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La aventura japonesa de Ankor

La banda tarraconense de metal alternativo fue cabeza de cartel en siete conciertos en el país asiático

Javier Díaz

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Fito Martínez, Jessie Williams, David Romeu y Ra Tache, tras un concierto en Japón.  FOTO: ankor

Fito Martínez, Jessie Williams, David Romeu y Ra Tache, tras un concierto en Japón. FOTO: ankor

En Japón las distancias son muy largas. La banda de metal alternativo de Tarragona Ankor se hartó de carretera durante los diez días de gira que pasó en diciembre en el país asiático.

El viaje más largo fue el que hizo hasta Osaka: ocho horas en furgoneta sin cinturón de seguridad y con el batería, Fito Martínez, tumbado en el maletero. «Fui de lujo, durmiendo en un colchón. Es algo normal allí», recuerda.

El límite de velocidad era de 100 kilómetros por hora. Razonable si se tiene en cuenta la cantidad de baches que se encontraron en la calzada. «Japón es un gran país, pero su seguridad vial es regular», comenta el guitarrista David Romeu. 

Ankor actuó en siete ciudades, en salas con capacidad para entre 100 y 200 personas. Aforo completo en cada concierto. El grupo tarraconense tiene tirón entre los jóvenes de ojos rasgados. Su último disco, Beyond the Silence of These Years, se vende en la Tower Records de Tokio, una de las tiendas de música más grandes del mundo. Comparte stand Evanescence y Butcher Babies. 

«El público se sabía nuestras canciones. Era alucinante ver a gente en Japón cantando los temas que componemos en Els Pallaresos», comentan David y Fito. Uno de sus fans, que se metió varias horas en coche para verles en directo, les regaló muñecos y peluches.  
Las ventas de merchandising funcionaron a lo grande.

Agotaron los cincuenta kilos de CD, camisetas y sudaderas que facturaron en el avión rumbo a Asia. Y firmaron autógrafos y se fotografiaron con sus seguidores como verdaderos ídolos. En Tarragona pasan más desapercibidos.

Ankor fue cabeza de cartel en todas sus actuaciones niponas. Como teloneros tuvo a bandas locales. «Eran chavales jóvenes, de 19 ó 20 años e incluso de instituto, con un nivel altísimo. Nos hicimos muy amigos de ellos».

Al final de cada concierto se quedaban en la sala y se tomaban algo con los otros músicos, los técnicos de sonido y los asistentes. «Es una tradición obligatoria allí», cuentan.

Aprovecharon el buen rollo para grabar un videoclip de la canción Shhh... (I’m Not Gonna Lose It) con un montón de extras. En breve lo publicarán en las redes sociales.

Los japoneses son muy educados y respetuosos. «Pero no son fríos», asegura David. En las calles es muy complicado encontrar una papelera y, pese a ello, el suelo está más limpio que una patena.

«La gente deja las bolsas de basura en la calle, en la puerta de la comunidad, y pasan a buscarlas. Un amigo que vive allí nos contó que alguien se equivocó reciclando y, como las bolsas son transparentes, la devolvieron a la comunidad para que lo arreglasen».

Además, hacen reverencias y dan las gracias continuamente. «Aprendimos la expresión yoroshiku onegaishimas, que sirve para todo. El trato con la gente fue de diez», afirma David.

Los cuatro miembros de Ankor son unos apasionados de la cultura japonesa, así que no perdieron la oportunidad de adentrarse en sus costumbres.

Y claro, fueron de fiesta a uno de sus típicos karaokes. «Por 20 euros por persona reservamos una habitación sólo para nosotros con barra de libre de refrescos y de helados. Estaba perfectamente insonorizada y con un equipo de sonido impresionante, con hasta voz con delay», dice Fito.

También fueron a un restaurante en el que los cocineros preparan los platos en medio del salón, a la vista de los comensales. Les invitó el promotor de la gira, señal de que el paso de Ankor por Japón fue fructífero. «Volveremos seguro y quizá también vayamos a Tailandia, Corea del Sur y Taiwán».

De momento, van a empezar una gira por España e Italia, que les llevará hasta marzo por Madrid, Castellón, Valencia, Zaragoza, Bilbao, Sevilla, Florencia, Milán y Mantua. Luego esperan cruzar el charco con dirección a Argentina, Chile y Uruguay.

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