La anhelada ‘vuelta al cole’ de los mayores

Necesidad de contacto. La pandemia no solo ha quitado a los mayores tranquilidad y libertad, sino también espacios donde relacionarse socialmente

NORIÁN MUÑOZ

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Un grupo de usuarios de Creu Roja que han retomado la actividad. FOTO: PERE FERRÉ

Un grupo de usuarios de Creu Roja que han retomado la actividad. FOTO: PERE FERRÉ

Entendemos que se haga todo por protegernos, pero esto se está haciendo muy duro. He perdido mis rutinas, lo que me hacía levantarme por las mañanas, mis amigos... Y además me preocupa no tener la misma actividad física que antes del confinamiento. Usted es joven y a lo mejor no lo entiende, pero a mi edad el que se está quieto se oxida», explica María Dolores, de 74 años.

María Dolores es una de esas jubiladas muy activas que reparte sus días entre las clases de yoga, aquagym e informática organizadas tanto por el Ayuntamiento como por otras entidades. Desde marzo no ha vuelto a pisar la Llar de Jubilats (las de Tarragona continúan cerradas hasta nuevo aviso) ni el centro regional que frecuentaba. Con los compañeros se comunica por WhatsApp, «pero no es lo mismo. Los niños ya van a regresar a la escuela, pero lo nuestro pinta lejos, ¿verdad?», pregunta.

Necesidad de contacto

No obstante, y pese a los riesgos, algunas entidades han decidido arrancar a hacer actividades en pequeños grupos bajo condiciones muy controladas. «Vimos que era muy necesario trabajar el tema emocional porque los mayores han sido los grandes damnificados de esta situación», explica Elisabet Casas, técnica de Gent Gran de Creu Roja.

Cuenta que durante el confinamiento se ocuparon de mantener el contacto telefónico con todos los mayores que están en sus programas. «Todavía se nos ponen los pelos de punta. Hay personas que están completamente solas y tienen una gran necesidad de contacto», cuenta.

A eso hay que sumar que la mayor parte de los mayores durante el confinamiento, y también ahora, están continuamente expuestos a los medios audiovisuales que les repiten constantemente que están en peligro.

Valga decir que, según datos del año pasado, en Tarragona viven 20.267 personas de entre 65 y 85 años y 3.803 de más de 85. El 28,7% viven solos.

A chapotear a la piscina

Casas nos propone que vayamos a ver uno de los grupos que ha retomado la actividad. Han dado prioridad a las personas que están solas o tienen movilidad reducida. «Se pusieron muy contentos cuando les llamamos», explica. En algún caso hubo quien había sufrido una depresión después del confinamiento.

A los usuarios les van a buscar a casa y se les ve llegar, poco a poco, a la piscina del Club Nàutic. Van despacio, entre andaderas y bastones, pero llegan felices. Una de las señoras dice que, cada vez que viene, se siente «como en la cubierta de un crucero de lujo», y no le falta razón, la vista del mar desde la piscina no tiene precio.

Hay cuatro personas: dos técnicas y dos voluntarios, para atender a siete usuarios. Hay quien necesita más ayuda porque ha perdido la visión, pero también quien lo que necesita es un comentario aparentemente frívolo como: «¿Te has pintado las uñas?» para lanzarse a hablar, por fin, aunque sea con mascarilla.

Pepi, de 73 años, cuenta que el confinamiento le marcó. Vive sola y no salía ni a tirar la basura. De las compras y lo que hiciera falta se ocupaba su hija. «Me aburrí mucho y llegué a tener miedo, aunque ahora estoy mejor. Tenía muchas ganas de hablar, de ver a los amigos, así que en estos ratos estoy la mar de bien», reconoce.

Sin prisas, después de ponerse gel hidroalcohólico por enésima vez, se meten en la piscina muertos de la risa. Si se les ve chapoteando nadie piensa en la edad que tienen y sí en lo mucho que disfrutan de estar juntos.

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