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La cultura popular se prepara para un verano «en confinamiento»

Las entidades están a la expectativa de la repercusión económica que puede suponer la suspensión de las fiestas 

Núria Riu

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La Mulassa es uno de los elementos más apreciados del Seguici Popular, sobre todo entre los más pequeños.  FOTO: Perre Ferré

La Mulassa es uno de los elementos más apreciados del Seguici Popular, sobre todo entre los más pequeños. FOTO: Perre Ferré

24 de mayo. Dentro de un mes, y en circunstancias normales, Tarragona se despertaría con la resaca de la verbena de Sant Joan. La llegada del solsticio de verano es sinónimo fuego, pólvora y gente en las plazas. Un escenario que, aunque a partir de mañana se entre en fase 2 de desconfinamiento, está completamente alejado del imaginario de esta nueva realidad que se impondrá a corto plazo. 

El Ayuntamiento de Tarragona suspendió hace unos días los actos de Sant Joan. De hecho, el calendario festivo está en el aire hasta inicios de julio, cuando estaba previsto el Concurs Internacional de Focs Artificials. Qué pasará en las semanas siguientes aún es un interrogante. Una situación que mantiene en vilo a las decenas de entidades del rico tejido que forma la cultura popular tarraconense, y que moviliza a miles de personas de todas las edades.

«Es un año incierto que nos preocupa no tanto de cara a Sant Joan sino en cuanto a las fiestas mayores», asegura Xavi Reynals, Cap de Colla dels Diables de Tarragona. Esta entidad organizaba la verbena de Corsini, una fiesta que arrancaba al mediodía con un vermut electrónico, lo que les permitía hacer caja para sufragar una parte de los gastos para comprar la pólvora. Las barras, junto con el merchandising, la docena de salidas que hacen a lo largo del año y la subvención que cobran para actuar en las fiestas mayores constituyen las principales fuentes de financiación.

«Cada entidad es un mundo. En nuestro caso tenemos 22 trajes que nos vamos repartiendo y ahora supongo que deberían desinfectarse, por lo que no pinta que de cara a este verano puedan hacerse actividades de este tipo», explica Reynals. Y si no hay fiestas, no hay ingresos. «Es una cuestión que por el momento no hemos hablado, porque entendemos que hay otros colectivos más perjudicados y que deben ser prioritarios, pero está claro que tenemos un conjunto de gastos, como el local, que debemos seguir pagando», añade.

Un aniversario amargo
Este era un año especial para los Diables Voramar. Los serrallenses cumplen su treinta aniversario y habían programado un conjunto de actividades que va más allá de lo habitual. Con el inicio de la pandemia decidieron suspenderlo todo.

«Consideramos que era inmoral cobrar subvenciones públicas o empezar a llamar empresas que a lo mejor están haciendo ERTEs a sus trabajadores. Es muy duro, pero en estos momentos hay otras prioridades», dice su presidente, Ricard Virgili. 

La mentalidad de los Voramar es clara: «Si quieres hacer una fiesta, gánate el dinero para pagarla». Su presidente se muestra convencido de que este año no habrá carretilladas ni correfocs. Tampoco tienen prevista ninguna exhibición para cruceristas y se quedaron sin poder vender rosas y el tradicional sorteo de monas.

«El cien por cien de lo que ingresamos lo quemamos en la actuación, menos en el caso de Tarragona que nos gastamos el 150%. Por suerte teníamos unos ahorros que seguramente agotaremos, pero estoy convencido de que habrá alguna entidad que acabará petando», añade. Y es que, las entidades de fuego destinan una parte muy importante de su presupuesto para pagar el seguro a terceros y de cada uno de los miembros. Para esta entidad supone unos 3.000 euros que deberán sufragar como puedan. «Para nosotros es un hobby. Creemos que antes que subvencionar a las entidades sin ánimo de lucro debería poder ayudarse a aquellos que se ganan la vida con la cultura. Nosotros podremos sobrevivir, un actor no», añade Virgili.

La esencia de la Tecla
A estas alturas, la gente de la Mulassa estaría empezando a preparar los versots para la Juana del Castillo y los más pequeños ya estarían calentando motores de cara a las fiestas. De momento han suspendido la Cursa del Seguici, prevista para el primer fin de semana de agosto, y la maquinaria está parada. «Ojalá tuviéramos que preparar una Santa Tecla deprisa y corriendo, pero con el distanciamiento social, cualquier acto multitudinario será improbable y se perdería la esencia de la Tecla», afirma su presidente, Ricard Garcia. 

La Víbria fue uno de los últimos elementos en incorporarse. FOTO: Perre Ferré

La entidad mueve alrededor de un centenar de personas que pagan una cuota. Esto debe permitirles aguantar la temporada. «En nuestro caso el local es municipal, pero hay entidades que tienen que pagar la cobertura de los seguros o que tienen que tener permisos de armas. Debería estarse encima de estos casos para evitar que alguien pueda quedarse atrás», defiende este mulasser.

De momento, los geganters del Passeig Torroja ya ha dicho que este año no va a organizar la Trobada de Gegants de Sant Magí, un evento que el año pasado reunió a una veintena de entidades de toda Catalunya. «En el caso que la situación mejorara, podríamos hacer el esfuerzo y plantearnos alguna salida de cara a finales de año, pero, por el momento, viendo la repercusión económica que está teniendo esta crisis, ya lo hemos dado todo por perdido», argumenta su presidente, Aaron Sentís.

Las entidades están haciendo cuentas y valorando todos los escenarios. No obstante, la cultura popular empieza a asumir que será la gran ausente en los próximos meses. Y su afectación va más allá del verano. 

¿Un Carnaval más austero?
También el Carnaval de Tarragona puede verse salpicado por la situación actual. Eventos como Magí Tapa y Tecla Tapa representan una de las principales fuentes de financiación para muchas comparsas. «A finales de abril empezamos a reunirnos y a partir de ahí ya se trabaja con las primeras ideas de disfraz. Con el Tecla Tapa hacíamos el dinero para empezar a ponernos en marcha», explica Tina Veiga, tesorera de la Associació de Veïns de L’Albada.

Están a la expectativa, ya que «de una semana a otra puede cambiar la situación». No obstante, de cara al año que viene se prevé que habrá más austeridad. «Los presupuestos serán más ajustados y la idea es no cargarlo a la gente porque hay vecinos que están teniendo problemas en el trabajo así que tendremos que reinventarnos», añade.

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