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La Covid ha agravado el estrés postraumático de los pacientes ingresados en la UCI

La gravedad de la enfermedad y una larga estancia en la unidad de críticos provocan que las secuelas psiquiátricas, como la depresión o la ansiedad, se manifiesten más intensamente

JOAN MORALES

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Foto de archivo del interior de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Santa Tecla de Tarragona. FOTO: PERE FERRÉ

Foto de archivo del interior de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Santa Tecla de Tarragona. FOTO: PERE FERRÉ

Ansiedad, depresión, estrés postraumático o trastorno cognitivo son algunas de las secuelas que los pacientes que han estado un tiempo ingresados en una Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital suelen manifestar a posteriori, normalmente cuando están en casa. Es algo que ya pasaba antes de que la Covid-19 llegase a nuestras vidas. La diferencia, un año después del inicio de la pandemia, es que esta enfermedad ha agravado estas secuelas en aquellos pacientes que han estado ingresados en la UCI.

Mònica Magret, médica intensivista del Hospital Joan XXIII de Tarragona, explica al Diari que «los enfermos de la UCI que están intubados llevan conectada ventilación mecánica, sedación y suelen estar mucho tiempo en reposo en la cama. Antes de la pandemia ya se había visto que estos enfermos, una vez dejan la UCI, tienen secuelas, tanto físicas como cognitivas y psiquiátricas».

Por todo ello, y en el caso del Joan XXIII, hace unos siete años, y con el objetivo de no perder el rastro de estos pacientes cuando se trasladaban a planta, «reforzamos su seguimiento para ver qué alteraciones presentaban», comenta Magret, quien añade que «desde hace un año trabajamos con un protocolo para intentar retirar cuanto antes la ventilación mecánica y la sedación, así como moverlos lo más pronto posible. Porque está demostrado que cuanto más tiempo se alargue todo esto más probabilidad habrá de que se produzcan estas alteraciones psiquiátricas y cognitivas».

«Trabajamos para intentar retirar cuanto antes la ventilación mecánica y la sedación»

Algunos hospitales, como el Morales Meseguer de Murcia, barajan cifras alrededor del 23% de los enfermos postcovid que tienen estrés postraumático después de haber salido de la UCI. Verónica Torres, neuropsicóloga del Hospital Joan XXIII, añade que «está demostrado que entre un 30% y un 50% de los pacientes que están en una UCI sufrirán el síndrome post-UCI, con secuelas físicas, cognitivas y emocionales o psiquiátricas». Entre estas últimas están la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático, «que en el caso de los enfermos de Covid se manifiesta mucho más, relacionado con la pérdida de las funciones cognitivas, como la alteración de la memoria, de la atención o de la capacidad de organizarse», comenta Torres.

Eso significa que cuanto más días esté un paciente grave en la UCI más tiempo tendrá que llevar ventilación mecánica y sedación «y tendrá más posibilidades de sufrir estas secuelas psiquiátricas. Además, los enfermos Covid suelen estar muy graves y su estancia en la UCI se alarga», añade Mònica Magret.

«Suelen ser secuelas muy incapacitantes y pueden persistir hasta entre tres y cinco años»

Sedación fuerte

Una de las preguntas que podemos hacernos los profanos en la materia es si un paciente intubado, que está dormido, realmente no se entera de nada de lo que pasa a su alrededor. Mònica Magret nos saca de dudas. «El paciente Covid, como está en la UCI por un problema respiratorio, necesitamos que esté intubado y muy sedado porque el tratamiento es muy estricto y muy adaptado al respirador. Además, tiene que estar muy relajado a nivel muscular. Eso se traduce en que el paciente no se entera de nada de lo que ocurre a su alrededor. Al estar monitorizado, podemos ver si la sedación es correcta y lo relajamos más o menos».

Además, estos pacientes, en el momento de despertarse, «no se acuerdan del momento previo a su intubación. Incluso si no han estado mucho tiempo en la UCI cuando salen del hospital ni se acuerdan de que han pasado por la Unidad de Cuidados Intensivos», añade esta médica intensivista del Hospital Joan XXIII.

Este centro hospitalario, y según confirma Mònica Magret, abrirá en breve una consulta para hacer un seguimiento de los pacientes que salen de la UCI, «un proyecto que teníamos previsto poner en marcha antes de la pandemia pero que quedó parado. La idea es derivarlos al servicio de psiquiatría, al rehabilitador, etc., si detectamos secuelas».

Respecto a cuándo acostumbran a manifestarse estos problemas neuropsiquiátricos, Verónica Torres explica que «es probable que estas secuelas aparezcan una vez que el paciente está en casa. Además, son muy incapacitantes, impidiendo en algunos casos que la persona pueda incorporarse a su actividad habitual, y pueden persistir hasta entre tres y cinco años». De hecho, las secuelas que suelen alargarse más en el tiempo son «las físicas, y esto hace que las psiquiátricas y emocionales tampoco avancen», asegura Magret, a lo que Torres puntualiza que «es un pez que se muerde la cola».

La edad del paciente que ha pasado por la UCI también influye en que éste tenga más predisposición a sufrir estrés postraumático. En este sentido, esta médica intensivista comenta que «afectan más a las personas mayores, ya que son las que tienen un deterioro cognitivo o factores de riesgo. En muchos casos, el hecho de estar en la UCI es el debut de una demencia. No obstante, eso no significa que los enfermos jóvenes también las puedan sufrir, pero cuanto más mayores, peor».

El papel de la familia del enfermo también es muy importante, por eso en el Hospital Joan XXII «hace años que empezamos a trabajar en un programa de humanización de las UCI, donde es muy importante hacer participar mucho más a la familia en la recuperación del enfermo», comenta Magret, y Torres sentencia que «emocionalmente, el paciente lo agradece».

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