La apertura de contenedores con tarjeta se extenderá a toda TGN

La medida espera doblar los datos de reciclaje, que apenas mejoran en una década. En los barrios de la prueba piloto lo siguiente será limitar los días en que se puede lanzar la ‘resta’

NORIÁN MUÑOZ

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Un vecino de El Serrallo usa una tarjeta para abrir el contenedor. FOTO: PERE FERRÉ

Un vecino de El Serrallo usa una tarjeta para abrir el contenedor. FOTO: PERE FERRÉ

La forma en la que los tarraconenses tiran la basura está destinada a cambiar para siempre. Así queda claro tras conversar con el concejal de Neteja, Jordi Fortuny. Y es que, pese a los esfuerzos que se han hecho, las cifras de reciclaje en la ciudad apenas mejoran. Basta ojear los datos de la última década (en el gráfico) para darse cuenta.

Según las estadísticas que publica la Agència de Residus de Catalunya, el año pasado en Tarragona el porcentaje de recogida selectiva se situó en el 33,51%; una cifra ligeramente mejor al 32,47% del año anterior. Los datos, no obstante, nos vuelven a dejar en mal lugar si nos comparamos con la comarca del Tarragonès, donde se recicla el 37,11% (el municipio con mejores datos es Vespella de Gaià, con el 58,8%) y el conjunto de Catalunya, donde está en el 45,90%.

Además, el año pasado la ciudad llevó a incinerar 40.696 toneladas de basura. «Cada tonelada nos cuesta más de 100 euros y el precio sube cada año», explica Fortuny, refiriéndose al hecho de que la normativa europea cada vez penaliza más el recurrir a quemar la basura. En resumen, la ciudad emplea cada año más de cuatro millones de euros en incinerar.

Pegar un acelerón

Pero la intención es conseguir un acelerón. «La meta es doblar los resultados, llegar al 70% sería lo ideal», explica Fortuny. Ese acelerón pasa por incidir directamente en los hábitos de reciclaje de los ciudadanos y los negocios, y es lo que ha motivado la puesta en marcha esta semana del cierre de los contenedores marrón (orgánica) y gris (resta) en los barrios de El Serrallo y Cala Romana, donde desde el martes hace falta contar con una tarjeta o una aplicación móvil para poder utilizarlos. En septiembre se pondrá en marcha en Bonavista.

Se trata de una prueba piloto y en cada uno de los tres barrios está trabajando una empresa diferente para determinar qué sistema funciona mejor y es más robusto, pero la idea, asegura, es extenderlo a toda la ciudad. «Ha llegado para quedarse», señala.

La experiencia, asegura, está siendo positiva: «Hemos encontrado buena aceptación». Señala que también se ha conseguido hacer llegar la tarjeta a la mayoría de los vecinos. En torno al 70% de los domicilios ya tienen una, aunque en el 30% restante hay que contar viviendas vacías o vecinos que están de vacaciones.

Asegura que las incidencias han sido pocas, como las tres bolsas dejadas fuera de lugar el primer día en El Serrallo.

Actualmente hay educadores ambientales y agentes cívicos a pie de contenedor haciendo pedagogía y entregando tarjetas a quienes no las han retirado.

El siguiente paso, que se dará próximamente en los barrios de la prueba piloto, será limitar los días en que se puede usar el contenedor gris. En el caso del marrón se podrá abrir cada día, pero solo en las horas ya estipuladas actualmente (19 a 21.30 h).

Durante el proceso se contará con el apoyo de los educadores ambientales, pero también se intensificará la vigilancia para identificar a vecinos y establecimientos que abandonan desperdicios o los lanzan en el contenedor que no toca. «Abrir bolsas y detectar qué usuario está tirando impropios es algo que hacemos habitualmente», recuerda.

Con este sistema se puede saber la frecuencia con la que cada domicilio usa el contenedor gris (se trata de una información que también pueden tener los ciudadanos a través de las Apps que se pueden instalar cuando reciben la tarjeta) y se está analizando si incorporar también el dato del peso de los desperdicios. La intención, señala Fortuny es, a la larga, poder premiar con una tarifa menor a los vecinos que reciclen mejor.

Adaptarse a cada barrio

En la implementación de nuevos sistemas el objetivo será adaptarse a la casuística de cada barrio, ya que en la ciudad hay desde zonas de casas aisladas hasta otras con edificios altos y una importante densidad de población. Además, hay áreas donde se concentra una importante cantidad de negocios, en especial de restauración, y otras donde no. La intención es que, en las zonas donde no se pueda realizar el cierre de contenedores, se estudiará un sistema de recogida puerta a puerta.

Actualmente otra zona con un sistema de recogida distinto es la Part Alta, aunque cosecha quejas vecinales porque hay quien deja las bolsas en la vía pública cuando no están los contenedores móviles. Además, los contenedores fijos, en algunos casos, son pocos o están lejos.

En este sentido, Fortuny reconoce que el sistema es perfectible, pero que se está haciendo un seguimiento constante e imponiendo multas con la Guàrdia Urbana.

Esta es una de las zonas, apunta, donde hay problemas con los negocios de restauración que, pese a estar obligados a contar con un gestor para que realice la recogida comercial, muchas veces terminan lanzando los desperdicios a los contenedores domésticos colapsándolos y haciendo más difícil la organización de la recogida.

La vista está puesta en el nuevo contrato de la basura, ya que el actual vence en 2023, pero Fortuny es contundente: «Tarragona acabará con el cierre de contenedores en unas zonas y el puerta a puerta en otras».

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