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La Cambra de la Propietat impulsa la rehabilitación y alquiler de pisos en Tarragona

Tarragona pone en marcha un programa que hace que los propietarios puedan olvidarse del conjunto de las gestiones

N.Riu

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Este edificio de la Rambla Vella muestra el estado de degradación de algunos inmuebles en el centro de la ciudad.  Foto: Pere Ferré

Este edificio de la Rambla Vella muestra el estado de degradación de algunos inmuebles en el centro de la ciudad. Foto: Pere Ferré

Con casi 10.000 pisos vacíos, según el Pla Local de l’Habitatge, la ciudad de Tarragona tiene un problema. Éste no es otro que un parque de vivienda envejecido, por la falta de mantenimiento, que hace que ahora mismo encontrar un hogar de segunda mano en buenas condiciones pueda convertirse en una odisea.

Por este motivo, desde la Cambra de la Propietat Urbana de Tarragona se ha decidido reactivar el programa Reforma i Lloga, que, como su nombre indica, busca ser un incentivo para los propietarios. Éstos son los que deciden la intervención que quieren hacer y a partir de ahí los servicios técnicos de la Cambra se encargan de hacer el proyecto, buscar la financiación y de que éste siga adelante para tramitar los papeles necesarios y después incorporarlo a la bolsa inmobiliaria que gestiona esta entidad. «Lo que queremos es que el propietario no tenga que preocuparse de nada, nuestra función es la de facilitar las cosas», explica el presidente de la Cambra de la Propietat, Agustí Pujol.

La iniciativa está pensada para que el alquiler sirva para pagar los gastos de la reforma y que quede una pequeña parte para el propietario. «Si estamos hablando de una rehabilitación de 10.000 a 15.000 euros, podemos ver como en cuatro o cinco años está pagado y con una persona viviendo en el piso», argumenta Agustí Pujol.

La Cambra de la Propietat Urbana relanza esta iniciativa que está pensada para los propietarios particulares aunque abierta a iniciativas más ambiciosas, como es la rehabilitación a nivel de comunidades de vecinos.

Segunda oportunidad

La iniciativa no es nueva. Se impulsó a nivel de Cambres de la Propietat Urbana de Catalunya en 2010, en plena crisis inmobiliaria, para reactivar el sector. Se firmó un acuerdo con una entidad financiera, que es la que avanza los recursos, y cada organismo territorial resolvía las peticiones que le llegaban. Sin embargo en aquellos momentos no funcionó. «Aquí todos debemos entonar el mea culpa, si no se informa al propietario a éste no le llega y en aquellos momentos no se hizo», lamenta Pujol. Tan solo en Girona se llevaron a cabo algunos proyectos.

Pese a ello, este arquitecto de profesión, asegura que «la rehabilitación es una cosa que siempre me ha inquietado». Por lo que ahora, cuando lleva dos años presidiendo el Consell de Cambres de Catalunya, Agustí Pujol ha querido recuperar este proyecto. Por ello han firmado un convenio de colaboración nuevo, ahora con Banc Sabadell, y quiere que la ciudad de Tarragona lidera esta apuesta. «Es un paso de calidad de cara a ofrecer un servicio integral que quiere convencer a los propietarios indecisos que no saben por donde empezar», argumenta.

Para evitar de nuevo que se quede en el cajón sin éxito han reforzado el personal con un agente externo, que es el que debe contactar con los propietarios. Pujol avanzó también que se pondrán en contacto con las entidades vecinales y demás organizaciones que puedan a ayudar a difundir la iniciativa. «La idea es iniciar un Posa’t guapa, por lo que nuestra misión es dar facilidades y ofrecernos para colaborar con el Ayuntamiento también», describe el presidente de la Cambra de la Propietat Urbana.

Mercado en auge

La burbuja que está experimentando el mercado del alquiler puede dar una oportunidad a la actividad de rehabilitación. Aunque, según el nivel de exigencia del cliente, puede resultar dificultoso. «Nosotros intentamos convencer a los propietarios de que es importante que inviertan en hacer mejoras», argumenta Enric Martí, de la inmobiliaria Marebens. Es política de esta empresa que si las viviendas no llegan a unas condiciones mínimas no las aceptan. «Habría que tenerlo en cuenta todo, pero especialmente las ventanas, que deberían ser de aluminio con rotura de puente térmico, para proteger las fugas de frío y calor», describe. Que el baño y la cocina estén en buenas condiciones es otro de los factores determinantes.

Con una trayectoria de 64 años, esta sociedad tiene en cartera unos 1.300 pisos en Tarragona y Valls. Enric Martí lamenta que la degradación del mercado inmobiliario viene de hace más de cincuenta años. En concreto de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) de 1964, que reconoció los alquileres de por vida. «Mató esta práctica», considera Martí.

Con la liberalización de esta actividad, en 1985, se consiguió aliviar la situación. Aunque no ha conseguido nunca establecerse como una alternativa, más allá de los jóvenes, las personas con menos recursos o cubrir periodos de temporalidad.

Una inversión

En el último año la situación ha variado notablemente. Las viviendas con un alquiler de entre 700 y 1.000 euros «se alquilan relativamente bien, en menos de un mes están fuera», dice Martí. También las de gama más baja, menos de 500 euros. Mientras que la franja del medio, desde 500 a 700 tiene menos demanda. Y estas cifras podrían subir considerablemente si al incremento de la demanda le sumamos una mejora cualitativa del parque inmobiliario.

La oferta cada vez más limitada puede motivar que los dueños que inviertan en sus propiedades obtengan una renta anual bruta del 4%. «Si lo comparamos con lo que puede generar un depósito o un fondo de inversión en un banco, poner un piso en alquiler es una inversión», determina Martí.

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