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La familia de un niño con discapacidad, harta de que no se respete su vado

Tienen una plaza privada para poder descargar la silla de ruedas, pero la encuentran ocupada por otros coches

Norián Muñoz

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La plaza se encuentra en el número 23 en la calle Soler, una calle de una única vía.  FOTO: pere ferré

La plaza se encuentra en el número 23 en la calle Soler, una calle de una única vía. FOTO: pere ferré

Francisco Hervas y su mujer, Mónica, están desesperados. Tienen un niño que va en silla de ruedas y han pagado por una plaza privada en la calle para poder aparcar frente a su casa, en la Calle Soler, que nadie respeta.

«Nos toca llamar a la grúa día a sí y día también», se lamenta Francisco, porque es raro el día en que no encuentra uno o dos coches aparcados en la plaza.

Se da además la circunstancia de que se trata de una calle estrecha, de un solo sentido, donde no hay siquiera sitio para esperar sin interrumpir la circulación

Relata que no hay distingo entre quienes aparcan en el lugar sin hacer caso del cartel vertical y del mensaje pintado en el pavimento donde se anuncia que es una plaza privada.

Aparcan lo mismo camiones y furgonetas de suministros que vehículos particulares y hasta uno de policía. Hervas enseña las fotos, también la del vehículo con un cartel de Policía Nacional en el interior.

«La excusa que nos dieron los agentes cuando llegaron fue que habían ido a llevar al hospital a un señor mayor que se encontraba mal, pero no lo entiendo, porque de aquí quedan a bastante distancia los dos hospitales de la ciudad».

La pareja ya está acostumbrada a tener que llamar a la Guàrdia Urbana cada vez que llegan a casa, pero se quejan de que en lugar de multar a los infractores la mayoría de las veces lo que hacen es llamar a los conductores para que se marchen.

En los casos en que llaman a la grúa, asegura, más de una vez persuaden a los conductores para que se vayan, «pero no los multan, y así ves como vuelven a repetir», apunta.

No obstante, en una consulta a la Guàrdia Urbana aseguraban no tener constancia de denuncias con esta plaza de aparcamiento.
Sin hora de llegar a casa

El problema es que cuando hay un solo adulto con el niño en el coche y no pueden acceder a la plaza no pueden desplegar la rampa del coche para sacar la silla de ruedas y hay que tener en cuenta, claro está, que el niño no se puede quedar desatendido.

«Imagine las ganas que tenemos todos de llegar a casa. Muchas veces es hora de cenar o hay que darle un medicamento al niño, hace frío y nos toca ir dando vueltas y esperando en la calle hasta que la plaza está vacía», dice.

Una de las cosas que este padre cree que puede influir en esta falta de respeto es el tamaño mismo de la plaza, en la cual caben dos turismos

«Y a veces la gente  piensa que con dejar sitio para un coche es suficiente, pero tenga en cuenta que mi coche, por sus características, ya mide unos cinco metros y medio, luego otros  tres metros para la rampa desplegada y además espacio suficiente para poder girar la silla de ruedas.

Que la plaza tenga esas dimensiones no es un capricho», explica. Lo peor es que, además de encontrarse coches continuamente, también han recibido una nota amenazante en la que les preguntan si creen que la calle es suya.

Hervas recuerda que por disponer de este tipo de plazas se paga al Ayuntamiento. Por hacer el trámite por primera vez hay que abonar unos 500 euros y después, anualmente, 144 euros.

Él sólo pide que se señalice de alguna forma más clara y que se ponga algún otro sistema para que quienes aparcan mal se percaten, «como por ejemplo un pitido» cuando la matrícula del coche no corresponde con la del que tiene derecho a la plaza privada.

La familia ya no sabe qué medidas tomar. El martes, sin ir más lejos, tuvieron que llamar de nuevo a la Guàrdia Urbana porque había dos coches en la plaza cuando llegaron por la noche. Mientras esperaban en doble fila en otra calle pudieron sacar al niño, pero cuando fueron a aparcar ya había un coche nuevo en el sitio y les tocó volver a llamar. «Y vuelta a empezar», dice.

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