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La Tarragona interior se queda sin niños

En La Febró no hay partos desde 1989. En Forès el vercino más joven tiene 24 años. El interior de la provincia se queda sin niños. El número de pueblos que no tienen hijos se ha duplicado

RAÚL COSANO

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En La Febró (Baix Camp) no se registra ningún nacimiento desde hace 30 años. El último, según el Idescat, fue en 1989.  FOTO: Pere Ferré

En La Febró (Baix Camp) no se registra ningún nacimiento desde hace 30 años. El último, según el Idescat, fue en 1989. FOTO: Pere Ferré

En 33 municipios de la provincia de Tarragona azota la cara más amarga del crudo invierno demográfico: no nacen niños. Ahí están, entre otros, Renau, Conesa, Forès, Vinebre, Bellmunt del Priorat, Gratallops, Alfara de Carles, Capafonts o Arbolí. Habría que hacer bastante memoria para recordar el último bautizo en esos sitios. Tampoco es fácil ver chiquillos correteando detrás de un balón ni carritos con bebés. Y una comunión se convierte en todo un acontecimiento, algo cada vez más extraño.

En esas poblaciones, junto a otras como Freginals, Els Garidells, Ginestar o Pradell de la Teixeta, no hubo ningún nacimiento durante 2018, según los datos definitivos publicados por el Idescat. Otras 16 localidades pueden presumir de infancia, aunque solo sea porque se produjo un único alumbramiento en 12 meses. Ahí se hallan núcleos como Miravet, Porrera o Rasquera. En 110 de los 184 municipios tarraconenses (el 60%) no se alcanzaron ni los diez nacimientos en un año. No siempre ha sido así. En 2008, por ejemplo, solo eran 20 las poblaciones en las que no nació nadie. Y dos décadas atrás, en 1998, fueron 17, prácticamente la mitad de localidades que actualmente.

La niña de 12 años en La Febró

Tarragona no sufre el ocaso demográfico tanto como otras provincias españolas pero sí hay zonas concretas y cada vez más amplias sometidas a él, básicamente en el ámbito rural y en el interior. Hay algunas poblaciones donde la crianza de infantes es, definitivamente, cosa casi del pleistoceno. En Forès (Conca de Barberà) no nay niños. La persona más joven tiene 24 años. En La Febró, en el Baix Camp, el ciudadano de menos edad es una niña de 12, según el padrón, que también ilustra cómo el envejecimiento se apodera del interior. En parecida situación están en Vallfogona de Riucorb, también en la Conca. No reside ningún menor edad y el más joven tiene 21.

Mont-ral, Llorac, Els Guiamets, El Rourell, Palma d’Ebre, Vallclara, La Figuera o Cabacés son otras de las localidades en las que nadie vino al mundo durante todo un año, ejemplos de la galopante despoblación del interior.

La situación no es producto solo del retroceso en la natalidad sino de una dinámica que va más allá y que lleva a la mayor parte de la población a concentrarse en las ciudades. El sociólogo tarraconense Francesc Núñez, profesor en la UOC, cree que el proceso de despoblación rural es irreversible: «Es algo que viene de hace mucho tiempo, incluso de siglos, y va ligado a la modernidad, a la revolución industrial. En las ciudades es donde se concentra la vida económica y también la del ocio».

La Febró sufre ese signo de los tiempos: un lugar en un enclave natural privilegiado, envuelto en simas y cascadas, y emplazado en las montañas de Prades que padece un retroceso demográfico implacable. En el año 2001 había censadas 65 personas. Hoy son 40, según los datos del INE sobre el año 2019. «Aquí la gente ya sabe lo que hay, muchos vienen buscando tranquilidad. Es uno de los puntos a favor de residir aquí», añade el alcalde, Sergi Cotilla.

Las reclamaciones

El edil da la bienvenida en la web del ayuntamiento con una foto en la que aparece él con un bebé en brazos, un detalle curioso que en el fondo es una ficción. Cotilla arroja un dato aún más contundente: «Hace mucho no hay nacimientos. Sí viene gente del pueblo pero que reside en Tarragona o Reus y que nos visita para pasar el fin de semana o las vacaciones». El senderismo es otro de los reclamos.

Cotilla, como otros alcaldes de municipios en situaciones similares, cree que la deriva es una dificultad a abordar, aunque la solución es compleja: «Una de las cosas indispensables sería dotar a estos pueblos de buenas condiciones de internet. A veces hay problemas de cobertura y eso, en los tiempos que corren, es un impedimento para atraer a más gente, sobre todo a los jóvenes».

El resurgimiento puntual de algunos pueblos es sólo limitado y poco relevante demográficamente, según Núñez: «Hay un retorno al pueblo pero no como lugar para vivir, sino como segunda residencia, como lugar de ocio donde la gente busca tranquilidad y tiempo libre, pero no por razones económicas. Los trabajos del campo no son necesarios ni rentables». La despoblación, eso sí, parece colarse en la agenda política en los últimos tiempos. En el nuevo gobierno de España, Teresa Ribera ha accedido al cargo de vicepresidenta para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

También la Generalitat pretende abordar el desafío en zonas afectadas de la provincia como la Terra Alta. En octubre, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, se reunió con los alcaldes. Algunas reclamaciones pasan por la necesidad de impulsar un turismo de calidad y sostenible y mejorar las infraestructuras digitales y la fibra óptica para garantizar la conectividad de esta comarca ebrense de interior.

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