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La estatua de August se muestra al descubierto

‘Histories Amagades’ toma a uno de los iconos de la ciudad como modelo de estudio

AGNÈS LLORENS

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La figura dedicada al emperador romano centró esta propuesta cultural.  FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

La figura dedicada al emperador romano centró esta propuesta cultural. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Es uno de las imágenes que muchos asociamos con de Tarragona y que está presente en muchos de los soportes turísticos y fotográficos que muestran los atractivos de la ciudad. La estatua dedicada al Emperador Augusto —una replica de la original de Prima Porta de Roma, que es un regalo que llegó a la ciudad en 1934— se ha erigido, con el paso de los años, en uno de los referentes de la ciudad. Su categoría de referente visual tarraconense obliga a examinar algunos de los elementos de interés, por lo que centró, ayer domingo, una nueva edición del ciclo Histories Amagades, una nueva propuesta cultural que, durante varios fine de semana,  propone un nuevo acercamiento a elementos clásicos del patrimonio tarraconense. 

En esta ocasión, el encargado de explicar todos los detalles de este elemento arquitectónico fue el historiador Lluís Balart, que se encargó de dar varios detalles a los asistentes de la ruta, que evidencian la importancia irónica de la estatua para Tarragona. De hecho —según se explicó durante la actividad— un regalo a la ciudad de los servicios de diplomacia de Mussolini, que llegó en 1934 como un regalo del consulado de Italia con el objetivo de acercarse al gobierno de la República de Cataluña. Como recogen los medios de la época —entre ellos el Diari de Tarragona— la efigie llegó a la ciudad a principios de agosto, cargada a bordo del barco italiano ‘Vedri’ y fue recibida con grandes honores por la sociedad de la época, entre ellos del alcalde de la ciudad, Pere Lloret. «Este obsequio también ocasionó la polémica a causa de su origen», explica Balart, que apunta que, dos años más tarde —en abril de 1936— se decidiría ubicarla en el mismo punto en el que se encuentra hoy en día.

En 1937 la efigie se escondió para evitar el ataque de la aviación italiana

De hecho, los asistentes que este domingo que se animaron a participar de la ruta pudieron comprobar que el lugar exacto del Passeig Arqueológic en el que se encuentra esta pieza de bronce se pensó originalmente para que la estatua pudiera ser contemplada desde lejos. En 1937. Con el estallido de la Guerra Civil la figura tuvo que volver a ser trasladada, para evitar que, paradójicamente, los bombarderos de la aviación italiana destruyeran el monumento, que se guardó a recaudo hasta que, en 1939, se volvió a colocar en el punto en el que los visitantes pueden observarla en detalle. 

«Tarraco fue el primer establecimiento de los romanos de la península Ibérica, por lo que, en su momento, se propone regalar la estatua para estrechar relaciones entre dos ideologías divergentes», detalla Balart, al mismo tiempo que añade que era costumbre del gobierno italiano de esta época de regalar reproducciones de este estilo a las ciudades que habían formado parte del imperio romano, como es también el caso de Zaragoza. «De hecho, la de Tarragona es una de las reproducciones de la original que cuenta con más calidad de bronce y también una de las que es más fidedigna al modelo original», explica el guía de la ruta. 

Los que deseen conocer más secretos que esconde el ciclo Histories Amagades tienen cita con el barrio de Bonavista, que será el protagonista de la nueva edición del 16 de diciembre. 
 

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