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La Audiencia de Tarragona considera legal el registro de celdas para evitar fugas

Los magistrados entienden que el lugar no se puede considerar el domicilio del recluso, a pesar de que habite

Àngel Juanpere

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En los barrotes de las celdas los internos no pueden tener ningun objeto colgando. FOTO: DT

En los barrotes de las celdas los internos no pueden tener ningun objeto colgando. FOTO: DT

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Tarragona avala los registros de las celdas de los internos cuando hay sospechas de alguna anomalía. A pesar de que los presos habiten en ellas, no se considera como su domicilio a efectos legales, por lo que no se vulnera el derecho a la intimidad recogido en el artículo 18 de la Constitución. De esta manera, la máxima instancia judicial de la demarcación avala el criterio del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria número 3 de Catalunya a raíz de que se efectuara un cacheo de una celda ante la sospecha de que se pudieran estar serrando los barrotes.

El 13 de mayo del año pasado se realizó un registro en la celda 52 del Centre Penitenciari Mas d’Enric. El motivo era que los dos internos habían incumplido un apartado de la norma que les obliga a mantener los barrotes de la celda libres de objetos que puedan impedir el control visual directo. Los presos tenían colgadas en los barrotes dos piezas de ropa y un trozo de sábana, que impedía el control visual directo. Por ello, el jefe de servicio ordenó el cacheo de la celda y el superficial de los internos para descartar manipulación de los barrotes o que los internos tuvieran en su poder objetos prohibidos que les permitiera cortar los barrotes de la ventana.

«Efectivamente, para comprobar los extremos anteriores, la única posibilidad realmente factible era el cacheo de la celda y superficial de los internos», recalca la Audiencia. Añade que la medida fue proporcionada, porque era la «solución idónea». Además, se llevó a cabo «con la suficiente dignidad puesto que lo único que se pidió a los internos era salir de la celda para practicar el registro, teniendo en cuenta que la presencia de los internos y de tres funcionarios en el espacio reducido de la celda habría impedido el desarrollo de la diligencia».

El interno también se quejaba de que no se les informó de que iban a realizar el registro. Los magistrados recuerdan que el objetivo del cacheo era determinar si los internos habían alterado los barrotes de la celda o si tenían objetos en su poder para manipularlos, «con lo que, evidentemente, no es posible informar con carácter previo de la operación, ya que es una vía para frustrar el buen fin de la diligencia y permitir una eventual ocultación de los objetos prohibidos.


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