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La biblioteca de TGN crece en usuarios y actividades pese a la falta de espacio

En 2015 se dobló el número de asistentes a acciones formativas. La falta de sitio obliga a programar actividades fuera de la sede

Norián Muñoz

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La hora punta de ´superpoblación´ suele darse por la tarde. Algunas actividades deben externalizarse por falta de espacio.  Foto: Lluís milián/DT

La hora punta de ´superpoblación´ suele darse por la tarde. Algunas actividades deben externalizarse por falta de espacio. Foto: Lluís milián/DT

El año pasado un promedio de 766 personas pasaron cada día por la Biblioteca Pública de Tarragona (212.309 en todo 2015). Según registra el contador de la entrada, fueron tres más cada día que en 2014. Todo un reto, comentan desde la institución, teniendo en cuenta que los préstamos de libros y otros materiales, uno de los motivos por los que se suele acudir a la biblioteca, no han parado de bajar en los últimos años.

En Tarragona el reto se antojaba más difícil, si cabe, teniendo en cuenta la falta de espacio crónica del edificio (del año 1962) en el que abundan las horas punta, especialmente por la tarde, en que resulta imposible encontrar un sitio.

 

Mucho más que lectura

Buena parte de este aumento de usuarios tiene que ver con el crecimiento del número y variedad de las actividades. El año pasado se organizaron 393 (7,67% más que el año anterior). A las mismas asistieron 10.950 personas (un 8,52% más).

Igual que en años anteriores, las actividades relacionadas con la formación fueron las que tuvieron más demanda. Contaron con 1.147 usuarios y crecieron en un 58,21%. También crecieron en un 44,66% las actividades de música y cine, y en un 19,81% las que se centran en el patrimonio de la ciudad.

Se trata, en general, de actividades de corta duración, muy prácticas y gratuitas. Hay talleres cortos de informática, clubes de lectura en inglés, alemán... «La idea es acompañar a los usuarios en su aprendizaje y proponerles una bibliografía, animarles a la lectura, que es nuestra razón de ser», explica Dolors Saumell. Destaca, además, que una parte importante de las actividades son posibles gracias a la colaboración de distintas entidades de la ciudad.

 

Un déficit de espacio crónico

Las posibilidades de aumentar la programación son, explica Saumell, amplísimas, pero la falta de espacio lo condiciona todo. Las limitaciones hacen, de hecho, que actualmente muchas actividades tengan que realizarse en otros espacios fuera de la biblioteca.

Ya alertaba hace unos meses la directora de que los 1.583 metros cuadrados útiles del edificio de la calle Fortuny son insuficientes no sólo para atender a los usuarios, sino también para guardar el fondo de la institución, una parte del cual permanece en Barcelona.

El edificio actual, concebido como colegio y residencia, es de titularidad estatal, pero la gestión corresponde a la Generalitat de Catalunya. La institución actualmente no tiene sobre la mesa ninguna propuesta para cambiar de sede, aunque en algún momento se prometió su traslado al edificio de la Tabacalera.

Recientemente distintos partidos políticos han propuesto usar el antiguo edificio del Banco de España para albergar la biblioteca. Saumell dice que prefiere no pronunciarse sobre la idea porque le falta información sobre el espacio útil actual del edificio, pero sobre todo de sus posibilidades de crecimiento en un futuro.

Además del número de usuarios también creció el número de carnets. En 2015 se hicieron 2.157 (un 2,13% que en 2014).

 

El peso de la lectura digital

El dato contrasta con la bajada del número de préstamos que se ha observado en los últimos años. En la biblioteca de Tarragona el año pasado se prestaron un 3,63% menos de libros, un 4,38% de publicaciones periódicas, un 7,58% de materiales sonoros y un 8,17% de documentos audiovisuales.

Se trata de una tendencia común en toda España en la cual Saumell considera que tiene un peso muy importante el hecho de que los lectores cada vez son más proclives a descargarse por internet y leer de manera digital los libros que les interesan. El peso de internet es aún más evidente cuando se habla de música y películas.

Apunta que tampoco hay que dejar de lado los recortes que han sufrido las bibliotecas y que hacen que puedan comprarse menos novedades editoriales y que lleguen más tarde a las salas.

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