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La Policía Local de TGN descarta un dispositivo especial para impedir botellones

Los puntos calientes de la ciudad, donde grupos de jóvenes consumen alcohol, son el parking del Miracle, el Camp de Mart, el Passeig de Sant Antoni y en las playas

CARLA POMEROL

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La explanada del Camp de Mart, la mañana del pasado domingo. FOTO: PERE FERRÉ

La explanada del Camp de Mart, la mañana del pasado domingo. FOTO: PERE FERRÉ

Tanto el Ayuntamiento como la Guàrdia Urbana niegan que haya un problema con los botellones en la ciudad. El concejal de Seguretat Ciutadana, Manel Castaño, asegura que «nos hemos dado cuenta de que en Tarragona, a diferencia de otras localidades del mismo tamaño, la concentración de jóvenes bebiendo en la vía pública no es tan importante» y, por eso mismo, no se prevé un dispositivo especial para los próximos fines de semana. Pese a las declaraciones del concejal, son muchas las plazas, parques y playas que llevan dos fines de semana despertándose repletas de botellas, vasos y bolsas de plástico, como si de un campo de batalla se tratase. Los vecinos se quejan del ruido nocturno y piden más presencia policial en los puntos calientes de botellón, como son el Parc Francolí, el Passeig de Sant Antoni, la Platja de l’Arrabassada, el Camp de Mart, el Parc de la Coma de Bonavista y la zona cercana al centro cívico de Sant Pere i Sant Pau.

Y es cierto que las imágenes de botellones masivos de los últimos fines de semana en Barcelona no se han reproducido en la ciudad de Tarragona. No obstante, sí que existen pequeños grupos de jóvenes que se reúnen para seguir la fiesta y seguir bebiendo al aire libre, causando molestias vecinales y saltándose la prohibición de consumir alcohol en la calle. Esta podría ser una de las consecuencias del fin del toque de queda y de que los bares cierren sus puertas a las doce de la noche.

De eso son testigos los vecinos del Parc Francolí, quienes están cansados del ruido por la noche y de la suciedad por el día. Así lo explica la secretaria de la asociación de vecinos, Roser Barrio. «En nuestro caso, se concentran en la zona del picnic y en unas gradas que hay al lado del barco pirata. Se acumula mucha gente y, la mayoría de veces, sin mascarilla. Ya no nos quejamos del escándalo nocturno, sino de la porquería que dejan. Al día siguiente, cuando vamos con nuestros hijos al parque, tenemos que ir apartando botellas y vasos», explica esta líder vecinal, quien reivindica más policía «para conseguir disuadir estas reuniones».

Una situación normalizada

El Ayuntamiento reconoce que el fin del toque de queda causó cierta preocupación entre la Guàrdia Urbana «porque intuíamos situaciones complicadas», dice el concejal, Manel Castaño. La policía preparó una planificación para el primer fin de semana para identificar cuáles eran los principales puntos calientes de reunión, «y fue entonces cuando nos dimos cuenta de que, en Tarragona ciudad, la situación estaba normalizada, en comparación con otros municipios de dimensión similar», comenta Castaño, quien añade que «la población tarraconense ha sido responsable».

Según datos de la Guàrdia Urbana, durante el fin de semana pasado –viernes y sábado–, se denunciaron un total de 16 personas por consumo de alcohol en la vía pública. «Lo que no quiere decir que no hubieran más botellones. Estos fueron los que pillamos infraganti», aclara Castaño.

Algunos vecinos denuncian que la Urbana no hace nada para disuadir los botellones. «Esta percepción no se ajusta a la realidad. Controlamos las zonas más problemáticas, pero no podemos estar en todos los puntos y a todas las horas. Además, los que hacen botellón son como nómadas. Van de un sitio a otro», dice Castaño. La Urbana no prevé ningún dispositivo especial para los próximos fines de semana.

Ocio más ordenado

Los empresarios del ocio nocturno de la ciudad temen que la práctica del botellón se convierta en costumbre una vez puedan abrir las discotecas. «Sentimos impotencia al ver los jóvenes bebiendo a la vía pública, sin ningún tipo de control, mientras nosotros no podemos abrir», explica Christian Compte, presidente de Fecalon y propietario de la discoteca Totem, quien añade que «en nuestros establecimientos podríamos ofrecer más medidas de seguridad entre estos chicos y un ocio más ordenado».

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