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La ceremonia de los niños mayores de la Tecla

Crónica. La Víbria se lleva los chupetes Decenas de familias se encuentran para entregar la infancia

AGNÈS LLORENS ALTIMÍS

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La cita reunió a decenas de famílias en el Jardí de la Reconciliació. FOTO: ALDREDO GONZÁLEZLOS MÁS PEQUEÑOS ENTREGABAN SUS VALIOSOS CHUPETES.  FOTO: A. GONZÁLEZ

La cita reunió a decenas de famílias en el Jardí de la Reconciliació. FOTO: ALDREDO GONZÁLEZLOS MÁS PEQUEÑOS ENTREGABAN SUS VALIOSOS CHUPETES. FOTO: A. GONZÁLEZ

Lo que para unos puede suponer una cita festivo más del programa de fiestas es, para otros, un auténtico acto de contrición. Ayer por la tarde, varias decenas de familias se acercaron hasta el Jardí de la Reconciliació para entregar los chupetes de los más pequeños de la casa a la Víbria, uno de los elementos del Seguici Popular que, pese a su aspecto aparentemente fiero, es uno de los más queridos por las niñas y niños de Tarragona, al que le ceden, cada Santa Tecla, su chupete a medida que crecen.

La decisión no es fácil. «Hace un año ya que negociamos con el libro de la Víbria, lo tenemos en casa, lo hemos leído y hace ya tiempo que lo hablamos. Este año toca». Quien nos habla es Sandra, la madre de Lucas, que tiene casi tres años y que, mientras departimos, no puede dejar de mirar la figura embelesado y con los ojos como platos.

Los más pequeños entregaban sus valiosos chupetes.  FOTO: A. González

El caso de Lucas no es único. También Aïna, de dos años, se mira a la Víbria con la mirada fija. Ella también le regalará, esta tarde de sábado, el chupete que atesora entre las manos a cambio de una piruleta. «Hace dos años, su hermana mayor, Júlia, también le entregó el suyo y no hubo ningún problema. Esperemos que con Aïna tampoco nos encontremos con ninguno y se olvide sin más de él», exclaman sus padres, Sílvia y David, al tiempo que añaden que «la idea es que esta noche podamos dormir sin sobresaltos».

El mismo miedo arrastran los padres de Mina, Marie y Juan, que también este sábado abandona su chupete para entregarlo en la Casa de la Festa. En su caso, y a sus cinco años, se la ve poco convencida, pero sus padres le animan. «Este año ya toca y hace tiempo que lo hablamos, a ver cómo descansamos hoy», exclaman.

Ellos son algunos de los muchos testimonios que aprovechan este acto para ayudar a sus hijos dar un paso más a su madurez e independencia. Dar el chupete no es un gesto más, sino que es muy importante para los más pequeños, una realidad que la Colla de Diables Voramar del Serrallo, responsables de la Víbria, conocen al dedillo, ya que organizan este acto desde hace años «Vimos un acto similar en Poblenou hace cerca de doce años y pensamos que sería un acto que podríamos incorporar. Desde entonces es uno de los actos más queridos de los más pequeños», explica Rafel Lluís, uno de los integrantes históricos y miembro fundados dels Diables Voramar.

Mientras hablamos, la lluvia de chupetes no para. Hileras de padres se colocan junto a los pequeños, en perfecto orden, para entregar tan valioso objeto, a la espera que la Víbria lo recoja. Algunos de las pequeñas y pequeños todavía atesoran su chupete como un tesoro —son demasiado pequeños para entregarlo— pero no son pocos los que miran la figura con grandes ojos redondos.

Astrid, todavía en brazos de su madre, Olga, es una de las pequeñas que no puede apartar su mirada de la Víbria. Todavía parece ser muy bebé para entender lo que pasa, pero ya comprende la magia del Seguici, como nos cuentan. «Es la primera vez que la ve en acción, pero otras veces ya habíamos visto algunas figuras del Seguici», nos explican sus familiares que añaden que esta cita familiar es una de las pocas ocasiones para aquellos —aquellos muchos— que esta Santa Tecla se han quedado sin entradas para ver el Seguici.

«Esta es un muy buena ocasión para que puedan disfrutar de una de las figuras más conocidas y queridas del bestiari de Tarragona», nos cuenta Begoña Ibarrola, presidenta de la Colla de Diables Voramar, que añade que, a pesar del aspecto fiero de la figura —un cuerpo de mujer al que se le añade la cabeza, pico y patas de águila y la cola de dragón— son «muchos los niños y niñas que, con este acto, crean un vínculo con este elemento imprescindible de la cultural local.

Mientras hablamos, decenas de niños entregan su chupete, en un acto que marca un paso hacia la edad adulto de unos y la garantía de la fiesta, y de la inocencia infantil, para otros. Las dos cosas se necesitan, del mismo modo que todos necesitamos la tradición para valorar nuestras raíces.

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