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Juegos del Mediterráneo: Blanco usa a Tarragona contra Cardenal

El análisis de la situación en que se encuentra el evento

Octavi Saumell

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El presidente del COE, Alejandro Blanco. Foto: DT

El presidente del COE, Alejandro Blanco. Foto: DT

La celebración de los Juegos del Mediterráneo ha sido víctima de la guerra que mantienen el presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, con el presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), Miguel Cardenal. Su mala relación arranca a finales de 2013, cuando Madrid 2020 fue eliminada de la lucha para organizar los Juegos Olímpicos. Blanco apenas concedió protagonismo a Cardenal en la frustrada candidatura.

La situación fue empeorando, especialmente por la lucha antidopaje. Blanco criticó públicamente al CSD por no adaptar su legislación al Código de la Agencia Mundial Antidopaje, en unas declaraciones que fueron contestadas por un Cardenal que manifestó que el líder del COE«no tiene excesivos conocimientos al respecto». Blanco, además, tiene como aliado al presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, quien llevó a Cardenal ante los tribunales mediante una querella que fue archivada pero en la que acusaba al alto dirigente de «prevaricación y revelación de secretos».

Elecciones en 2018

Toda esta situación ha perjudicado la financiación de Tarragona 2017. Josep Fèlix Ballesteros y Javier Villamayor habían mantenido una excelente relación con el COE, un hecho que congeló el diálogo con el CSD. De hecho, en una ocasión el alcalde abandonó el despacho de Cardenal porque el presidente del CSD le hizo esperar más de una hora. Todo ello provocó que, durante años, el presupuesto estatal no incluyera ninguna partida para Tarragona 2017. La primera, de hecho, fue la de 2016, cuando después de una agria polémica se lograron 3,4 millones de euros, lejos de los 12 de la Generalitat o la Diputació.

Ahora todo apunta que Cardenal no seguirá en el cargo –está imputado y, según el pacto con C’s, el PP no puede nombrar altos cargos que tengan esta consideración–, por lo que Blanco parece que ya no necesita a Tarragona como aliada. De aquí se explica que el pasado jueves se desmarcara de Ballesteros y, contra todo pronóstico, anunciara la voluntad de aplazar los Juegos a 2018, año en el que curiosamente hay elecciones en el COE y Blanco aspira a la reelección. ¿Y qué mejor para volver a ganar que relanzar las aspiraciones olímpicas de Madrid y salvar las de Tarragona? En política, nada es por casualidad.

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