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Josep Lluís Domingo (URV): «Nunca se ha analizado la mezcla de tóxicos en el aire de Tarragona»

Proyecto. Este tortosino, catedrático de Toxicología y Salud Medioambiental en la URV y director de TecnATox, está entre los científicos de su ámbito más citados del mundo. Prepara un estudio del impacto de la química de Tarragona en la salud

Raúl Cosano

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El doctor Josep Lluís Domingo, en el laboratorio de la Facultat de Medicina de la URV.  Foto: Alba Mariné

El doctor Josep Lluís Domingo, en el laboratorio de la Facultat de Medicina de la URV. Foto: Alba Mariné

Dos días después del accidente de Iqoxe, la URV anunció un estudio sobre el impacto de la química en la salud tarraconense.

No es algo nuevo. Desde 1987, cuando el atentado de Enpetrol, ya surgió un interés, a pesar de que había sido una explosión provocada. Desde entonces siempre ha habido pequeños episodios y percances. Me preguntaba siempre qué es lo que respiramos. Lo de Iqoxe es una tragedia, que se irá resolviendo; en cambio, la afectación en el aire puede causar muchos daños.

¿Cómo ve la situación actual?

Tengo la impresión de que al petróleo no le queda demasiado, tampoco a los plásticos, y puede ser que la industria no vea un gran futuro para hacer inversiones.

¿Por qué hasta ahora no se ha hecho este estudio?

No ha salido. Llamé a las puertas de la AEQT y fue un error grande. No lo vieron claro. Yo me puse en contacto con una universidad americana puntera en salud pública. En Tarragona éramos aún la UB. No teníamos la solera para hacer un estudio epidemiológico de esta envergadura. La UB pondría la mano de obra, el trabajo de campo. También fui a llamar a la puerta de la Generalitat. Miraron hacia otro lado. Yo creo que les preocupa algo que pueda ir contra la economía.

¿Cómo encaja esos portazos?

Si tanto la administración como las empresas tuvieran la absoluta certeza de que los resultados no arrojarán problemas, ¿por qué no los aceptan? ¿Quién teme un análisis de sangre? El que sabe que los resultados no van a ser buenos.

Luego hubo más intentos.

El proyecto estuvo aparcado y hacia finales de los años 90 comenzamos a recabar fondos del Estado. Se empezaron a medir algunos contaminantes pero no los de más riesgos, hubo una aproximación pero eran evaluaciones indirectas.

Ya hay algunos controles.

La Generalitat tiene redes de vigilancia, y analiza componentes, pero no sabemos qué contaminantes están en el aire. ¿Cómo se mide lo que no se sabe si está? Lo más importante en toxicología son las interacciones entre tóxicos. Puedes medir tres parámetros que se pueden encontrar por debajo de los límites aceptables de la OMS. ¿Pero y todos juntos? Aquí está la clave, en esa interacción, en la mezcla. Estos niveles medidos están hechos para personas sanas, pero no tienen en cuenta a alguien que sufre bronquitis, o a la población infantil.

¿En qué va a consistir el estudio?

En ver directamente el impacto en la población. Ya hemos tenido las primeras reuniones con Salut y han mostrado su predisposición. Se hará con fondos propios, pero será suficiente para tener una idea bastante clara. Trabajaremos con datos, con registros de cáncer y de otras enfermedades. Esos datos ya existen. Hay que afinarlos y compararlos, y repetirlo con patologías. En nuestra facultad, el Departament de Medicina preventiva tienen un archivo de muestra que podemos usar para buscar biomarcadores. También se puede pedir en un momento dado el apoyo de la población, con voluntarios.

No se centrará en el aire.

Analizaremos la salud. Si la calidad del aire es mala, es difícil que la salud sea buena. Pero si la calidad del aire fuera buena, no quiere decir que la salud de la población lo sea. Hay sustancias con efectos a muy largo plazo. Hay que tener en cuenta la interacción entre tóxicos.

¿No se ha hecho nunca ningún estudio así?

No, ni en Tarragona ni tampoco en Huelva, donde hay también un polo químico. En Asia sí se han hecho bastantes. Tenemos datos bibliográficos. En el 90% de los estudios similares hechos en todo el mundo se concluía que vivir cerca de estas instalaciones comporta riesgos. Esa es la hipótesis de partida, pero la sospecha no es nada científico. Hay una imperiosa necesidad de un estudio epidemiológico.

¿A qué tipo de muestras se pretende acceder?

Sustancias en sangre o en orina pueden hacernos ver que estás expuesto a un determinado componente que es tóxico para un órgano concreto del ser humano.

¿Dónde pueden estar los principales escollos?

El principal escollo es que nos den largas desde Salud para acceder a los datos que deben servir para la investigación. Está claro que las conclusiones no dejarán indiferente a nadie. La percepción entre la gente es que esto que tenemos cerca de casa no es gratis. Si demostramos que hay afectación, intentarán desacreditarnos. Los resultados podrían suponer un terremoto socioeconómico considerable.

¿Cuánto puede costar un estudio de este tipo?

No hemos hecho cálculos, pero partimos con nuestra voluntad. Si una empresa nos contratara para hacer esto, sería algo caro, sobre todo porque debe intervenir mucha gente y lo caro es la mano de obra, que en este caso somos nosotros, las personas de nuestro laboratorio. En el de aquí de la URV hay unas diez personas pero en total participarán entre 20 y 30, entre la facultad de medicina y la de ingeniería química.

¿Hay plazos marcados?

No tenemos prisa, no nos ha contratado nadie. Queremos ser rigurosos. La idea es difundir resultados a lo largo de 2021.

¿En qué enfermedades pondrán más el foco?

Un bloque serán todos los problemas respiratorios, desde el asma al cáncer de pulmón. Luego están los cánceres en generales y, dentro de ellos, los de la sangre. Un tercer bloque serán las inflamaciones como la rinitis o la dermatitis. Y, finalmente, las alteraciones reproductivas.

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