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La estrategia vecinal para dinamizar el Barri del Port: dar vida a las naves vacías

Xarxa de la Marina y la asociación de vecinos defienden la idea de dar valor y mantener el patrimonio industrial de la Part Baixa para poner fin a la degradación que sufre la zona

CARLA POMEROL

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Plano general del inmueble ubicado en el número 8 de la calle Santiyán. FOTO: PERE FERRÉ

Plano general del inmueble ubicado en el número 8 de la calle Santiyán. FOTO: PERE FERRÉ

«Un edificio hace barrio». Con esta máxima del arquitecto Ramon Corbella se puede resumir la estrategia que tienen entre manos los vecinos del Barri del Port para poner fin a la constante degradación que sufre la Part Baixa. La idea de la plataforma Xarxa de la Marina y de la Associació de Veïns del Barri del Port es mantener las estructuras de algunas de las naves y edificios vacíos y abandonados de la zona y darles un uso. «De esta manera, conseguiremos que se genere vida alrededor de estos equipamientos. Que la gente vuelva a querer vivir y abrir su negocio en el Barri del Port», explica el arquitecto y miembro de la Xarxa de la Marina, Ramon Corbella. A modo de ejemplo, la plataforma, que nació con la clara vocación de dinamizar la Part Baixa, propone al Ayuntamiento empezar con uno de los edificios más míticos del barrio: el antiguo cuartel de la Policía Nacional, ubicado en la calle Satiyán. En los últimos años, el Barri del Port ha sido víctima indiscutible de un deterioro sin precedentes. Bloques y fachadas en mal estado, comercios cerrados, solares abandonados, suciedad, falta de iluminación... Todo ello ha contribuido a que el barrio no sea un lugar agradable, pese a su inmejorable ubicación: cerca de la estación de trenes y a dos pasos de las playas.

«El espacio urbano es muy importante. Si está poco cuidado, no llama a que venga gente a vivir o a abrir su negocio», explica Corbella, quien añade que «muchos de los hijos de vecinos ni se plantean comprarse un piso aquí, se van a la periferia». Una de las características del Barri del Port es la gran cantidad de naves vacías que hay y que, en su día, estaban vinculadas a la actividad del puerto. «Los gobiernos que han pasado por el Ayuntamiento han procurado más por los barrios de la periferia y han dejado morir el casco antiguo. Y ahora estamos como estamos», dice la presidenta de la Associació de Veïns del Barri del Port, Carme Puig.

Con este panorama, hace dos años nacía un movimiento que pretendía buscar soluciones a los principales problemas del barrio. Se llama Xarxa de la Marina y defiende despertar lo que conocen como «edificios dormidos». Corbella asegura que si no se da un uso a estos inmuebles, «al final acaban destruyéndose, ocupándose o desapareciendo». Se refiere a dar valor al patrimonio del barrio y llenarlo de actividad para que genere movimiento. El local del antiguo gimnasio Nauta, las naves cercanas al parking de la Campana, la sede de la asociación de vecinos –lo que era un almacén de trigo–, entre otros, son algunas de las instalaciones candidatas para esta transformación.

Según la Xarxa de la Marina, de esta manera han tirado adelante barrios de la periferia de ciudades como Londres y Berlín, «donde se ha puesto en valor el patrimonio y se ha adaptado el uso al edificio y no al revés», explica Corbella. Sin ir más lejos, el barrio del Born sería un buen ejemplo de dignificación de una zona con una estrategia similar.

Para empezar, Santiyán

Para llevar toda esta teoría a la práctica, la Xarxa de la Marina ha presentado un proyecto para transformar el edificio número 8 de la calle Santiyán. Se trata de un inmueble construido en el siglo XIX y que es propiedad municipal. Desde hace años, el edificio está abandonado y lleno de suciedad. Los vecinos han denunciado en varias ocasiones ocupaciones ilegales. Primero fue una escuela y, después, pasó a ser el cuartel de la Policía Nacional, que cerró definitivamente en 1983. Desde entonces, el inmueble está sin uso.

Hace unos meses, vecinos del Barri del Port entraron en el edificio y pudieron constatar el buen estado de salud de la estructura. La entidad propone que se mantenga tal cual es y que no se derribe. «Que el Ayuntamiento empiece a invertir por la fachada, que tiene peligro de desprendimiento. Después, sería necesario repasar la cubierta y arreglar el patio. Que cada año se haga una pequeña inversión y, en cuestión de siete u ocho años, el edificio estará en condiciones», explica el arquitecto Ramon Corbella, quien sigue: «Después buscaremos formas para poner a punto el interior». La Xarxa propone, como idea, los contratos de masovería. «Es decir, una persona –o una compañía– se encarga de un espacio, de ponerlo bonito y de empezar un proyecto, como si de un vivero de empresas se tratase. A cambio, no paga el alquiler en unos años. Todos salimos ganando. Sobre todo el barrio», explica Corbella. Es un modelo ya inventado y que funciona en varias ciudades europeas.

Por su parte, desde la asociación de vecinos, su presidenta, Carme Puig, se suma a la petición y añade que «sería perfecto que algún espacio de este edificio pudiera se para los vecinos, teniendo en cuenta la falta de equipamientos municipales que tiene el barrio» Puig asegura que «este es el revulsivo que necesita la Part Baixa, para salir de esta espiral de degradación». Las ganas y la energía está asegurada en el Barri del Port, «ahora falta que las administraciones entiendan y apoyen nuestras iniciativas», acaba Puig.

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