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La Part Alta, en decadencia

Crónica. Los problemas del núcleo histórico no tan solo se arreglan con dispositivos de seguridad. Esto tan solo es la punta del iceberg de la falta de atención

NÚRIA RIU

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La inseguridad se ha convertido en tema de conversación entre los vecinos.  FOTO: PERE FERRÉ

La inseguridad se ha convertido en tema de conversación entre los vecinos. FOTO: PERE FERRÉ

Lejos han quedado aquellos años en los que la Part Alta estaba de moda. Pequeñas cafeterías con encanto en las que pasábamos las horas los que tuvimos la suerte de estudiar en el núcleo histórico, cuando la Facultat de Periodisme estaba en el Seminari, y un ambiente de barrio, con parejas jóvenes que buscaban allí su primer piso cuando se emancipaban. Sin olvidarnos de los artistas que abrían las puertas de sus talleres, contagiando el ambiente de bohemia y arte.

Todo esto forma parte del pasado. Un pasado no tan lejano, que aquellos que hace más años que viven en el barrio aseguran que les recuerda los años en los que el núcleo histórico era un nido de prostíbulos y trapicheo. Hace semanas que la Part Alta tan solo es noticia por los altercados, robos y la inseguridad ciudadana. Y es que sí, el ambiente ha cambiado y ahora mismo este es el tema de conversación entre los vecinos, que comentan atónitos los últimos episodios que se han vivido en las últimas semanas, y que ya hace demasiado tiempo que duran.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo se explica que el primer lugar que visita la gente de fuera cuando viene a Tarragona esté en estas condiciones, hasta el punto que la gente se marcha? La respuesta fácil supongo que es culpabilizar a los jóvenes que ocupan pisos vacíos y que han generado malestar en algunas calles. No negaré el problema. Esto pasa en la Part Alta, como pasa en muchos otros de los barrios de la ciudad. Seguramente esto se ha acentuado en los últimos meses y ahora el problema se ha concentrado aquí. Sin embargo, pensar que los problemas del Casc Antic se acabarán con dispositivos de seguridad y redadas es totalmente erróneo.

La decadencia de la Part Alta no es un fenómeno nuevo. Hace muchos años que la gente que vivimos en el barrio hemos detectado que las cosas no van bien. Ahora todo esto ha quedado un poco diluido, porque llevamos más de quince meses de pandemia, y no ha habido turismo. Y no estoy culpabilizando a ese sector de las siete plagas de Egipto, pero está claro que ha habido un antes y un después desde que Tarragona empezó a convertirse en un destino atractivo, alcanzando cifras de récord en el año 2019.

La pandemia ha aparcado debates como la proliferación de pisos turísticos, la llegada de los cruceristas o el uso abusivo del espacio público con las terrazas. Porque sí, la Part Alta poco a poco se había convertido en un barrio de cartón piedra, bonito de cara a la galería, pero sin alguien que haya pensado en la gente que le da vida los 365 días del año. Por qué nunca se ha hecho el plan de usos para regular o delimitar algunas de estas actividades que generan problemas; qué inversiones se han hecho en los últimos años en el barrio. Está claro que ahora el Ayuntamiento podrá decir que en los presupuestos hay una partida de 600.000 euros para el proyecto Porta Tarraco. Y ya es hora que los turistas que llegan a Tarragona cuenten con un centro de bienvenida en condiciones, pero y de cara a los vecinos qué. Está claro que todos los barrios de la ciudad dirán que han sufrido una desinversión durante muchos años. Pero, más allá del Mercat del Fòrum, ¿qué servicios tiene la Part Alta para ser un sitio atractivo en el que vivir? ¿Las iglesias?

Se está hablando mucho ahora de peatonalizar calles y de sacar los coches del centro. Sin embargo, tenemos un núcleo histórico que ofrece unas condiciones óptimas para eliminar el tráfico rodado y de nuevo nuestros dirigentes se olvidan de la Part Alta. No se entiende de ninguna forma, cuando esto es lo que han hecho algunas de las principales ciudades con sus núcleos históricos. Dentro de cuatro días volveremos a ver el trenecillo intentando abrirse paso, entre las maletas de los turistas y los coches mal aparcados.

Cuando los cascos antiguos no se cuidan se degradan muy rápidamente. Ya sucedió en el pasado y ha vuelto a pasar ahora. Y esto no se soluciona con dispositivos policiales.

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