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La Diputación, refugio de huérfanos

Al ser abandonado por una comunidad de agustinos en 1274, los frailes mercedarios ocuparon el edificio en 1299. Durante la Guerra dels Segadors la casona fue destruida.
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Vistas actuales del Palacio de la Diputación, anteriormente Beneficencia Provincial.  Foto: DT

Vistas actuales del Palacio de la Diputación, anteriormente Beneficencia Provincial. Foto: DT

Para entender la Diputación de nuestra ciudad es fundamental que entendamos qué es una provincia. Las provincias nacieron en el siglo XIX, impulsadas por el liberalismo político. La razón de su creación radica en la necesidad de suprimir las divisiones administrativas del antiguo régimen, que dificultaban enormemente la gestión eficiente de los asuntos públicos. Influenciados por el modelo territorial nacido a partir de la Revolución Francesa del 1789, los redactores de la Constitución de Cádiz (1812) diseñaron las líneas generales de una división territorial nueva, diferente de la anterior. Esta división se basaba en el principio fundamental, como era el del respeto a la igualdad de los ciudadanos.

El actual palacio de la Diputación es un edificio que tiene una larga historia. Durante el siglo XIII, la zona que ocupa se situaba fuera de las murallas, en dirección nordeste. Aquí había un edificio de proporciones modestas, ocupado por una comunidad de agustinos reformados que lo dejaron abandonado al ser disuelta su orden en 1274. Por la misma época, existía en la ciudad una pequeña comunidad de frailes mercedarios. Esta comunidad ocupó en 1299 aquel convento abandonado, y durante el siglo XIV se amplió con la incorporación de los frailes de San Antonio Abad procedentes de Valls. De esta forma, el convento de los mercedarios y toda la zona o partida de tierra donde se situaba se denomina de San Antonio, como el portal de la muralla o la cruz cercana. Desde entonces los frailes desarrollaron su actividad asistencial, en especial la protección de presos dedicados a la redención de los cristianos cautivos en tierras del Islam.

En zona cercana al convento se construyó en 1388 una cruz de término, llamada cruz de San Antonio, que fue reformada al comenzar el siglo XVII. Allí se bendecían las caballerías, que daban tres vueltas en torno a la cruz el día de San Antonio Abad. Para ser protegida, la cruz fue desmontada durante la Guerra Civil de 1936-1939. El mes de noviembre de 1939 fue restituida a su lugar, donde todavía hoy se conserva.

La ubicación del convento mercedario al margen del perímetro defensivo de la ciudad lo convertía en un punto fácilmente atacable durante los sitios y guerras que sufrió la ciudad, en especial durante la Guerra dels Segadors (1640–1652), en que quedó casi destruido. Se hicieron numerosas reformas, la más reciente de las cuales tuvo lugar a finales del siglo XVII con el apoyo del arzobispo Sanchiz, que pertenecía a la mencionada orden religiosa. La Guerra de la Independencia (1808-1814) dañó el edificio de forma muy seria. Tras la desamortización, el convento pasó a ser propiedad del Estado y quedó abandonado. Posteriormente se convirtió en cuartel militar, y desde mediados del siglo XIX hasta buena parte del siglo XX fue casa de Beneficencia y acogida de niños huérfanos o abandonados.

El presente palacio sufrió una remodelación en 1986, dirigida por el arquitecto Josep M. Garreta Cusidó, quien convirtió la antigua casa provincial de Beneficencia en el actual Palau. Es un edificio funcional y moderno, todo y mantener algunos elementos constructivos de épocas pasadas en la portada de la fachada principal y la antigua puerta de acceso a la iglesia, en la fachada lateral.

Los años transcurridos desde la construcción de este edificio, en el siglo XIV, no son, como tiempo histórico, gran cosa ciertamente, pero la historia, más que las piedras, la forman los hombres y la intensidad con que vivieron. Hoy por hoy alberga los servicios del gobierno administrativo de la Diputación, y fue conocido como el ‘gran ventanal encarado al Mare Nostrum’. El mar y la luz se desbordan a través de los ventanales de la inmensa claraboya del patio central de este edificio singular. A un lado, el mar, y al otro, las murallas romanas, serenas y estáticas, siendo un libro abierto donde cada piedra es igualmente una página de remota historia.

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