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La doble cara en las redes sociales

Internet. El exceso de horas en línea puede hacer que queramos aparentar una realidad que no es la nuestra

Laia Baranera

Whatsapp
Los teléfonos inteligentes no descansan ni siquiera durante las vacaciones. FOTO: efe

Los teléfonos inteligentes no descansan ni siquiera durante las vacaciones. FOTO: efe

La fiebre de las redes sociales sigue creciendo día a día. ¿Quién no ha visto a gente pasear por Tarragona con su mirada fija en el teléfono móvil o a un grupo cenando en Salou y toda la mesa atenta a la pantalla? Como explica Adrián Triglia, psicólogo y cofundador de la web Psicología y mente, «todo lo que nos une a la vida en comunidad está atravesado por mil y una etiquetas diseñadas en las más sofisticadas factorías de marketing». Es por eso que cada vez más las personas se preocupan por el qué dirán.

De este furor ha surgido el término ‘postureo’, para designar a aquellas personas que aparentan ser lo que no son en estas plataformas. Desde unas vacaciones «idílicas» con viajes a lugares de ensueño, hasta la apariencia física, el lenguaje no verbal y los productos que uno consume. 

Nos hemos convertido en una sociedad de apariencias, unas apariencias que a veces pueden distar de la realidad. Porque, ¿nos mostramos en nuestros perfiles de redes sociales como realmente nos sentimos? Con el afán de parecer ‘normal’ haciendo uso de este postureo para seguir la corriente de la mayoría social, utilizamos nuestros perfiles de Instagram o Facebook para alardear de una realidad que no es la propia, sino la que uno pretende que la sociedad vea.

Con esta contingencia se presenta una nueva cuestión: dejarse llevar tanto por el mundo virtual y las apariencias que se deja de lado vivir la vida de una manera natural y espontánea sin preocuparse por lo que la gente pueda pensar de uno mismo. Por esta razón, muchas veces las relaciones interpersonales se ven afectadas.

Adicción

Bien es cierto que para encontrar cierto bienestar, las personas necesitan socializarse y las redes sociales han sido de gran ayuda para ello, pero del dicho al hecho hay un gran trecho. Hay que saber encontrar un punto medio. Esto supone un punto de inflexión, ya que el mal uso de estas plataformas puede derivar en patologías psíquicas. Algunos de los síntomas derivados son las pocas horas de sueño por estar conectado, olvidarse de cuestiones importantes como el estudio o las relaciones sociales, recibir quejas de la familia o amigos, pensar constantemente en estas plataformas, mentir sobre el tiempo que se está conectado y el aislamiento social.

La población internauta española supone un 82% del total. De estos, el 86% posee al menos un perfil en alguna red social, según el Estudio Anual de Redes Sociales 2017 elaborado por IAB España. Según este estudio, en 2017 dedicamos un promedio de 5h13’ semanales tan solo a la aplicación Whatsapp, seguida de Twitch (red de visualización de juegos) con 3h55’, Spotify con 3h49’, Facebook con 3h20’, Youtube con 3h01’ o Instagram con 2h48’. Completando la lista de todas las redes sociales analizadas, pasamos aproximadamente un total de 37 horas semanales conectados, lo que supone alrededor de un 22% de nuestro tiempo. Por lo que la adicción es una realidad in crescendo.

El auge de Instagram

En los últimos tres años, Instagram se ha consolidado como la red social que más ha aumentado su notoriedad (concretamente un 52%), de manera que se ha situado como la tercera red más presente en la mente de los internautas. Por otro lado, también es la plataforma que más ha aumentado su número de usuarios y la frecuencia de visita de estos.

Esta plataforma se basa en compartir fotografías y vídeos en tu perfil para que otros usuarios puedan dar el dichoso ‘Me gusta’ o comentar y ganar en seguidores. Toda esta nube de likes, comentarios y followers, es una de las mayores culpables de esta fiebre adictiva de estar las 24 horas en línea. Esto es porque esta red, al basarse únicamente en imágenes, también se basa esencialmente en las apariencias.

En este punto es cuando emerge la figura de los instagramers o influencers: estos enseñan en su perfil fotografías de sus viajes, algunas fiestas a las que asisten, sus propias casas, y un largo etcétera que hace que mucha gente tenga la necesidad de compararse con ellos y querer emular su vida. Aquí es cuando distorsionan su realidad para aparentar ser quienes no son.

Pero no solo son los usuarios quienes aparentan, muchos instagramers fingen también tener una vida de ensueño. Como el caso de la influencer Amelia Lina, que ganó casi medio millón de seguidores y contratos de colaboración con varias marcas a base de colgar montajes y fotografías  manipuladas en Instagram de sus supuestos y falsos viajes.

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