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La antigua judería cae en el abandono y la degradación

Los andamios de Ca la Garsa apuntalan el edificio de la Plaça dels Àngels desde hace un año

Núria Riu

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Ca la Garsa sigue estando apuntalada y con su entorno vallado. Foto: Pere Ferré

Ca la Garsa sigue estando apuntalada y con su entorno vallado. Foto: Pere Ferré

Ca la Garsa es uno de los vestigios más importantes del pasado judío de Tarragona. Este inmueble, ubicado en la Plaça dels Àngels, fue apuntalado de urgencia el día 2 de agosto del año pasado. Los técnicos municipales observaron que se habían movido los testigos de yeso que había en la pared. Se impulsó una intervención de emergencia para evitar cualquier riesgo para la ciudadanía y se informó de que se llevaría a cabo un estudio más amplio para conocer el estado del edificio.

Está a punto de cumplirse un año del lamentable accidente y las vallas perimetrales y los andamios que se instalaron siguen en su sitio. Más allá de la intervención para apuntalar el edificio y evitar que se cayera, el Ayuntamiento de Tarragona asegura que «se está trabajando en la actuación de consolidación». Pese a ello, el inicio de los trabajos no será de forma inminente. 

Según informó el Consistorio, se está en trámite de adjudicación del levantamiento planimétrico del costado afectado. Esto debe permitir llevar a cabo los estudios y el proyecto de recuperación del antiguo edificio. Dos fases que ahora mismo no tienen un calendario ni una estimación en cuanto a su presupuesto. Al menos, no se ha dado a conocer desde la administración local ni tampoco se hizo una planificación detallada desde el anterior equipo de gobierno.

El estado de Ca la Garsa es una muestra del abandono y degradación de la antigua judería de Tarragona. La Plaça dels Àngels era el epicentro de esta ciudad dentro de la ciudad, que quedaba delimitada por las calles Santa Anna, D’en Talavera y Passeig de Sant Antoni. Es una zona de la Part Alta en la que nunca se ha puesto una atención especial. Se aleja de los circuitos habituales turísticos, lo que ha hecho que poco a poco haya ido degradándose, perdiendo por completo el esplendor de antaño.

Bartomeu Río ha constatado este abandono en los últimos años. El dueño del Palau del Baró considera que la dejadez es generalizada. «Está lleno de palomas. No podemos ni abrir las ventanas de los balcones porque si no te entran. Está todo lleno de excrementos y de huevos». 

Las palomas constituyen un problema en toda esta zona de la Part Alta. Son síntoma de los edificios abandonados, como el local de los Xiquets de Tarragona, que permanece cerrado desde hace más de un año. En este caso, el inmueble también sufre problemas estructurales. Los ensayos han tenido que trasladarse al Ayuntamiento y las palomas buscan cualquier agujero en las redes que hay en puertas y ventanas para colarse en el interior.

El estrecho paso que comunica con la calle D’en Talavera permanece cerrado. Allí campan a sus anchas los gatos. «Es una zona que no acaba de estar definida. Como restaurador tienes la sensación de que te están persiguiendo a multas cuando dejas el coche para descargar. En cambio, durante los fines de semana aquí todo el mundo aparca en la plaza», añade Bartomeu Río. 

Marta Serrano conoce muy bien esta zona. Esta profesora del Departament d’Història i Història de l’Art de la Universitat Rovira i Virgili (URV), especialista en arte medieval, hizo un informe a petición del Ayuntamiento buscando los orígenes de Ca la Garsa. De esto hace más de quince años, cuando una inmobiliaria acababa de comprar el recinto para hacer pisos. Serrano estuvo recabando durante más de dos años información sobre el Call Jueu, con la finalidad de determinar si este espacio –que se construyó a finales del siglo XII– había sido la antigua sinagoga o una vivienda señorial. «Aún sigue siendo una incógnita su origen, pero prácticamente puede descartarse que fuera un edificio religioso, mientras que lo más posible es que fuera una vivienda particular de alta categoría en la judería», describe Serrano. Considera que el estado de esta pequeña joya «no es el correcto». No obstante, esta historiadora es partidaria de que no se intervenga si la administración no tiene los recursos suficientes para mantenerlo.

Este espacio debía ser el kilómetro cero de la Ruta Jueva de Tarragona. Se trata de una de las asignaturas pendientes de la ciudad. Andreu Lascorz es hebraísta. Como presidente de la Associació de Relacions Culturals Catalunya-Israel explica que recibe llamadas de todo el mundo para conocer la huella judía en las comarcas meridionales. Uno de los espacios de visita obligada es Ca la Garsa. «Llevo treinta años enseñando el Call Jueu de Tarragona a gente de todas las partes», explica.

Debido al interés, hace unos ocho años firmaron un convenio con el Ayuntamiento de Tarragona para poner en valor todo este entorno. El objetivo era dignificar y potenciar esta parte de la ciudad, pensando en el turismo cultural que podía despertar. «Nosotros nos ofrecimos para buscar la financiación necesaria, pero estalló la crisis y quedó aparcado», sigue explicando Lascorz. Se habían llevado a cabo varias reuniones con embajadores de Israel y el exalcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros. «Tenían mucho interés en buscar los recursos económicos y colaborar de una forma desinteresada, pero para que la comunidad judía se implique debe haber un proyecto que no hemos visto nunca», concluye.

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