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La falta de redes cerradas frena inversiones en la química de Tarragona

Esta reconfiguración de la red eléctrica, muy demandada por la AEQT y cuya llegada debe ser inminente, atraerá a empresas que ahora optan por instalarse en otros emplazamientos

Javier Díaz/Raúl Cosano

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La química tarraconense pelea por lograr redes cerradas. Foto: Pere Ferré

La química tarraconense pelea por lograr redes cerradas. Foto: Pere Ferré

La industria tarraconense espera como agua de mayo las llamadas redes cerradas, una suerte de tarifa plana eléctrica que debe permitir aumentar la competitividad y, sobre todo, atraer inversiones cuya llegada ahora se ve frenada por ese lastre, una desventaja con otros polos químicos. «Nos constan diversas inversiones, tanto de nuevas empresas como de otras que ya están instaladas en la zona, que, entre otras circunstancias, están fuertemente condicionadas a que se puedan implantar las redes cerradas», explica Rubén Folgado, presidente de la Comisión de Energía de Associació Empresarial Química de Tarragona (AEQT). La entidad no concreta cifras pero califica esas inversiones de «importantes», dada la magnitud de los polígonos.  

La reivindicación viene de lejos y es desde hace tiempo uno de los frentes de batalla de la industria. «La situación es complicada en la actualidad pero insostenible a largo plazo. El sector químico, ni en España ni en Tarragona se puede permitir continuar en esta situación de agravio comparativo. Están en juego la competitividad presente y la viabilidad futura de nuestros polígonos químicos. El retraso en más de diez años de la trasposición de una Directiva Europea nos coloca en situación de desventaja frente a los principales países industrializados de Europa con los que compiten las empresas químicas instaladas en nuestro territorio», sostiene Folgado. 

Más puestos de trabajo
Las consecuencias son palpables en el día a día e impactan de lleno, según el sector, en la economía local. Puestos de trabajo y, en último término, la propia salud económica de la industria están en juego. La falta de competitividad afecta en varias direcciones. «Con un coste de la energía considerablemente más caro que en otros países europeos, como Alemania, Holanda o Bélgica es muy difícil que lleguen nuevas inversiones: ni empresas nuevas se quieren instalar en nuestros polígonos si saben que les va a salir más caro operar, ni las empresas multinacionales que ya están aquí se plantearán, como es normal, ampliar su producción o traer aquí nuevas plantas. Y sabemos que hay empresas interesadas, pero entre otras cosas están pendientes de saber si hay redes cerradas o no», añade Folgado. 

La patronal cree que ya hay compañías pendientes de que se aplique esta medida y considera que en el futuro «serán más las inversiones que contemplarán Tarragona como posible destino».

«Sería una lástima que se perdieran –continúa Folgado desde la AEQT– simplemente porque nuestro territorio no es competitivo respecto a otros, no sólo de zonas como Asia u Oriente Medio donde no es posible competir en igualdad de condiciones, sino incluso de dentro de la propia UE». 

La reivindicación ha partido desde Tarragona, en buena parte, pero es un caballo de batalla de toda la industria química en España. «Con las redes cerradas nos jugamos mucha inversión. Puedes optar a un mejor coste eléctrico, tanto por la vía en que no tienes que pedir conexiones, que a veces son muy contadas en los polígonos, como por acumulación de consumos, porque tienes un precio más atractivo. Llevamos ocho años pidiéndolo y es mucho lo que está en juego», desgrana Juan Antonio Labat, director general de la Federación Empresarial de la Industria Química Española (Feique). 

La AEQT considera que «las redes cerradas son necesarias por una cuestión de mejora de costes, pero también de reducción de las inversiones en infraestructuras eléctricas y el tiempo de implantación, que son factores claves para la atracción de nuevas empresas en el territorio y supervivencia de las actuales. No implantarlas está suponiendo un obstáculo y un freno a todo ello».  

«Lastre competitivo»
Rubén Folgado habla de «lastre competitivo» en un contexto de mercados internacionalizados en los que «las decisiones de nuevas inversiones se toman a escala global, penaliza de forma decisiva a nuestro territorio». 

Para la patronal, no sólo están en juego las nuevas inversiones, sino que en los polígonos de Tarragona se sufre un mayor riesgo de deslocalización. «En el caso de la industria química integrada el efecto dominó que provocan las deslocalizaciones es muy severo», agrega Folgado.

Los cálculos de la AEQT indican que la implantación de esta infraestructura «no tendría impacto negativo sobre el sistema eléctrico», como asegura Juan Pedro Díaz, gerente: «La posible variación inicial en los ingresos se compensará rápidamente por un aumento del consumo, debido tanto a la puesta en marcha de las nuevas inversiones que llegarían, como también a previsibles incrementos en la producción, debido a que un coste energético más competitivo incentivaría a buen seguro a las multinacionales ya instaladas en nuestros polígonos a derivar más producción aquí».

A eso se añaden, según la estimación, nuevas inversiones que deberán traducirse en ingresos no sólo para el propio sistema eléctrico sino también «para las administraciones públicas a través de los impuestos directos e indirectos por la generación de nuevos empleos (IRPF, cotizaciones) y actividad económica (IVA, impuestos especiales)», añade Díaz, que culmina: «En definitiva, estamos hablando de más riqueza para el territorio». 

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