La Universidad Laboral y un ‘Stenway’

Basta con acercarse con algo de mirada crítica y algo de «perspectiva histórica» para entender que la Universidad Laboral de Tarragona es una obra que rompe con la ciudad

Gillermo Zuaznabar Uzcudun

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Vista de las aulas con sus jardines, obra de Luis Peral.  FOTO: Pepo Segura

Vista de las aulas con sus jardines, obra de Luis Peral. FOTO: Pepo Segura

«A mí me parece agobiante la ciudad. Entonces, romper la ciudad aunque sea con edificios me parece hermoso». Francisco Javier Sáez de Oiza,1990. 

Basta con acercarse con algo de mirada crítica y algo de «perspectiva histórica» para entender que la Universidad Laboral de Tarragona es una obra que rompe con la ciudad. ¿Cómo se llamaba esa ciudad? ¿Tarragona? Sí, pero  también Castellón, Teruel, Reus,  Vila-seca, Salou, Alcañiz, Móra  d’Ebre, Riudecanyes... pueblos de donde provenían los hijos de las clases populares, sus alumnos. 

En la Laboral muchos estrenaron zapatos y ropa interior. Antes de entrar en la Laboral, ¿cuántos habían usado una ducha, un baño? ¿Cuántos habían visto y oído, o simplemente tenían noticia de la existencia de una de las máquinas más perfectas que el ser humano ha construido, un Stenway? ¿En 1956, fuera de la Laboral, cuántos Stenways había en Tarragona, cuántos en  Cataluña, cuántos en España? La Laboral fue, en algún sentido, construida como negación del país en el cual se levantó. 

Los arquitectos, Antonio de la Vega, Luís Peral y Manuel Sierra, aplicaron los modelos socialistas de inicios del siglo XX y los ideales del movimiento moderno recogidos en la «Carta de Atenas»  (1931), referente a finales de los cuarenta y principios de los cincuenta para quienes trabajaban en la «Obra Sindical del Hogar» y el «Instituto Nacional de Colonización». 

La Laboral, a cargo del Ministerio de Trabajo, como los poblados dirigidos, fue también pensada como «ciudad ideal» pero como «reverso» de los poblados. Los poblados tenían como objetivo reubicar agricultores en hábitats que  permitieran la subsistencia bajo  un orden agrícola y católico (Poble Nou del Delta, 1956). 

Los arquitectos aplicaron los modelos socialistas de principios del siglo XX

La Universidades Laborales, y específicamente la de Tarragona, se construye para, de algún modo, romper con ese paisaje. Si los poblados se construyeron para que todo siguiera como «antes», «antes de la guerra», «antes de la  escuela laica y  pública», las Laborales se constituyeron para transformar ese «antes» que ordenaba el «presente» de los cuarenta y cincuenta. Las Laborales (21) se proyectaron como «ciudades» para formar como obreros a los hijos de las clases más desfavorecidas; puesto que después de 1953 –acuerdos Vaticano y Estados Unidos– España como nuevo miembro del Eje Atlántico anhela la  industrialización. Hasta aquí el  marco político, es decir, el marco  estético en el cual la Laboral de Tarragona se encuadra. Miremos su arquitectura. 

Trabajadores estudiantes en el interior del pabellón de talleres, obra de Manuel Sierra. FOTO: Raymond. Arxiu Històric del Col∙legi d’Arquitectes Tarragona

El programa ordena un conjunto en torno al vacío representativo de una gran plaza central. Los lados de la plaza, a naciente y poniente, se delimitan con las residencias de los estudiantes; tres unidades blancas en forma de «L» (planta baja más tres pisos), a cada lado de la plaza proyectadas por A. de la Vega. En el lado alto (lado montaña), presidiendo el conjunto, se sitúa el edificio más representativo, un gran comedor, que puede funcionar como auditorio, orientado a mar; detrás del cuerpo principal se colocan las cocinas y los pabellones de servicios. En el lado mar, en el más bajo de la plaza, se remata con cinco pabellones de una altura ordenados perpendicularmente respecto de la línea de costa por L. Peral. 

Los pabellones se conectan por  un pasillo cubierto, pero los pabellones se alternan con jardines  que acompañan cada aula. Finalmente a norte, M. Sierra proyecta el pabellón de talleres fuera del esquema general. Se construye con fábrica de ladrillo, la cubierta de hormigón y estructura metálica, tiene forma de sierra para evitar el soleamineto a sur y recoger la tenue y constante luz del norte, para trabajar y aprender. 

Los lados de la plaza se delimitan con las residencias de los estudiantes

El conjunto de gran escala desarrolla un lenguaje identificable con la arquitectura de los 50. En los detalles, cerámicas, maderas,  piedras, carpinterías, cristaleras y  herrajes de gran calidad son protagonistas. La urbanización y el paisjajismo (L. Peral) se elaboraron con mucha atención esponjando la rigidez del conjunto. Se construyó con un cuidado excepcional.

Los pintores
Para los trabajos artísticos Manuel Sierra contactó con los pintores Carlos Pacual Lara y Néstor Basterretxea, quien el 1 de enero de 1955 escribe al también artista vasco Jorge Oteiza: «El arquitecto Sierra nos ha convocado a Lara y a mí, para pedirnos unos bocetos para unos murales en esa especie de universidad laboral que está construyendo en Tarragona. (...) Le he dicho que nos explique cómo va a ser la Iglesia (acordándome de ti) y resulta que va a ser enorme: 30 m de ancha por 45 de alta –sin columnas con un trabajo muy interesante para ti. Hay dinero.(...) El plan es enorme. Hay biblioteca, aulas, viviendas, salón de actos, etc... y en todo quieren poner esculturas o pinturas». 

Finalmente no se construyó una iglesia de esas características y Oteiza tampoco participó en el proyecto, sí lo hizo Basterretxea. 

La Laboral se inauguró en 1956, aunque las obras concluyeron en 1958. Funcionó hasta finales de los 80. Luego se ubicaron un instituto de secundaria y una escuela  profesional que actualmente sigue funcionando. 

En 1995 las escuelas de Ingeniaría de nuestra URV tuvieron el privilegio de establecerse en este campus universitario. Debido al interés del puerto por los terrenos, se evitó que las escuelas de la URV se quedaran definitvamente. A finales de los 90 la URV abandonó el que sin duda a es el mejor, si no el  único campus proyectado integralmente como tal en  Cataluña. 
Lleva más de 20 años  incomprensiblemente desaprovechado y sin noticias del Stenway.
 

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