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Tarragona CRÓNICA

La clase se celebra en el antiguo Foro romano de Tarraco

85 niños y tres escuelas participaron del día a día en una plaza romana, con la religión, el comercio y la justicia como protagonistas

Núria Riu

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Un momento del espectáculo en el foro, con Julio Villar.  FOTO: Alba Mariné

Un momento del espectáculo en el foro, con Julio Villar. FOTO: Alba Mariné

Una conversación en un grupo de Whatsapp, un punto de encuentro emblemático como Times Square o un centro comercial. Son algunas de las comparaciones que en el mundo de hoy pueden hacerse con un antiguo foro romano, un espacio en el que se debatía, se hacían ofrendas a los dioses y se impartía justicia. 

La vida en las urbes romanas de hace más de dos mil años se movía alrededor de este superficie. Por ello, en esta Tarraco Viva dedicada a las ciudades, el Recinte Firal del Palau de Congressos se ha transformado en una copia de lo que podría haber sido el antiguo foro de Tarraco.

Por allí pasaban ayer por la mañana un grupo de 85 estudiantes de los colegios de Sant Pere de Ribes, Finestrat (Alicante), Falset y Cornellà. 
Eran alumnos, mayoritariamente de ESO, que participaban en una actividad que se celebra todas las mañanas del festival y que cada año se adapta a la temática escogida. En total han confirmado su asistencia 25 colegios y unos 900 niños. «Ahora tenemos previsto empezar Roma y venimos sin conocer nada para que, a partir de ahí, podamos empezar a construir», afirmaba Àngela Ordóñez, profesora del Institut Alexandre Gali de Sant Pere de Ribes.  

Ordóñez defiende que «más allá de leer y subrayar un libro yo también he sido alumna y creo en una forma diferente, más dinámica y más activa de enseñar». Un formato que asegura que puede encontrarse en las actividades de Tarraco Viva. Por este motivo, ayer era el segundo año que los estudiantes de ciencias sociales de este instituto barcelonés participaban en la actividad. 

Julio Villar, de la empresa Argos, ejercía de maestro de ceremonias. En su introducción inicial, familiarizaba a los estudiantes con algunas de las partes que podían conformar esta gran plaza pública. Es el caso de la basílica con las estatuas y el porche del palacio de justicia. En esta primera parte, los jóvenes ya recibían un dato que la gran mayoría de los tarraconenses desconoce: el Fòrum Provincial de Tarraco fue la plaza más grande del mundo. «En su interior cabría dos veces el Camp Nou», les contaba.

Machistas y supersticiosos

Los alumnos que quisieron ofrecerse como voluntarios podían familiarizarse con la vestimenta y la alimentación. Esclavos, patricios y libertos iban enfundándose unas túnicas que eran un símbolo de clase social, y por tanto esto podía suponer algo tan básico como el hecho de poder tener una ciudadanía o no. Pero es que, además de clasistas, los romanos eran machistas y unos supersticiosos. «El arúspice podía leer el futuro en las vísceras del animal», explicaba Villar.

El que «leía» las señales de las entrañas, el que interpretaba el vuelo de las aves e incluso el que predecía augurios en función de cómo se comportaban los pollos, un conjunto de predicciones a las que que hacían caso los que se presentaban a unas elecciones para alcalde. Ayer en Tarraco Viva ya se votó al representante municipal, en un sistema de elección con candidatos e interventores, con muchas similitudes a las elecciones que se celebrarán dentro de diecisiete días.

Salva Fort, de 12 años, era elegido alcalde en este improvisado foro. Tras el espectáculo, se mostraba convencido de que «seguro que se lo pasaban bien, pero era muy diferente a la actualidad». La ropa y la comida fue lo que más le sorprendía. Y es que en el desayuno romano no había ni bizcocho ni donuts. «La mayor parte no comía nada y básicamente tenían pan», decía Villar.

Sergi Roncero también salía sorprendido. «Era una sociedad muy diferente, que me esperaba que tuviera cosa mucho peores», argumentaba. Estos antepasados no eran tan diferentes. Y, de hecho, hemos heredado muchas cosas. También se han corregido algunas de las diferencias. «No me ha gustado nada el tú sí, tú no», explicaba. Un mundo de romanos al que Roncero considera que hay dos cosas que echaría especialmente en falta: el fútbol y el móvil. 

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