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La crisis duplica la acumulación de viviendas entre los más ricos

El número de dueños de más de 10 inmuebles se ha doblado en una década. En Tarragona hay 382 propietarios con más de 50 bienes

Raúl Cosano

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Hacienda peina el territorio en busca de inmuebles no declarados. Foto: Pere Ferré

Hacienda peina el territorio en busca de inmuebles no declarados. Foto: Pere Ferré

Ahora hay más terratenientes que antes de la crisis, y Tarragona no escapa a esa tendencia. Los multipropietarios, aquellos dueños con varios inmuebles, han aumentado durante los años de la recesión. Aunque la crisis ha supuesto un freno a la hora de adquirir casas y pisos –cierre del grifo bancario, bajos sueldos, escasez de VPO –, también ha comportado que los que más fincas y pisos tenían han logrado aumentar su patrimonio, ajenos incluso al estallido de la burbuja. 

El crack del ladrillo detuvo la compra de inmuebles pero no acabó con la concentración de ese patrimonio en pocas manos sino que la aumentó, lo que arroja otra derivada: la brecha entre ricos y pobres se agrandó. Es, de hecho, una de consecuencias más controvertidas de la crisis, que ha dejado tras de sí la aniquilación de la llamada clase media.  

Tener más de 10 bienes

Así lo reflejan los datos obtenidos de la Dirección General del Catastro, dependiente del Ministerio de Hacienda. Los propietarios de más de 10 bienes urbanos en Tarragona pasaron de 2.285 en 2006 a 4.519 en este 2017. Supone un aumento de más del 97%, lo que acarrea prácticamente duplicar la cifra. El número ha ido creciendo progresivamente, resistiendo incluso los años de mayor penuria económica. 

Aumentan los multipropietarios tanto de terrenos urbanos como rústicos

Es la otra cara de unos años que cambiaron los hábitos de consumo en la compraventa de viviendas. Las familias más modestas se contuvieron, hasta el punto de que para muchos fue imposible seguir pagando la cuota de la hipoteca contratada en la época del frenesí constructor. 

En cambio, aquellos dueños con más disponibilidad presupuestaria se animaron a adquirir inmuebles aprovechando la bajada de precios. Entre esos propietarios se incluyen grandes capitales, sociedades inmobiliarias y entidades financieras, que fueron acumulando activos.  

Los analistas describen cómo la situación ha supuesto para muchos una oportunidad. «En una crisis, el que era débil se va a hundir más, porque tiene menos recursos. A su vez, el que tenga más va a ver cómo la crisis se convierte en una oportunidad, porque todo puede bajar de precio, y el que disponga de más liquidez puede invertir y comprar activos a un valor por debajo de lo que estaría en el mercado. En una crisis, el que tenga dinero, si lo sabe hacer, lo tiene más fácil para generar más dinero, y el que afronte más dificultades se empobrecerá», explica Rafael Muñoz, economista y responsable del gabinete de estudios de la Cepta. Muñoz apunta otra clave: «En una crisis hay gente que tiene necesidad de vender y que lo hace a bajo precio, porque no puede mantener esa propiedad o porque necesita liquidez para hacer frente a deudas. Es entonces cuando aparecen oportunidades». De ahí la entrada en escena, hace unos años, de los fondos buitre, entidades de capital riesgo o de inversión libre que invierten en una deuda pública de una entidad que se considera cercana a la quiebra. 

La crisis ha sido una oportunidad: el que ha tenido dinero ha podido disparar su riqueza patrimonial

Incluso ha aumentado la concentración de inmuebles en aquellas franjas de propietarios más  acaudaladas. En 2006, había 364 tarraconenses que poseían entre 26 y 50 bienes. En 2017, la cifra es de 541, un 48,6% más. Eso sí, bien es verdad que en los últimos tres años sí hubo un descenso en esa categoría, ya que se llegó al tope de 600 en 2012, momento álgido de esa acumulación.

Dinero para invertir

Diego Reyes, presidente de la asociación de promotores del Tarragonès, cree que «la crisis ha generado oportunidades» y añade: «En ese grupo de grandes propietarios hay sobre todo fondos de inversión y, en general, todo el que ha tenido dinero en disposición para invertir. No es que algunos se han aprovechado, sino que la crisis les ha dado esas opciones». 

Similar evolución experimentó el número de aquellos ricos de la franja más alta, esto es, multipropietarios que poseen más de 50 bienes, algo totalmente inalcanzable para la mayoría de la población que a duras penas puede mantener una vivienda en propiedad. De 355 se ha pasado en poco más de diez años a 382. 
En este caso, el aumento es menor, ya que ronda el 7,6%, y sí ha habido un descenso más pronunciado en los últimos años, después de que hasta 2010, cuando se llegó al tope (531), la cifra se fuera incrementando. En cualquier caso, esas 382 personas, ya sean físicas o jurídicas, acumulan más de 19.100 propiedades. 

En pocas manos

Las subidas y la concentración de la riqueza cada vez en unas pocas manos también atañe a aquellos bienes considerados rústicos por el Catastro. En 2006 había 5.184 propietarios que poseían más de 10 inmuebles o fincas como propiedad, mientras que en en este año el dato se ubica en 5.874. Es un aumento del 13%.  
La estadística no ofrece detalles sobre los motivos de esta evolución. Sin embargo, los expertos lo atribuyen a que las entidades financieras han incrementado su patrimonio en los últimos años como consecuencia de los desahucios. A eso se añade la quiebra de empresas, que han acabado saldando su deuda o parte de ella con sus propiedades. 

Bancos, inversores o ahorradores particulares están detrás de estos incrementos

Otro factor viene dado por aquellas constructoras o promotoras que han ido acumulando un stock de pisos del que no se han podido deshacer. También ha habido hueco para los grandes grupos inversores que han encontrado en estos años una oportunidad de comprar a un precio que había tocado fondo. Tampoco se puede desdeñar el papel de los ahorradores, esto es, aquellos particulares con capacidad que han incrementado los bienes.  Ninguna de estas operaciones, de mayor o menor envergadura, ha escapado, claro está, de la sombra de la especulación: comprar para luego vender a precio más elevado o, en segundo término, alquilar. 

Los datos indican una vez más que la crisis no ha sido igual para todos. Mientras los que más tenían han logrado acumular todavía más propiedades, las clases modestas se han limitado a sobrevivir y a duras penas cumplir con sus hipotecas o alquileres y, de esta forma, evitar perder su única vivienda. Son las dos caras de una misma moneda que se ha repetido en toda la geografía.

El incremento de propiedades inmobiliarias ha tenido también repercusión en los ingresos para las arcas públicas de los municipios a través del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI). Ha tenido mucho que ver también en el aumento de los ingresos fiscales la regularización catastral que el Ministerio de Hacienda está llevando a cabo.

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