La escuela els Àngels y su batalla por ponerse guapa

Crónica. Fiesta en el pati El colegio trata de paliar con recursos propios una falta de inversión que dura años. Ayer era día de estrenar juegos

NORIÁN MUÑOZ

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Los alumnos estrenaban ayer los nuevos juegos instalados en el patio gracias a la aportación del Ampa.  FOTO: ALBA MARINÉ

Los alumnos estrenaban ayer los nuevos juegos instalados en el patio gracias a la aportación del Ampa. FOTO: ALBA MARINÉ

Atenea tiene seis años y una sonrisa de oreja a oreja. Acaba de subirse a la estructura con tobogán que han instalado en el patio de la Escuela Els Àngels. Habitualmente en la hora del patio juega al ‘pilla-pilla’, pero dice que ahora tendrá otras opciones. «Lo he probado tres veces y me encanta», cuenta.

Parece un tema menor, pero la instalación de dos zonas de juegos en el patio de esta escuela del barrio de Torreforta es todo un acontecimiento. Las ha financiado el Ampa, igual que una zona con mesas de pícnic que se instalará próximamente.

Hasta ahora en el patio de primaria los niños solo tenían las consabidas canchas deportivas y una zona de tierra que, cuando llueve, se convierte en un lodazal y cuando está seca, está repleta de piedras y baches. Hace trece años que no se repone la arena.

Núria Díaz, jefa de estudios, cuenta que el claustro de profesores hizo una encuesta a los alumnos para ver qué echaban de menos en el patio. De esta lista de deseos (los que eran realizables) y de las necesidades que veían los docentes, se decidió que una buena manera de comenzar era colocar estas estructuras de juego. Algunos niños ayer las bautizaron como «las atracciones».

También se tuvo en cuenta que algunos alumnos pedían una zona para estar tranquilos o jugar juegos de mesa. Así fue como pensaron en colocar mesas y sillas.

En la escuela las profesoras de educación física ya realizan un proyecto dos días a la semana para que, durante la hora del patio no se juegue solo al fútbol. Llevan materiales para practicar otros deportes o juegos nuevos.

Una mano de pintura

A la vez que se instalaban las estructuras en el patio, ha comenzado a pintarse el salón de actos con recursos propios del centro, como recuerda Díaz: «ahorrando aquí y allá, comprando los materiales cuando hay ofertas...». Las maestras que pasan lo contemplan como si se tratara de una obra maestra de las remodelaciones. «Está quedando muy chulo» o «Esto ahora tiene otra cara», comentan a los pintores.

Y es que esta iniciativa, a la que han llamado ‘Els Àngels posa’t guapa’, no hace perder de vista que hay paredes en esta escuela que no han recibido una mano de pintura desde su construcción hace más de cuarenta años.

Recuerdan que hace unos años vino a pintar una brigada contratada por el Ayuntamiento y, como el presupuesto no daba para más, solo pintaron la mitad de las paredes de las aulas. Próximamente están previstos otros trabajos de pintura (también por parte del municipio) y esperan que esta vez «se queden a hacerlo bien».

Una de las grandes dificultades, reconoce Díaz, tiene que ver con la burocracia, porque si bien es cierto que ahora se tramita más fácilmente todo, cada vez que hay un desperfecto, la solución no es igual de rápida.

Ponen como ejemplo una taza de WC que no funciona desde hace un mes y medio. «Llevamos tres partes. Vienen, lo ven y se vuelven a ir», señala Víctor Pomerol, director de la escuela.

Otras intervenciones tampoco han sido afortunadas, como la renovación, por unos 13.000 euros, de los baños de la planta baja. La gran apuesta fue pintar las baldosas y ya se están descascarando. Mientras, el suelo gastado nunca parece limpio, las juntas de los inodoros pierden agua y, lo peor, se atacan con frecuencia.

En otras averías la solución es drástica. Cuando se estropea la cerradura de alguna puerta se retira «y ya está».

Una intervención general

Son apenas algunas muestras de que la escuela, que se construyó para dar cabida a los hijos de quienes venían a trabajar a las empresas químicas en los años setenta, necesita una intervención integral.

Hace cinco años, reconoce Díaz, se renovaron las persianas, pero los cerramientos siguen siendo los originales, por lo que el aislamiento térmico no es bueno. Tampoco hay ascensor, así que, si un alumno no puede subir por sus propios medios, tiene que ser llevado a hombros. Hace una década que lo reclaman en la taula mixta en la que participan el Departament d’Educació de la Generalitat y al Ayuntamiento.

Limpieza insuficiente

A lo antiguo de las instalaciones hay que sumar una limpieza insuficiente, a juicio de la escuela. Para esta tarea solo hay tres personas en un centro donde estudian 580 alumnos.

No se trata solo de que se acumule el polvo, sino de que la semana pasada, una clase tuvo que trasladarse hasta que limpiaran a fondo porque unos insectos habían proliferado y a los niños les picaba el cuerpo. Dieron con ellos cuando el jersey amarillo de una niña se tiñó de diminutos puntitos negros. «Nos dijeron que eran ácaros del polvo», explica Díaz. Antes hubo clases afectadas por piojos de las palomas y tuvieron que hacer un tratamiento.

Mientras, aquí nadie se resiste a pensar que las cosas pueden cambiar. «Estamos forjando el camino», dice Díaz.

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