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La Diada en Valls: «Creo que ha faltado la ilusión del primer día»

Optimismo y decepción a la vez. Un grupo de vallenses independentistas compartía inquietudes y esperanzas ayer en el autobús camino a Barcelona

Alba Tudó

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Imagen del tramo 18 con los gigantes neolíticos de L’Espluga de Francolí. FOTO: Alba Tudó

Imagen del tramo 18 con los gigantes neolíticos de L’Espluga de Francolí. FOTO: Alba Tudó

Los autobuses de Valls salieron ayer a la una del mediodía de la capital del Alt Camp -19 de Valls y 33 de la comarca- dirección Barcelona (cifras inferiores al año pasado). Una vez más salieron a la calle para reclamar a los partidos políticos «unidad estratégica». Todos los vallenses iban preparados para la ocasión: con la camiseta azul turquesa y las esteladas. «No es la primera vez que vengo. Cada año tenemos que mobilizarnos y salir a la calle», decía en el autobús una vecina de Valls. 

Al llegar a Barcelona -a las dos y medía aproximadamente-, tuvieron que andar media hora hasta a la calle correspondiente. Todos buscaban sombra y un banco para sentase y poder comer su bocadillo, con tranquilidad. Otros en cambio, llevaban la silla plegable de casa. Este año había 26 tramos repartidos por las distintas comarcas de Catalunya. 

A las cuatro de la tarde, los independentistas empezaron a dirigirse a su tramo correspondiende. El 17 aglutinaba las comarcas de la  Terra Alta, Ribera d’Ebre y Baix Ebre; el 18 la Conca de Barberà, Alt Camp y Baix Camp, y el 19  las comarcas del Tarragonès, Priorat y el colectivo LGTBI. «Este año será el último que vengo porqué ya soy demasiado mayor. He venido cada año y aún tengo fuerzas para seguir luchando», decía un hombre de Valls de 90 años acompañado de su mujer.

Imagen del tramo 18 de Barcelona con un pilar dels Xiquets de Reus. FOTO: Alba Tudó

Minutos antes de las cinco de la tarde, la gente ya estaba preparada y las distintas collas castelleras y los elementos del seguicio popular hicieron sus respectivas actuaciones en su tramo y aprovecharon para sacar las primeras fotografías que después publicarían en sus redes sociales. 

El público gritaba y aplaudía ‘Independència’. Una de las novedades de esta Diada fue la sonorización. En cada tramo había un altavoz para seguir y escuchar todo lo que pasaba. «Los otros años no sabíamos qué hacer porqué no oíamos nada», recordaba uno de los participantes mientras esperaba la hora. Cinco años después, la marcha tuvo como epicentro la plaza España, en el otro extremo de la ciudad. De ahí partieron seis arterias limítrofes que simbolizaban «los distintos caminos hacia un objetivo común». Eran las calles Creu Coberta y Tarragona, las avenidas Paral·lel y Maria Cristina, y la mencionada Gran Via. Ésta última era la vía más concurrida, ya que la afluencia se extendió hasta la altura del paseo de Gràcia.

Minutos antes de las cinco de la tarde la gente ya estaba preparada y gritaba ‘Independència’ 

Vista desde el aire, la manifestación tenía forma de una especie de estrella fugaz con una enorme cola. La estrella pretendía simbolizar la unidad estratégica del independentismo. En Maria Cristina tuvieron lugar las actuaciones y manifiestos. El acto central de la manifestación clamó por la unidad de las fuerzas soberanistas, semanas antes de que se haga pública la sentencia del Supremo. «Desde aquí hacemos un clamor masivo para pedir unidad estratégica, queremos culminar el camino que dejamos a medias otoño de 2017», aseguró en su intervencón inicial David Bagès. El actor, conductor del acto, insistió en que sólo «desde la unidad» se podrá hacer frente a los «retos de futuro» y en la decisión del Supremo.

También fue la sentencia el motivo de la acción que, al final del acto convocado por el ANC y Òmnium Cultural, protagonizaron miembros del movimiento Tsunami Democràtic. Voluntarios del cuerpo de Bomberos desplegaron por sorpresa dos pancartas en las Torres Venecianas de la plaza de España con los lemas ‘Organitzem la resposta a la sentencia’ y ‘# TsunamiDemocràtic’. La acción forma parte de las acciones que el colectivo prepara como respuesta al veredicto judicial. Durante los parlamentos finales del acto, Òmnium Cultural y el ANC reclamaron «no ceder al chantaje» del Estado y construir una «respuesta democrática» a la sentencia del 1-O. El vicepresidente de Òmnium, Marcel Mauri, advirtió desde plaza España que la sentencia buscará «venganza y escarnio» y reivindicó a los partidos políticos y las administraciones «sentido de estado» y no perderse en «batallas estériles». Ya en el bús dirección a Valls los asistentes comentaban la jugada: «Nosotras estábamos en plaza España y no cabía ni un alfiler. Me ha gustado porque esté año había microfonía en todas las calles», decía Núria Piñas en el autobús y añadió que «cada año venimos y creo que la gente es parecida a otros años».

Imagen del tramo 18 con los gigantes neolíticos de L’Espluga de Francolí. FOTO: Alba Tudó

«No debemos desfallecer y seguir haciendo distintas acciones, aún queda mucho trabajo por hacer. Ha sido participativa pero me ha dado la sensación que a la gente le faltaba la ilusión del primer día», afirmaba Assumpció en el autobús. Algunos se mostraban optimistas y otros decepcionados. Incluso los más críticos, como Jordi, un vecino de Valls, que reivindicó que el movimiento está vivo y que el objetivo de una Catalunya independiente es posible, tal y como marcaba el lema de la manifestación ‘Objectiu Independència’.

Las cuatro gotas de la mañana dieron paso al sol de la tarde y el día se desarrolló, como siempre, de manera festiva y cívica.
 

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