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La estación de autobuses de Tarragona: lavabos cerrados y paneles informativos sin funcionar

Usuarios y conductores denuncian el mal estado de un equipamiento con más de treinta años de vida. La Generalitat tiene prevista una inversión pero sin fecha concretada

Carla Pomerol

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En los baños exteriores, ubicados en el andén, es habitual encontrarse gente durmiendo. Mientras que es habitual que los lavabos de los hombres estén fuera de servicio. FOTO: pere ferré / cedida

En los baños exteriores, ubicados en el andén, es habitual encontrarse gente durmiendo. Mientras que es habitual que los lavabos de los hombres estén fuera de servicio. FOTO: pere ferré / cedida

Lavabos cerrados o precintados. Esta es la imagen habitual de la estación de autobuses de Tarragona. Tanto usuarios como conductores denuncian la situación. Y no es la única queja que tienen. El panel electrónico del interior de la estación y también los del andén no funcionan. Es un equipamiento sucio y las colas para cargar bonos o comprar billetes son demasiado largas. Tomàs Riola, conductor de autobuses, asegura que «hay pocas estaciones tan mal cuidadas como la de Tarragona», y añade que «cuando llego aquí, sufro para encontrar un lavabo en condiciones más o menos dignas». La administración tiene prevista una inversión de casi dos millones de euros para renovar las estaciones de autobuses de Tarragona, Reus y Valls. En el caso de Tarragona, la reforma se centrará en los paneles informativos. 

Sin embargo, el problema más grave es el de los lavabos. El de los hombres está habitualmente precintado. «La gente es incívica por naturaleza. Por mucho que los empleados de la limpieza hagan su trabajo, siempre llega alguien que se encarga de ensuciarlo o directamente estropearlo», explica uno de los vigilantes de seguridad del recinto. En la planta baja de la estación hay unos baños reservados únicamente para los conductores. Éstos están más cuidados. «Pero tenemos que subir a buscar las llaves y esto nos quita tiempo de descanso», asegura David, un conductor. En el andén superior hay unos baños exteriores, pero lo cierto es que no apetece ni entrar.

Safi Ruiz es la responsable de la estación. Asegura que los empleados de la limpieza repasan los lavabos interiores hasta cinco veces al día. Los exteriores, que son como una especie de Poly Klyn fijos, reciben manguerazos tres veces por semana. «Hemos decidido que los de a fuera se cerrarán durante la noche, al menos en invierno. Hemos detectado que hay personas que se quedan a dormir dentro y prenden fuego», explica Ruiz, quien añade que «por aquí pasa mucha gente y hay quien utiliza los baños como si fueran los de su casa. Se limpian el pelo, y se duchan, entre otras cosas». 

El lavabo exterior para personas con problemas de movilidad reducida está siempre cerrado. Lucía Cano es usuaria de la estación de autobuses de Tarragona. Va en silla de ruedas y asegura que ir al baño se convierte en una pesadilla al llegar a la estación. Se ve obligada a desplazarse hasta el interior del equipamiento para buscar la llave del lavabo. La encargada del recinto, Safi Ruiz, justifica el cierre del baño asegurando que «hay una especie de mesa para cambiar el pañal a los bebés. Es un espacio muy goloso. Nos hemos encontrado que algunas personas lo aprovechan para mantener encuentros sexuales. Por eso decidimos cerrarlo». Ruiz relata que los empleados de la limpieza se han llegado a encontrar desde jerseyes hasta colillas en el interior de los wáters. «Las personas que limpian aquí se merecen un monumento», dice Ruiz.

Parte del panel informativo electrónico del interior de la estación no funciona, causando así cierta confusión entre los usuarios. FOTO: pere ferré

A la espera de la inversión
Otra de las deficiencias del equipamiento hace referencia a los paneles informativos, imprescindibles en una estación de autobuses como la de Tarragona. Algunos LED del panel central no funcionan correctamente y esto causa cierta confusión entre los usuarios. «Nos gustaría que todo fuera un poco más moderno e intuitivo. La suerte es que las chicas que trabajan en información son muy amables y te lo explican todo bien. Si fuera por el panel electrónico, ya hubiéramos perdido más de un autobús», explica Ginés Polo, vecino de El Morell.

La Generalitat –propietaria del equipamiento– trabaja en un proyecto de renovación de los sistemas de información. Se prevé cambiar el panel general electrónico y sustituirlo por lo que se llama un videowall: ocho monitores LED de grandes dimensiones. Se cambiarán también las pantallas de las salas interiores por monitores nuevos de tecnología LED y se desmontarán los carteles de las andanas, que están en desuso y en mal estado. Por último se renovará el letrero identificador del equipamiento. La previsión es invertir aproximadamente dos millones de euros en las mejoras de las estaciones de autobuses de Tarragona, Valls y Reus. «En mayo tuvimos una reunión con la Generalitat y nos dijeron que en diciembre se llevaría a cabo la sustitución del panel electrónico. Pero parece que ya se hará en el 2019», explica la responsable de la estación.

Quienes también se quejan son los usuarios del aparcamiento municipal ubicado debajo de la estación de autobuses. El problema es que el suelo de los andenes está en mal estado desde hace muchos años y, los días de lluvia, el agua se filtra hasta el párking, provocando destrozos en algunos de los coches.

Una de las preocupaciones más importantes por parte de los usuarios es la presencia de carteristas en las inmediaciones de la estación. Ruiz asegura que «ahora no es la época del año que más carteristas hay. En verano es una pasada». Aprovecha para reivindicar más presencia policial.

Un cobijo para los sintecho
La estación de autobuses de Tarragona se ha convertido en el albergue improvisado de parte de los sintecho que hay en la ciudad. Marina Velichkova es búlgara, pero vive en Tarragona desde hace dos años. «Lo que más me sorprende de esta estación es la cantidad de personas que viven en ella», asegura Velichkova. Finalmente, los usuarios denuncian el acceso de los autobuses en la estación. «Hay poco espacio para que los peatones podamos salir del andén. Los autobuses pasan muy cerca. Un día habrá una desgracia y, entonces, cambiarán el sistema», añade Velichkova.

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