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La Bodega Enric queda en buenas manos

La Part Alta gana. El propietario del negocio de la Plaça del Fòrum se jubila tras más de 30 años detrás del mostrador. Georgina Fa y Gerard Esquerre asumen el relevo

CARLA POMEROL

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Las dos parejas protagonistas, en la bodega. FOTO: ALBA MARINÉ

Las dos parejas protagonistas, en la bodega. FOTO: ALBA MARINÉ

La Bodega Enric es uno de esos negocios míticos de la Part Alta. Recoger el Chartreuse para las fiestas o comprar la botella de vino para la comida del domingo antes de hacer el vermut, son algunas de las cosas que se nos vienen a la cabeza cuando hablamos de la Bodega Enric. La Plaça del Fòrum no sería la misma sin este rinconcito de aquello que se conoce como tarragonisme pur. Enric Romeu, el propietario de la bodega, se jubila tras más de 30 años detrás del mostrador. La buena noticia es que, en este caso, hay relevo, lo que significa que el negocio tendrá continuidad. Georgina Fa y Gerard Esquerre son la joven pareja que se embarca en esta aventura. Empecemos por el principio de la historia.

Enric Romeu entraba por primera vez a la bodega de la Plaça del Fòrum cuando tenía 32 años. En ese entonces, trabajaba en una empresa de máquinas tragaperras y su mujer, Maria Teresa Altés, insistía en que lo dejara. Salió la oportunidad de la bodega y el matrimonio no se lo pensó dos veces. «A partir de entonces, trabajo, trabajo y más trabajo», explica Enric, quien recuerda que «las cosas han cambiado mucho. En mis inicios, me ganaba la vida con el sifón, la gaseosa y el vino a granel. Por ese entonces, el embotellado era para señoritos». Su fuerte ha sido siempre el trato con los clientes. Amable, amigo, confidente y asesor.

Enric reconoce que no solo han cambiado los hábitos de consumo. La plaza también lo ha hecho. En la actualidad, el Fòrum está envuelto de bares y terrazas y, entre todas ellas, casi el único comercio: la bodega. Enric ha hecho siempre bandera de su resiliencia, adaptándose a los nuevos tiempos. Hace un año tuvo que dejar el local ubicado en el número 7 de la misma plaza y se mudó hasta el número 3. El local era suyo y estaba listo para entrar a trabajar. Resiliencia, que decíamos.

Enric ha decidido jubilarse a sus 63 años. Reconoce que en la bodega ha sido muy feliz, que ha aprendido mucho y que siente una gran satisfacción por el trabajo hecho. «Detrás de un mostrador, consigues estrechar los vínculos con los clientes. Tanto ha sido así que me han venido a pedir consejo, a confesarse, incluso a que les pusiera el voto en el sobre», explica Enric, emocionado. Dice que su etapa ha llegado hasta aquí y que, con todo esto de la pandemia, el negocio necesita avanzar y evolucionar en temas como las redes sociales o la venta online. La magia se encargó del resto.

Nuevas ilusiones

Un día frío de diciembre, un cliente habitual entró a la bodega y Enric le comentó sus intenciones de jubilarse. El hombre era la pareja de la madre de Georgina, otra de las protagonistas de esta historia. «Vino y nos lo contó. Él sabe cómo nos gusta el mundo del vino, tanto a mí como a Gerard. Pensar que uno de nuestros hobbies es viajar para conocer vinos», explica Georgina Fa. La joven pareja lo vio claro y decidieron hacer un cambio radical en su vida. Gerard deja su puesto en la banca para dedicarse de pleno en este proyecto. Georgina, por su parte, compaginará su trabajo de farmacéutica con la bodega.

Tienen claro que quieren continuar con la manera de hacer de Enric. «El trato y la atención que tiene con los clientes es de admirar. No queremos perderlo. Además, aportaremos frescor e ideas nuevas. Los tarraconenses lo irán descubriendo poco a poco», explica Gerard, quien reconoce que «estamos eufóricos, nerviosos, nos cuesta incluso dormir por las noches». A partir de mañana, Georgina y Gerard ya serán los nuevos propietarios.

Para Enric, también es importante este relevo. «Vino mucha gente a ver este local para poner un bar, pero cuando los vi entrar a ellos, tuve claro que sabían lo que querían. Se me abrió la luz porque pensé que no se perdería otro negocio histórico en el casco antiguo», explica. Enric y Maria Teresa dan paso a Georgina y Gerard. La bodega queda en buenas manos. Y en esto gana todo el mundo. Sobre todo, la ciudad y la Part Alta.

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