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La amenaza de veto hunde la venta de coches diésel en Tarragona

En la provincia ya se vende casi el doble de coches de gasolina que de gasoil, en retroceso tras dos décadas como carburante rey

Raúl Cosano

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Un total de 215.360 turismos de la provincia se mueven con diésel. Es el 53% del parque total, aunque la gasolina le come terreno.  Foto: Lluís Milián/dt

Un total de 215.360 turismos de la provincia se mueven con diésel. Es el 53% del parque total, aunque la gasolina le come terreno. Foto: Lluís Milián/dt

El diésel, el rey indiscutible del asfalto hasta ahora, ha perdido su hegemonía. Si en 2011 el 57% de los vehículos matriculados en Tarragona llenaban los depósitos con gasóleo, en 2017 sólo eran el 42%. El trasvase de las ventas a los vehículos de gasolina ha sido imparable y todo apunta a que la dinámica va a continuar. 

El coche de gasoil ya no está de moda. Por primera vez en 20 años, sus ventas ya están por debajo de las de la gasolina. En la provincia sucede desde 2016, cuando se registró un vuelco histórico, aunque tanto el año pasado como en este 2018 la tendencia se ha acentuado.

«Iba a comprarme un coche de gasoil pero me he echado atrás por todas las restricciones que está sufriendo», cuenta José Antonio, un reusense potencial comprador que le da vueltas a su futura adquisición.

Las cifras más recientes, relativas a la primera mitad del año, confirman el batacazo. El diésel solo es el carburante del 38% de los vehículos nuevos que se comercializan en la provincia. En sólo seis meses, se han despachado 2.825 coches más de gasolina: 7.546 frente a 4.721, lo que hace prever una diferencia mucho más amplia de aquí a final de año. 

Es más, en algunos meses el número de vehículos de gasolina matriculados prácticamente duplicó a los de gasoil, según los balances estadísticos de la Dirección General de Tráfico (DGT). 

¿Qué ha ocurrido en este tiempo para contribuir a ese desplome? Es a partir de 2014 cuando aparecen algunos factores que retraen la compra de vehículos con el carburante de marras. Comienzan los anuncios por parte de algunas grandes ciudades de restringir la circulación de los diésel, a lo que se añade el escándalo del llamado ‘dieselgate’ y una concienciación ecológica en aumento que atribuye a estos coches un mayor grado de contaminación.

Según denuncian los concesionarios, la nueva inercia es consecuencia del mensaje antigasóleo que se repite desde las administraciones en los últimos años. Las restricciones a la circulación pueden ser solo el principio del veto. A ello se han añadido las recientes declaraciones de la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, que aseguró que el diésel «tiene los días contados». 

En el horizonte, lleno de incertidumbre, sobrevuela un nuevo temor: la apuesta del Gobierno de Pedro Sánchez de subir los impuestos al gasóleo, algo que no se ha concretado pero que podría acelerar el desplome de este combustible.

La industria está definitivamente sumida en la incertidumbre. Muchos fabricantes inciden en las bondades de los motores de última generación y continúan destinando importantes inversiones para adecuarse a las nuevas normativas, a pesar de los anuncios de algunos gobiernos. 

La asociación de fabricantes ANFAC es una de las entidades que ha puesto recientemente el grito en el cielo exigiendo «moderación» en torno al diésel: «La incertidumbre solo puede provocar que perdamos oportunidades de nuevas adjudicaciones de modelos y con ello, que nuestra industria se debilite gravemente», afirmó el presidente de ANFAC, José Vicente De Los Mozos. 

La asociación sostiene que más de 40.000 empleos y 17 fábricas de automóviles en España están vinculadas a la producción y venta de diésel, un sector que representa el 10% del PIB y emplea al 9% de la población activa. La asociación habla de una persecución a este carburante, justo «cuando los motores están más avanzados tecnológicamente que nunca». 

ANFAC defiende que los desarrollos tecnológicos más recientes han hecho posible que «los automóviles actuales puedan considerarse de ultra bajas emisiones respecto a los de hace tres o cuatro décadas». A pesar de eso, los fabricantes españoles reconocen que «el incremento del parque en las ciudades y la creciente preocupación ciudadana por los efectos de la calidad del aire sobre la salud, imponen nuevos retos que deben ser afrontados recurriendo a nuevas mejoras de los sistemas convencionales y, sobre todo, a la renovación del parque». 

Estas amenazas de veto se ciernen sobre la mayor parte del parque de vehículos en la provincia. A pesar del retroceso del gasoil de los últimos cursos, el 53% de los turismos en la provincia lo llevan: son 215.360 del total de 404.055. En el otro lado, 188.693 coches se mueven con gasolina, aunque este carburante sigue comiéndole terreno. Por tanto, un eventual veto al gasoil afectará a más de la mitad de turismos tarraconenses. 

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