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Jóvenes y responsables

Algunos lloran. Otros van con los padres. Es la franja que más se marea por la aprensión pero los menores de 30, en el ojo de las críticas por la quinta ola, acuden en masa para vacunarse

Raúl Cosano

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Sofía Villalonga (15 años) y David Villalonga (22), tras inocularse. Foto: Pere Ferré

Sofía Villalonga (15 años) y David Villalonga (22), tras inocularse. Foto: Pere Ferré

Van en grupos, suelen estar algo más tensos y forman parte de la franja que más aprensión tiene a la inyección y, por tanto, que peor lo pasa. De ahí que las emergencias en el Palau d’Esports de la Anella Mediterrània de Campclar, el punto neurálgico de la inmunización, estén algo más en guardia por si hay algún mareo. «Estamos satisfechos, la respuesta está siendo muy buena. No nos imaginábamos esta afluencia de gente, así que estamos contentos», explica Càrol Tudela, coordinadora de vacunación en Tarragona.

Acaso como respuesta a las aglomeraciones de los jóvenes de fiesta y a la enésima culpabilización al colectivo, el segmento de 16 a 29 años se despliega en colas largas en el Palau con un cierto espíritu de responsabilidad y también algo de orgullo millennial. La adolescencia ha copado las dosis estos días. Sofía Villalonga no ha cumplido ni los 16, pero los hará este año y eso le permite, por tanto, entrar en la población diana. «Yo quería vacunarme pronto para hacer vida normal. El mismo día en que se pudo pedir cita lo intenté y ya me inscribí», cuenta ella, que añade: «Se ha hecho duro tanto tiempo de pandemia. Prácticamente no hemos tenido ocio».

«Trabajo en el sector funerario...»

Los jóvenes, desacreditados cíclicamente por los rebrotes, y ahora en el punto de mira por la nueva ola, opinan. «Claro que hemos sido culpables. Es verdad que a muchos les ha dado igual, pero hay de todo», reconocen en arrebatos de sinceridad. David Villalonga, de Vinyols i els Arcs, tiene 22 años y también se vacuna en Campclar: «Yo he intentado respetar siempre las medidas. Trabajo en el sector funerario y sé lo que he visto en este último año, así que he estado concienciado». Gabriel Martínez, de 17 años, y de Torreforta, también se posiciona en esa línea. Otros admiten que sí, que han bajado la guardia algunos días.

Jóvenes en la cola del Palau d’Esports de la Anella de Campclar. FOTO: Pere Ferré

Todos ellos reconocen que han querido darse prisa para protegerse a sí mismos y a su entorno, incluso más que el resto de sus amigos. «Tenemos conocidos incluso negacionistas, que no se quieren vacunar», añaden. «Yo tenía claro desde el principio que me la pondría», indica Simó Moliner, de 19 años. Vive en Vic pero veranea en la zona y ha aprovechado para pincharse, en otra muestra de compromiso. «Quiero protegerme también por mis abuelos», dice, poco después de haberse inmortalizado, ‘selfie’ mediante, justo antes del pinchazo, porque el retrato, muchas veces destino red social, también es parte obligada de esta generación. «A esta edad cuesta mucho adaptarse a un nuevo ritmo de vida, casi sin salir, sin socializar ni ver a la gente. Los jóvenes somos más impacientes, aunque tampoco tenemos toda la culpa de los brotes, también hay que poner responsabilidad en las administraciones, en los gobiernos que han tomado decisiones».

Otro grupo de tres asiente: «En parte es verdad que los jóvenes tenemos la culpa». Miriam (21 años) y Eric (22) lucen tirita en el deltoides como la huella de que ya tienen la dosis contra el SARS-CoV-2. Les acompaña Verónica (33), que pertenece a la franja de edad superior, pero que también se acaba de pinchar. «Yo he cambiado por completo mi estilo de vida, he vivido más al día, se acabó prácticamente volver a hacer planes, así que tengo muchas ganas de volver a la normalidad», reconoce Verónica. «Ha sido duro pero te acabas adaptando a todo», añade Eric. En las redes sociales se evidencia que hay mucha ilusión por formar parte de la solución. Dice el reusense Ricard Fernández: «Se hacían notar las ganas que había en la cola, entre todos nosotros, jóvenes, de vacunarse. Como cuando haces cola para entrar a un concierto». «Los postolímpicos ya estamos aquí», anunciaba uno en la espera. Marc Colilla, tarraconense de 23 años, hacía broma en el Palau: «Se nota que hoy veníamos los jóvenes, sonaba música pop por megafonía». Y otro signo inequívoco: los padres de menores que esperan fuera o las madres que consuelan un llanto que solo responde a los nervios.

‘#ElJoventEnsVacunem’

La etiqueta #ElJoventEnsVacunem, habitual estos días en Twitter, denota la autoestima de la muchachada mentalizada, que ha llegado a indignarse por las acusaciones y que se desfoga. «Queremos ser parte de la solución», decía otro, dentro de una serie de mensajes movilizadores que han apelado a la conciencia colectiva. Algunos hasta presumen de haber colapsado la web de Salut con tanto intento por lograr una hora. Por eso varios no han dudado en desplazarse más de 100 kilómetros si no encontraban citas en puntos más próximos. «Estamos en una edad de salir y nos ha afectado. Pero a veces se nos ha criminalizado en exceso. En todas las franjas de edad ha habido gente que cumple y gente que no. Vacunarse es una forma también de que no te echen todas las culpas a ti», expone Clàudia Ferrer, de 18 años, que esta semana ha recorrido los 90 kilómetros que separan Tarragona de Tortosa para poder acceder a una dosis lo antes posible.

Simó Moliner (19 años) se hace un ‘selfie’ para retratar el pinchazo. FOTO: Pere Ferré

En el sentido inverso, adolescentes de Vilanova i la Geltrú o de Lleida han pasado estos días por el Palau d’Esports. A Càrol Tudela, la responsable de vacunación en Tarragona, le embarga cierta emoción: el 27 de diciembre estaba inoculando a la primera persona en la provincia, Teresa Soria, en la Residència La Mercè; medio año después ya se administra antídoto a los zagales, última pero larga fase –hay más de 42.000 tarraconenses de esa franja llamados a su encuentro con la aguja– en el arduo camino hacia la inmunidad de rebaño.

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