme. Hay que luchar por escribir, pensar, pintar, o hacer cine, porque creo que el ser humano viene a este mundo en tanto que ser estético, es decir cultural, y sin corresponder a esta esencia se encuentra huérfano. Occidente es en cierto modo una película que habla de resistentes, de personas que todavía pueden luchar, y del descubrimiento de una verdad que aguarda a cada uno en su vida, de personajes que buscan su propio deseo en un mundo desprovisto de estos.

Y tiene un componente político y de crítica social. 

Considero que es una película política desde el momento en que va dirigida a una comunidad para, en lugar de dar respuestas, plantear preguntas y generar una reflexión crítica sobre el mundo que habitamos. Pero cabría evitar las etiquetas. Para mí, personalmente, es más política una película de Nicholas Ray en ocasiones que una reciente de Ken Loach, por ejemplo. Y si hay algo que detesto es la etiqueta de ‘cine social’, muy de moda, por otro lado. Generalmente se trata de cine de mirada superficial, plagada de tópicos sobre problemáticas sociales, pero que en muchas ocasiones, se comporta como quien mira una vía y ve pasar un tren.

El protagonista de ‘Occidente’ es un director de cine en el exilio que vuelve a casa y se maneja con «un reducto de maquis».

Quería que los personajes fueran disidentes, pero no de un momento social o político concreto, sino más bien de la historia de su civilización. Como alguien que, en la distopía que plantea la película, se permitiera el lujo de caer fuera del sistema. Y es un cineasta porque en la película, la reflexión central que nos conduce es sobre el valor de la propia imagen a lo largo del último siglo. Plantea un presente alternativo posterior al siglo XX, que no es más que una forma metafórica de hablar de ciertos males de Occidente.

El título de la cinta esconde un mensaje pues.

El significante Occidente vertebra la película, y también nuestra cultura, que llamamos occidental. Es una forma de entender el mundo muy particular, que damos por válida, la única aceptable ¿verdad? La hemos extendido a todos los rincones del planeta. Pues en la película hay una crítica a esa posición dominante, o tal vez, al olvido de ciertos valores por parte de la cultura occidental que también formaban parte de su médula.

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