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La catana, el taser y cinco horas de negociación

De cine. Dos jóvenes se atrincheraron en su piso del centro de Tarragona. Al final, los Mossos entraron por la fuerza y los arrestaron

Àngel Juanpere

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Los Mossos deteniendo a uno de los sospechosos.  FOTO: DT

Los Mossos deteniendo a uno de los sospechosos. FOTO: DT

Cinco horas. Es el tiempo que los Mossos d’Esquadra tardaron en reducir a dos jóvenes que, de una forma, se habían atrincherado en un domicilio del centro de Tarragona, en donde habían otras dos personas. Al desconocer lo que pasaba en el interior y si habían rehenes o heridos, la Policía catalana fue con mucha cautela. Al final, cuando los supuestas víctimas salieron del piso y, tras comprobar que la vía del diálogo no había dado sus frutos, los agentes accedieron al interior y arrestaron a los dos individuos. Todo ello ante la mirada de decenas de vecinos, que fueron siguiendo desde sus casas y la calle los acontecimientos.

Sobre las ocho de la mañana, el teléfono de emergencias 112 recibió la llamada de un vecino alertando de que en un piso de la calle Josep Roig I Raventós se escuchaban gritos. No sabía si se trataba de un caso de violencia doméstica o bien otro tipo de pelea o agresión. 
Dos patrullas de los Mossos d’Esquadra se trasladaron al lugar para comprobar qué pasaba. Los agentes subieron a la primera planta. Vieron que la puerta del piso estaba medio abierta. En aquellos momentos se escuchó ruido en el interior y también algunos gritos. 

Uno de ellos, arma blanca en mano, amenazó a los agentes con matarles o rajarles si no se iban

Los policías pidieron que saliese alguien del interior para poder hablar con él. Dentro habían unos tres chicos y una chica. Uno de ellos gritó a los agentes que se fueran y automáticamente cerró la puerta. Era el principio de una larga mañana.

Ante esta situación de incertidumbre sobre lo que estaba ocurriendo dentro, los policías solicitaron refuerzos. Mientras los esperaban, salió del piso uno de los jóvenes. No llevaba camiseta y estaba lleno de sangre. En la mano esgrimía una catana a la vez que amenazaba a los mossos con matarlos o rajarlos si no se marchaban del lugar. 

Como el rellano era muy estrecho, los agentes optaron  por salir a la calle a esperar los refuerzos y evitar un enfrentamiento directo. Desde el exterior del bloque, los policías observaron que dos individuos bajaban por la escalera chillando y amenazando otra vez a los efectivos policiales. Uno de ellos iba armado con una catana y el segundo, con una barra de hierro.

El joven que llevaba el arma blanca accedió hasta la puerta de entrada al edificio, momento en que comenzó a autolesionarse tanto en el cuello como en el brazo, unas imágenes que quedaron grabadas. Mientras el individuo realizaba su acción, uno de los responsables policiales que se encontraba en el lugar sacó la pistola taser y disparó. Sin embargo, no dio en el objetivo, el joven cerró la puerta y subió las escaleras para regresar a su piso.

Varias furgonetas del Àrea Regional de Recursos Operatius (ARRO) llegaron también al lugar. Mientras buscaban a los sospechosos, vieron un rastro de sangre que les llevaba hasta el piso donde habían acudido inicialmente las patrullas. 
Una hora más tarde, el responsable policial comenzó el proceso mediador para tratar de terminar con aquella situación y que los individuos salieron al rellano para detenerlos. El joven que llevaba la catana manifestó ser menor de edad, aunque los agentes constataron que no lo era. Además, tiene numerosos antecedentes policiales, algunos de ellos por acciones violentas contra la joven que presuntamente estaba en el piso.

Unidad de secuestros

Ante el cariz que estaba tomando la situación, y al ver que el supuesto cabecilla no entraba en razones, se solicitó la presencia de los agentes de la Unitat Central de Segrestos i Extorsions (UCSE).

Sobre la una de la tarde, dos de las personas que estaban en el interior de la vivienda salieron voluntariamente. Se trata de un joven –que no había intervenido en los hechos anteriores– y una joven.

Al estar dentro los dos jóvenes más agresivos solos, y vista la imposibilidad de acceder a un diálogo con ellos, los agentes del ARRO entraron por la fuerza en el piso y detuvieron a los dos sospechosos acusados de un delito de atentado a agentes de la autoridad. Uno es un español de 18 años y el otro un boliviano de 19. Ambos pasarop ayer por el Juzgado de Instrucción 3 de Tarragona –que está de guardia– y quedaron en libertad con cargos.

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