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La antigua Facultat de Lletres, un cajón de sastre para las entidades

Quedan algunas aulas cerradas, pero la mayoría de los espacios están ocupados

Núria Riu

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La red metálica que impide pasar por las antiguas aulas vacías. Foto: Pere Ferré

La red metálica que impide pasar por las antiguas aulas vacías. Foto: Pere Ferré

La antigua Facultat de Lletres conserva la esencia de lo que durante tantos años fue el edificio principal de la Universitat Rovira i Virgili (URV) en la ciudad. Sin embargo, con los años, este céntrico inmueble, privilegiado por su ubicación, se ha convertido en un cajón de sastre para entidades de todo tipo.

El Institut Tarragona ocupa toda una de las alas laterales del edificio. En concreto, son unos 3.700 metros cuadrados distribuidos en planta baja más tres, a los que hay que sumar el patio en la que salen los alumnos por turnos, que ocupa el antiguo párking de los profesores.

En cuanto al resto de los espacios, se encuentra la Casa d’Oficis de Campclar i la Part Alta, la Oficina Jove, el Equip Municipal de Promoció de la Salut, el Servei Municipal de Prevenció de les Addiccions, Europe Direct, la concejalía de Espais Públics, la PAH, el departamento de Extranjería, Banda Unió Musical, Espai Khesse, la Mulassa, la CGT y un largo etcétera de servicios que han buscado uno de estos espacios en desuso.
De hecho, el estado de conservación del inmueble es aceptable. Hay alguna zona deteriorada, como el acceso a la antigua biblioteca, donde ha caído una placa del techo y los restos se han quedado allí abandonados con todos los cables a la vista.

Uno de los antiguos laboratorios abandonado. Foto: Pere Ferré

Prohibido el paso
Un cartel en la puerta del ascensor informa que éste está fuera de servicio. En la primera planta se encuentran las aulas de la Casa d’Oficis de Campclar i la Part Alta, mientras que en la segunda están los despachos del Servei de Neteja Pública y del Servei de Normalització Lingüística. Son los pisos por los que circula más gente y los que se encuentran en mejores condiciones.

En el tercer piso están los despachos de la PAH y la CGT. Aquí la ocupación ya es más baja y quedan aún muchos espacios libres. De hecho, en estos aún se encuentran las pizarras, las sillas y las mesas que utilizaban los alumnos de la universidad. Para evitar que las personas que entren en el edificio se cuelen por estos espacios, todas las puertas están cerradas con candado, pero permiten entrever aún algunos carteles de los principios de la química que se enseñaban entre estas cuatro paredes.

El polvo acumulándose
La cuarta planta tan solo tiene una parte de un ala utilizada. Allí se encuentran los talleres de los alumnos de la Casa d’Oficis, donde ponen en práctica las lecciones sobre carpintería y mantenimiento que pondrán en marcha en los programas impulsados desde el Ayuntamiento, en colaboración con el SOC.

Una placa cayó del techo y los restos siguen abandonados. Foto: Pere Ferré

En cuanto al resto de los espacios están cerrados, con el polvo acumulándose entre unos muebles que el año que viene hará diez años que están en desuso. Hace un año que no ha entrado ninguna nueva entidad, pero, por el momento no se ha dado aviso para las que están dentro tengan que abandonar el espacio a medio plazo.

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